lunes, 13 de abril de 2009

Marcio Veloz Maggiolo en España.

“El que renuncia a sus tradiciones y no hace el esfuerzo por capacitar a su pueblo, compromete el futuro. Hay que decirle a la gente de dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde vamos.”
Estas palabras, dichas en Santiago de Cuba, explican en buena medida por qué, además de justificar su presencia en esa urbe oriental para recibir el Premio Honorífico de narrativa José María Arguedas que le concediera en 2006 la Casa de las Américas y responder al convite a República Dominicana como País Invitado de Honor de la Fiesta del Fuego, Marcio Veloz Maggiolo apostó por un cónclave en el que los fulgores de la creación se hacen acompañar por reflexiones imprescindibles.
Veloz Maggiolo es hoy por hoy una de las figuras cimeras de las letras dominicanas, lo cual le fue reconocido al otorgársele en 1996 el Premio Nacional de Literatura por el conjunto de su obra.
Entre sus libros se cuentan La vida no tiene nombre (novela, 1965), Los ángeles de hueso (novela, 1967), Cultura, teatro y relatos en Santo Domingo (ensayo, 1972), De abril en adelante (novela, 1975), Medioambiente y adaptación humana en la prehistoria de Santo Domingo (1976), Apearse de la máscara (poesía, 1986), Intus (poesía, 1980), La biografía difusa de Sombra Castañeda (novela, 1982) Cuentos, recuentos y casicuentos (1986), Materia prima (protonovela) (novela, 1988), El hombre del acordeón (2003).
Como se observa, sus intereses literarios son varios y alcanzan tanto el campo de la ficción como el del pensamiento, esto último vinculado a su formación como antropólogo. Fue fundador del Departamento de Investigaciones Científicas del Museo del Hombre Dominicano y ha ocupado diversas cátedras universitarias en su país.
La novela que le hizo merecer el José María Arguedas, La mosca soldado, publicada dos años atrás del veredicto, resultó valorada, según consta en el acta del jurado, “por recuperar el universo del Caribe desde una perspectiva en que se funden la realidad y los mitos, la antropología y la investigación policial, ciertos vestigios de las culturas precolombinas y la tensión que establecen con el mundo de hoy”.
Antes, en un ejercicio sorprendente por parte de los 12 grupos editoriales que dominan el mercado español, La mosca soldado había sido seleccionada entre los mejores libros publicados en 2004 en lengua castellana, junto a 2666, del chileno Roberto Bolaño; Memoria de mis putas tristes, del colombiano Gabriel García Márquez; Castillos de cartón de la española Almudena Grandes; y Al morir Don Quijote, del también español Andrés Trapiello.
Al reflexionar sobre el éxito de su novela, Veloz Maggiolo le confesó a un colega cubano: “Creo que es una obra hecha con mucha calma; es una novela de un largo trabajo, en la cual cuidé notablemente la prosa. Creo que además del argumento, que es un rescate del pasado, de dos personajes que hablan del pasado y comienzan a rescatar momentos que la gente no creía, está hecha dentro de un ámbito de la poesía. Siempre he pensado que la novela y la poesía van de la mano. No quiere decir que eso tenga que ser obligatorio, pero el que tiene la capacidad o puede hacerlo, alcanza un público más sensible. Hay un público que va al argumento seco, sin ornamentación, pero hay el que va a una narrativa del sueño, en el que la metáfora es fundamental”.
Sin embargo, nada de eso incita la vanidad en este escritor, que más que en su obra personal, cree en la necesidad de establecer fluidos vasos comunicantes entre los países del área, de modo que las más valiosas producciones intelectuales se socialicen y contribuyan a dar sentido a las aspiraciones populares.
En tal sentido, centrándose en la problemática literaria, ha dicho: “No podemos consumirnos en nuestra propia salsa. Llegar a los mercados es lo más difícil. Siempre he dicho que hay cosas muy buenas en todas partes que si no llegan a los mercados nadie las conoce. Entonces, lo que nos pasa es que, lo dije en un poema, no tenemos trampolín. En estos momentos alguien puede estar dando un discurso fabuloso, tan importante como el discurso de Judas, y nadie sabe que lo está diciendo. El mercado no se rige por la estética. Eso es un problema serio. Frecuentemente se descubre a un escritor que tenía obras muy importantes y que nadie conocía. Yo creo que hay que hacer una gran editorial latinoamericana, por encima de las editoriales comerciales”.
En Santiago, Veloz Maggiolo ha sabido de los pasos iniciales del Fondo Cultural de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) y confía que más temprano que tarde iniciativas como esta favorezcan la circulación de la imaginación y el pensamiento latinoamericanos y caribeños.
“Estamos viviendo un momento muy especial en la región, con nuevos actores emergentes y mayor conciencia sobre las urgencias de la integración. Todo esto debe hacerse sin negociar ni un ápice nuestros auténticos perfiles culturales. En ello soy optimista.”

Tomado de www.casadeamerica.es