domingo, 1 de marzo de 2009

ENTREVISTA DE INGRID GONZÁLEZ A MÁXIMO VEGA PARA EL PERIÓDICO LA INFORMACIÓN.

Parte A:

1.- Una opinión sobre la importancia del patrimonio cultural en la República Dominicana.

Mucha gente no se da cuenta de la importancia de preservar el pasado. Cuando uno siente que un pasado le pertenece, que uno tiene una raíz, que hay una identidad que se debe preservar, uno se siente mejor consigo mismo, se siente parte de una patria. Preservar el patrimonio cultural significa preservar ese pasado, que nos demos cuenta de que pertenecemos a algo que nos identifica a todos. La culpa del deterioro de ese patrimonio cultural la tienen algunos empresarios, que por ganarse unos centavos destruyen lo que no es mercadeable, lo que no deja beneficios económicos, y el estado, que debe ponerle límites a esos empresarios que quieren destruir el pasado por el bien de lo más superfluo del mundo: el dinero. V. S. Naipaul, el escritor Premio Nobel de Literatura, menciona algo muy interesante: algunas personas sólo se sienten ricas si todos a su alrededor van en harapos.

2.- Importancia del rol de las instituciones culturales en Santiago.

Son importantes porque incentivan y promueven las actividades culturales, sobre todo las artísticas. Me parece que se debería trabajar más de cerca con la Secretaría de Estado de Educación, porque en las escuelas es que está la formación, que es lo que se necesita en este país.

3.- Importancia de la difusión de la literatura en el mundo de hoy.

Yo escribí una vez un ensayo en el que decía que, tal vez, llegue un momento en el que un escritor se dedique a preservar, como en una logia o una secta, las bibliotecas a las que poca gente acude. Que, como todos los demás estarán atareados en sus computadoras, en sus agendas personales, en sus celulares o en cualquier otro aparato que logre inventar el capitalismo, los escritores serán los dedicados a preservar la sabiduría a través de los libros impresos. Hoy día, un escritor tiene necesariamente que ocuparse de los temas fundamentales de nuestro tiempo, porque la muchedumbre no le pertenece al escritor: la masa le pertenece al mercado y a la materia. El cine, la televisión, se encargan de entretenernos, entonces los libros deberían ponernos a pensar.

4.- ¿Qué sientes al haber obtenido el premio Funglode?

Me siento muy satisfecho. Pero siempre he sido muy crítico con los concursos, que a veces aciertan, a veces no, y me parece que nuestra literatura es demasiado dependiente de los concursos. Lo que debería pensarse es si un libro es bueno o no es bueno, independientemente de que haya ganado tal o cual concurso. Hay gente que alaba un libro o un escritor porque ha ganado varios concursos, sin detenerse a leerlo y analizar si lo que ha leído vale la pena o no.

Parte B

Máximo Vega muy personal.

a. Libros favoritos.

Son muchos. Demasiados. Libros que me han hecho feliz: “Crimen y Castigo”, por ejemplo; “Cien Años de Soledad”, “Bestiario”. El “David: Biografía de un Rey” de Bosch, que es un libro que me gusta mucho, un clásico poco ponderado; “El Siglo de las Luces”, “La Muerte de Iván Ilich”, “La Invención de Morel”, “Luz de Agosto”, de Faulkner, una genialidad. “La Odisea” de Homero; me gusta La Odisea más que “La Ilíada”, porque es un libro de viajes, y mis libros siempre hablan sobre un viaje. “El Audaz Navegante y Otras Historias”, que es una antología de cuentos de Joao Guimaraes Rosa, “La Hora de la Estrella”, de Clarice Lispector. “El Pozo”, de Onetti, “El Asno de Oro” de Plinio Apuleyo, la “Rayuela” de Cortázar, la “Obra Completa” de César Vallejo, “Hay un País en el Mundo” de Pedro Mir, las “Meditaciones” de Marco Aurelio, “Otras Inquisiciones” de Borges, me gusta más el Borges ensayista. Me gusta mucho el último libro de poesía de José Acosta: “El Evangelio Según la Muerte”… y paro aquí, porque si continúo voy a llenar cien páginas.

b. Comidas favoritas.

Cualquier comida dominicana. Que sea bien simple, y bien dominicana.

c. Lugares en Santiago que calan en tu imaginación para escribir tus novelas y cuentos.

Todo lo que escribo transcurre en Santiago. Siempre me han parecido curiosos, por ejemplo, los cañoncitos de la guerra de independencia que hay en algunas esquinas de la ciudad; en la calle España con Máximo Gómez, por ejemplo, frente al local de La Sirena. Me gusta el aspecto viejo de la ciudad, lo que la gente llama “Centro Histórico”; me parece que el Ayuntamiento debería dedicarse a desarrabalizar algunas calles, como la peatonal General Cabrera, que se ha convertido en un desastre y que el Ayuntamiento no hace nada para corregir eso. Ya perdimos parte de Pueblo Nuevo por el mismo desastre, por ejemplo; el Ayuntamiento no hace nada. Pero, como yo casi siempre he vivido en los barrios de Santiago, también me gusta el aspecto caótico de esos barrios: los barracones, por ejemplo, porque cuando era pequeño recorría los escalones de tierra y los callejones y las lagunas y los arroyos sin saber adonde iba, imaginándome castillos y paisajes nuevos y lugares extraños. El estado no se da cuenta de que la solución a los problemas de esa gente no está en homogeneizar sus barrios, sino en mejorarlos sin que pierdan su identidad, sin que dejen de ser santiagueros. Pero el estado no entiende: quiere que vivamos como en España o en Estados Unidos. Y la gente quiere vivir en la República Dominicana, solo que mejor. También recuerdo los cines de Santiago, porque me gustaba mucho el cine: el Cine Lama, el Colón (con el bar Colón al lado, que lamentablemente desapareció), el Cine Doble, y los cines de barrio: el Cine Central, el Cine Las Colinas, el Ideal y el Jardín. Todo eso ya ha desaparecido.

d. Época del año que más te gusta.

No me he detenido nunca a pensar en eso. Como en este país todas las épocas del año se parecen, no puedo decir que tenga una favorita.

e. Un recuerdo de la infancia inolvidable.

Recuerdo que, en las mañanas, mi abuela me hacía un ponche de huevos con un molenillo de esos antiguos, porque en esa época casi nadie usaba licuadora eléctrica. Me llevaba a esperar la guagua de la escuela muy temprano, con una gorra en la cabeza y un abrigo, porque en las mañanas, antes, había mucha neblina y hacía frío. Esperábamos la guagua del colegio en una bomba de gasolina que tenía un muñeco inmenso de gomas Michelín encima del techo, y los compañeros de la guagua me decían Michelín, y después en la escuela todo el mundo me decía Michelín. Esa clase de recuerdos los transcribí en “El Mar”, la novela que ganó en Funglode.

f. La sensibilidad del escritor está en apertura las 24 horas del día. ¿Qué hechos o emociones te han inspirado algún cuento?

Siempre me ha movido lo que considero injusto, lo que está mal. A veces, lo que yo creo que está mal la mayoría de la gente de este país, que es mi país, no lo considera “malo”. Me mueve mucho la discriminación, por ejemplo, y el hecho de que la gente discrimina sin pensarlo, sin darse cuenta. V. S. Naipaul, a quien menciono mucho porque lo estoy leyendo, dice en uno de sus libros que mucha gente en la isla de Trinidad discriminaba a los hindúes, que vivían en condiciones terribles, y nadie se detenía a pensar que eso estaba mal, que no se debía hacer eso: la gente optaba por lo más sencillo y dejaba las cosas como estaban. En este país hay gente que se muere de hambre, y gente con muchísimo dinero a la que no le interesa si hay gente que se muere de hambre, es decir, que no se siente responsable de eso. La principal culpa es del estado, que no encuentra vías para solucionar esa tremenda desigualdad social, que se mueve en el limbo de resolver los problemas mientras vayan llegando. La discriminación racial, la discriminación debida a la preferencia sexual, la xenofobia. Pero la discriminación a un nivel filosófico: el hecho de que algunas personas se consideren superioras a otras, o que no se den cuenta de que todos los seres humanos son iguales. Es decir, gente que se considera, debido a razones culturales, existenciales, raciales o económicas, por encima de las demás, y se cree con el derecho a juzgarlas o a someterlas. Esas son las cosas que me mueven, sólo que a un nivel atemporal y existencial.

g. ¿Qué observaciones puedes hacer a las personas que desean dedicarse a escribir y a hacer literatura?

Que lean mucho. Lo fundamental es leer, conocer el lenguaje, aprender a pensar. Tener curiosidad por todo. Y aprender a expresarse: decir lo que uno quiere decir, tener la libertad de decir lo que uno quiera, aunque todo el mundo te diga que estás equivocado. No tiene gracia escribir lo que otros quieran que escribas: escribe lo que tú quieras decir. Y leer, por el placer de la lectura, enamorarse de los libros.

h. Un enfoque de la literatura en el mundo de hoy.

La literatura debe enfocarse en los problemas fundamentales de nuestro mundo. Debe tratar de sacarse de encima el estigma del entretenimiento. Un libro, un objeto que nos parece tan antiguo hoy día, un objeto tan anacrónico, debe llevarnos a pensar, a analizar el mundo. Simone de Beauvoir dijo una vez: El escritor no debe prometer un futuro feliz sino pintar al mundo tal cual es, para suscitar la voluntad de cambiarlo. Esas palabras parecen viejas, porque ya casi nadie quiere cambiar el mundo; bueno, para eso están los escritores. Toda la sabiduría se encuentra en los libros; toda la crítica, toda la voluntad de cambio. Y no hay nada más terco que un escritor. Si para algo debe servir la literatura de hoy, es para alertar: acerca de nuestra propia naturaleza, acerca de la injusticia, acerca del bien y el mal, acerca del lenguaje. Una revolución en la forma, en el lenguaje, también es una forma de cambio: la función del escritor es metafísica. La literatura debe tratar de cambiarlo todo, aunque el cambio sea imposible.