lunes, 16 de mayo de 2011

Saturnario


“Saturnario” es un libro compuesto por 14 cuentos, desiguales en su extensión, puesto que algunos son sumamente largos, y otros muy cortos, de apenas una o dos páginas. Cuando se me pidió que fuera jurado del concurso Letras de Ultramar, organizado por el Comisionado de Cultura Dominicana de la ciudad de New York, dirigidido a escritores que viven fuera del país, se me presentó al mismo tiempo, inevitablemente, la oportunidad de premiar este libro de cuentos, al principio anónimo, puesto que los jurados no conocíamos la identidad de los autores. Sólo al final supimos que el libro premiado era del escritor Rey Andújar, a quien conocí hace ya algunos años en Santiago, cuando fue a poner a circular su novela “Candela”, publicada por la editorial Alfaguara. Este libro cuenta entonces con dos características especiales: el hecho de ser un volumen premiado, primero, y el hecho de ser un libro que representa de alguna manera la literatura de la diáspora, es decir, la literatura escrita por dominicanos fuera de la R. D.; y al mismo tiempo la literatura escrita por jóvenes dominicanos. Y me parece, claro está, que Rey Andújar representa fielmente ambas condiciones, por lo que podemos leer lo que él escribe, en este caso este libro de cuentos, tratando de responder además las preguntas acerca de cómo narra la diáspora dominicana y los jóvenes escritores dominicanos, cuáles temas les interesan y a cuáles tendencias se adhieren.

Saturnario es un libro fácil. Su mayor preocupación es contarnos las historias, su mayor preocupación es narrar. Una de sus características: introduce elementos de la cultura pop en su narración: trozos de canciones de rock en español, por ej., del compositor Andrés Calamaro, o en inglés del fallecido cantante Jhonny Cash, etc. Al mismo tiempo, introduce palabras y frases comunes en otras lenguas, sobre todo en el idioma inglés, sin avergozarse de ello, sospechando de la complicidad del lector en esta lectura bilingue. Al contrario de lo que podríamos pensar en un escritor alejado de su país de origen, sus narraciones son cada vez más universales, e incluso transcurren muchas veces en el lugar de adopción del escritor, con personajes no dominicanos: recordemos que el boom latinoamericano, que se desarrolló mayormente con escritores que hicieron vida literaria fuera de sus países de origen, sobre todo en Europa, admitía que, debido a la lejanía de sus respectivas culturas, profundizó aún más en un lenguaje particular, en una cultura particular, produciendo un tipo de literatura puramente latinoamericana. La excepción más notable a esa tendencia del boom fue Julio Cortázar, y me parece que por ahí se muestra la verdadera tendencia de Rey Andújar, y en sentido general de la mayoría de los escritores dominicanos, jóvenes o no, en el sentido no de la influencia de Cortázar en su obra, puesto que Borges, o Cortázar, o Bioy Casares, incluso el mismo Sábato o escritores argentinos no tan conocidos como Eduardo Mallea, construyeron sus narraciones a partir de una ausencia de identidad, y al mismo tiempo estos cuentos de Saturnario se muestran con una universalidad y una aceptación tal de otras culturas, que muestran esa ausencia de patria cultural, ese mestizaje, ese sincretismo, esa búsqueda de una tradición, que es tan propio de los dominicanos, puesto que nuestro país debe ser la nación con más mestizaje del mundo entero. Las historias son contemporáneas, radicalmente urbanas, actuales, con personajes que pueden ser holandeses, puertorriqueños, norteamericanos o dominicanos. El ámbito en el que se mueven las historias es la clase media, y si nos detenemos en un problema estrictamente literario, su estilo es neutral, lo cual es sumamente interesante puesto que significa un cambio en la forma de escribir del autor. En los cuentos que hemos podido leer de Andújar, y en su novela “Candela”, el autor tiene un lenguaje crudo, directo, a veces un poco hardcore, mencionando las cosas sin ambages. En este libro de cuentos, Rey cambia un poco ese estilo, y le interesan las historias menos sórdidas, más ligadas a la rutina, el sin sentido y la banalidad que mueve a la clase media en cualquier parte del mundo. Si en el cuento “Monociclo” se menciona la canción “Smells like Teen Spirit, la versión de The Bad Plus”, con esas mismas palabras, en el mismo cuento se nos menciona también a Glenn Gould y a Fernando Villalona: una mezcla que sólo puede fabricar un conocedor, alguien capaz de sorprenderse con ambos tipos de música. Se mencionan filmes norteamericanos, algunos cuentos tienen títulos en inglés como “Reflex”, “Locked”, “Caine”, etc., pero además hay un cuento titulado “Merengue”. Y esto constituye una diferencia notable entre otros escritores caribeños más o menos de su generación que han emigrado de sus respectivos países, como la escritora haitiana Edwige Danticat, por ejemplo, que emigró a los 12 años a los Estados Unidos, y que escribe en inglés, cuyas narraciones están construidas a partir de una furiosa identidad nacional. Pero Saturnario comparte esta característica con casi todos los escritores que viven fuera de nuestro país que participaron en este concurso, que al parecer representa una tendencia de este tipo de literatura que no muestra un desarraigo, sino cierta felicidad en el nomadismo, la búsqueda y la incorporación de las culturas de los países de adopción.

Yo personalmente recomendaría el primer cuento del libro, “Gangrena”, que es el que atrapa en primera instancia al lector, o el cuento “Merengue”. Como se puede apreciar a través de los títulos, la tendencia del autor es a mezclar su propia cultura con referencias a otras culturas, sobre todo la cultura norteamericana, y esto enriquece la narración, puesto que debemos recordar que la literatura está compuesta por palabras, por lenguaje. Sus cuentos se encuentran sumamente influenciados por una cultura audiovisual, tecnológica, de manera que la mayoría se encuentran estructurados como thrillers cinematográficos, como filmes de misterio o historias que pretenden una finalidad visual. Rey dejó para el final el cuento “Mierdópolis”, quizás porque no confiaba plenamente en que el jurado podría premiar un cuento con ese título. Por suerte, todo el libro ha merecido este reconocimiento y esta proyección.

Este libro viene precedido por la justa obtención de este galardón de carácter internacional –aunque realmente no debería decirlo yo, porque fui uno de los jurados, pero seamos osados-, y yo lo he acogido y lo recomiendo encarecidamente a los lectores, con los auspicios que su autor, y este libro de cuentos, se merecen con creces.

Máximo Vega.


foto: Sally Mann