miércoles, 2 de julio de 2008

La Ética Boschista.

El pensamiento del profesor Juan Bosch, toda su obra ensayística, sociológica, histórica, económica o política posterior al abandono definitivo de la ficción por el estudio de la realidad nacional, tiene que ver con la búsqueda de una ética del poder. Bosch, al igual que Joaquín Balaguer, estaba consciente de que los partidos políticos, no solamente dominicanos, sino latinoamericanos, están conformados por una pequeña burguesía frustrada, desencantada, que piensa que los problemas nacionales no tienen solución, y que utiliza los recursos del poder en provecho personal; pero Bosch y Balaguer recurrieron a este conocimiento con fines diferentes. Para Bosch, la conformación de un partido alternativo que reprimiera las apetencias de esa pequeña burguesía voraz e insaciable, y a la vez la concientización de la burguesía de que es la clase gobernante y que debe afrontar esta responsabilidad, eran necesidades perentorias. Influenciado por Hostos y su ideal de una ética laica y de una educación humanística, el pensamiento boschista se dirige en ese sentido: ¿cómo realizar un proyecto de nación con un pueblo semianalfabeto, incivilizado, cuyos políticos se lucran de forma desmedida, cuyos empresarios, como contrabandistas o mercaderes del siglo XIX, infringen las leyes para ganarse cinco centavos, sin darse cuenta de que su papel es constituir un estado de derecho que a ellos mismos les conviene en un sistema capitalista?.Las respuestas a estas interrogantes fueron, para él, primordialmente dos: Primero, formar un partido de cuadros incuestionables, incorruptibles, hasta tanto puedan crearse las leyes insoslayables que permitan la erradicación de la corrupción y la institucionalización del país, y segundo: educar al pueblo a través del conocimiento (por eso fundó un periódico, una revista, por eso escribió tantos libros sociológicos) para que se acerque a su propia historia y obtenga un criterio individual de por qué las cosas son como son, por qué somos así o por qué nos hemos convertido en lo que somos.El marco teórico de ese planteamiento no ha fracasado, puesto que aún no ha sido puesto en práctica; es decir, no ha pasado la prueba de la experimentación. Como nos dijo Nietzsche en uno de sus libros: Básicamente sólo hubo un cristiano y murió en la cruz. La única persona que podía poner en práctica la enorme empresa de organizar al país a través de la intransigencia y la intolerancia ante la corrupción, era Juan Bosch, porque su personalidad también era un poco así: recta, intransigente, psicorígida. La corrupción se combate diciendo: nadie más se va a corromper, porque el que lo haga y sea descubierto va a terminar en la cárcel. Pero primero hay que pensar en ello, luego hay que pregonarlo, ponerlo en práctica, al final hay que estar dispuesto a afrontar las consecuencias políticas.Cuando se dice que la corrupción no debe ser permitida, se habla siempre de un componente de ingenuidad en ese planteamiento, disparatado al parecer. Cuando se dice que el desorden puede ser resuelto, que no debe permitirse la violación de los derechos humanos y, a la vez, terminar con la delincuencia común y la violencia. Cualquier solución que nos organice, es una ingenuidad, una inocentada. El pensamiento boschista, dirigido hacia una ética del poder posible de acuerdo a las circunstancias históricas, sociales y políticas de nuestro país, tiene que ver, también, con las capacidades artísticas del gran escritor que fue don Juan: como un autor europeo del siglo XIX (un gótico inglés, posiblemente), estaba convencido de que hay cosas que se pueden hacer, y cosas que no se pueden hacer; que todo tiene un límite.Que el estado se deteriora cuando se permite una mínima fisura del sistema (notemos hoy día lo que sucede con Estados Unidos). Chautebriand escribía, más o menos, en la Francia posterior a la revolución francesa: los políticos piensan que pueden hacer cualquier cosa, y que sus actos no afectan al resto de la sociedad. Un político latinoamericano piensa, como buen pequeño burgués que busca lucrarse rápidamente, que puede ascender socialmente a través de la política, desdeñando toda ética, toda moralidad, traspasando todos los límites, y que eso no afecta a las demás instituciones sociales; lo patético precisamente es que los políticos dominicanos saben que sus acciones afectan el cuerpo social, y no les importa. Les da lo mismo, se corrompen de todas maneras.Las sociedades y los sistemas de gobierno los hacen las personas, no se construyen solos ni aparecen de la nada; qué vacío ha dejado una persona como don Juan, a quien el pueblo dominicano le negó repetidamente la oportunidad de volver a ser presidente.