domingo, 6 de septiembre de 2009

En el libro “Cuentos Inolvidables Según Julio Cortázar¨, una recopilación de algunos de los cuentos que influenciaron la obra del escritor argentino, de acuerdo a sus propias referencias en sus ensayos y conferencias, se puede leer este cuento. En el libro se consigna además que Cortázar admiró a Hernández no solamente por este trabajo, sino también (lo hemos corroborado sin mucha dificultad) por los cuentos “Las Hortensias”, “Nadie Encendía las Lámparas”, y, en sentido general, por toda su obra. Sin embargo, la admiración desmedida de Cortázar, y otros escritores latinoamericanos importantes, por los cuentos de Hernández, no bastó para que su obra adquiriese seguidores, permaneciera en la memoria de los lectores.
Felisberto Hernández era uruguayo. Nació en 1902 y murió en 1963. “La Casa Inundada” narra la historia de amor entre un escritor pobre (no sabemos si un alter ego del autor, aunque, debido a su atracción por la autobiografía, nos imaginamos que sí), y una mujer rica, obesa, excéntrica y medio loca. Es un cuento de tema fantástico: la historia transcurre en una casa que la propietaria, la mujer obesa y medio loca, hace inundar, de modo que sus habitantes la recorren (debe ser, dicho sea de paso, una propiedad enorme, inmensa) en botes, y los pasillos y las salas, los patios y las habitaciones son realmente pequeños ríos y pequeños lagos. Los pormenores de la vida cotidiana en una casa tan particular son tan importantes como la relación entre el escritor y la dueña. Es evidente que este cuento ha influenciado la obra de Cortázar, puesto que la idea de una presencia extraña que se adueña de una casa y esclaviza a sus habitantes (en este caso, por supuesto, esta presencia es el agua), se encuentra en “Casa Tomada” y en “Bestiario”, ambos del primer libro de cuentos de Julio Cortázar.
Lo que posiblemente asombró a Cortázar de este cuento, más allá de la idea original de una casa llena de agua, lo cual es insólito y novedoso, es la impavidez y la serenidad con que se encuentra narrado. A pesar del gusto reiterado de Hernández por la farsa y el humor, está contado como si no estuviese pasando nada extraordinario. El propio autor intenta convencernos de que el hecho de que la casa se encuentre inundada es simplemente una excentricidad de la dueña, informándonos que el arquitecto “también inundó otra para un árabe que quería desquitarse de la sequía del desierto”. La forma en la que los sirvientes y la dueña realizan sus actividades cotidianas es irrefutable (los muebles flotan montados sobre tubos de neumáticos; cada cierta distancia hay sapos de cerámica para atar los botes; hay filtrantes, motores que permiten que el agua fluya, etc.), pero me parece del todo inútil. Voy a explicar el porqué. En su ensayo “Explicación Falsa de mis Cuentos”, Felisberto Hernández escribió: “En un momento dado pienso que en un rincón de mí nacerá una planta”, pero la lógica en “La Casa Inundada” es demasiado importante, al igual que la racionalidad y la sensatez, y no encontramos en todo el cuento una frase tan feliz y surrealista como ésta. La idea primordial de una casa llena de agua, y cómo transcurriría la vida cotidiana en una propiedad así, es interesante, pero, si lo pensamos bien, trasciende realmente, luego de tanto tiempo transcurrido, por la influencia y la admiración que ha tenido sobre escritores como Julio Cortázar: una presencia malsana, diabólica, pero inexplicable, se adueña de una casa (lo que no sucede en “La Casa Inundada”, en la cual la presencia del agua es más o menos anodina, aunque la dueña manifieste una extraña obsesión hacia el líquido), sometiendo a sus habitantes al encierro y la servidumbre, como sucede en “Casa Tomada”, o la aparición del todo insólita del tigre de “Bestiario”, que recorre los cuartos obligando a sus habitantes a abandonarlos, cuya presencia peligrosa empieza siendo excentricidad para la familia esclavizada, pero al final se convierte en tormento y tragedia. Es posible que la interpretación del cuento de Felisberto Hernández haya estado por encima de lo que su obra en sí nos ha dado (a no ser, claro está, rareza e individualidad, algo que atrae a tanta gente hoy día), como sucedía constantemente con las obras admiradas por Jorge Luis Borges.
Los cuentos de Hernández son extraños, sus ideas originales, pero algo les falta. Un lector como el autor de “Bestiario”, de tanta imaginación y generosidad, ha elevado “La Casa Inundada” a un sitial en el que se encuentran los posteriores cuentos de Julio Cortázar, no los de Felisberto Hernández.

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