jueves, 1 de noviembre de 2012

Entrevista a Máximo Vega


Por Arelis Albino

1-En tu primera novela, “Juguete de Madera”, en la cual la inocencia de una niña es robada por un adulto, y como expresa el escritor Fernando Cabrera en el postfacio de este libro titulado: “Mirada oblicua sobre un Juguete de Madera”: ¨Un gesto de ternura puede convertirse por encima de su abolengo de inocencia, en la mayor y terrible expresión de crueldad¨.  A pesar de tú tener una corta edad cuando la escribiste, ¿estabas consciente de lo que hacías, es decir, tenías conocimiento sobre la  técnica narrativa y la escritura?   
Claro que sí. Y no solamente porque a una corta edad ya yo estaba consciente de eso, sino porque no la publiqué muy joven. Cuando la publiqué, le hice correcciones, traté de que se imprimiera lo mejor posible. Fernando Cabrera fue muy generoso conmigo en ese escrito.

2-Les das movimiento a las escenas como si fuera en el cine, aspecto que mantiene atento al lector. Cambias muy rápido de narrador, en un momento lo hace la niña y hay uno general, ¿quién narra la historia?
Hay un narrador en tercera persona. A veces el narrador se mete en la historia, como si fuera testigo de los hechos, pero eso es un juego, no tiene importancia para la narración. Quizás sea un defecto de juventud.

3-Muestras preocupación social en esta novela, cuando todavía no estaba tan desarrollada en la sociedad la violencia intrafamiliar, pero, ¿es suficiente motivo para que una niña de esta edad abandone sus padres y motivada, en principio, por un juguete y luego por una cadenita, acompañado del deseo de conocer la ciudad, no querer regresar con sus padres?
Claro que sí. En la novela se consigna que ella quiere volver, quizás esa misma noche. No vuelve porque se encuentra con Aquiles, y su vida da un vuelco, no es la misma persona. Pero para que veas, nunca pensé en eso cuando escribí la novelita. Nunca. Ni en violencia intrafamiliar, ni en preocupaciones sociales. Mi interés principal era contar una historia, y contarla lo mejor posible. Tenía esa historia en la cabeza, que es la de una niña que se escapa de su casa porque sus padres la maltratan, y que se encuentra en el camino con un hombre que la pervierte. Esa es toda la historia de la novela, si lo pensamos bien. Esa niña es la personificación de la inocencia pura, una inocencia que se corrompe. Pero mi interés siempre fue estrictamente literario.

4-¿Cuáles nuevos elementos está introduciendo la narrativa actual?
No sé realmente cuáles aspectos tiene la narrativa actual que son diferentes a la narrativa que no es actual. Ahora, te puedo decir varias cosas que a mí me preocupan como escritor, y tal vez eso pueda responder la pregunta. Por ejemplo, ya el escritor no se preocupa tanto por la estructura de la narración, sino que quiere contar una historia, y ya. Pretende reflexionar dentro de esa historia, introducir elementos de otros géneros en la narración, como por ejemplo elementos del ensayo y la poesía. En mi caso, trato de interesar al lector en la lectura, un aspecto que Umberto Eco dice que es posmoderno, y, como la fama en este país es tan esquiva, mucho más para un escritor, muchísimo más para un escritor de Santiago, trato de ser completamente sincero y escribir solamente las cosas que yo quiero decir. Pero todo eso sale de forma inconsciente, yo no pienso mucho en eso cuando estoy escribiendo.

5-¿En cuáles aspectos se diferencia “Juguete de Madera” de la novela “Ana y los Demás”?
Juguete de Madera transcurre en un ambiente rural, incluso en un paisaje imaginario rural, puesto que los protagonistas se pasan todo un día montados en una camioneta y nunca salen del lugar en el que están, y nunca llegan a ningún lado. Ana y los Demás es una novela urbana, con un lenguaje a veces crudo, a veces obsceno. Ana y los Demás es una novelita que me gusta mucho por el lenguaje. No creo que sea una obra completamente lograda, pero me parece que tiene pasajes de una intensa emoción, que era la que yo sentía cuando la escribí, y que esos pasajes pueden salvar un poco el resto de la narración. Ahora yo leo algunos pasajes de ella, y me digo: Dios mío, pero yo escribía bien en esa época. Juguete de Madera, quizás por su brevedad, es una obra más redonda, pero al mismo tiempo más inmadura.

6-¨El libro de los últimos días”, el cual, según tus mismas palabras: ¨Este es mi nuevo libro, un volumen de ensayos y artículos sobre arte (literatura, cine y artes plásticas, básicamente), aunque también se habla un poco de historia y de sociología. Está dividido en dos partes: la primera, de ensayos, con trabajos sobre arte y literatura, y la segunda de artículos cortos sobre temas varios (cine, política, sociología, de nuevo la literatura). A pesar de su nombre apocalíptico, el título se refiere más bien a los últimos días del libro en papel¨, y donde tú  expresas: ¨¨Los ensayos y los artículos de este libro sólo pretenden celebrar el lenguaje y la imaginación. Recordar algunas palabras que me han hecho feliz, algunas obras, algunas imágenes que se niegan a abandonar mi memoria. Pero sobre todo me mueve la voluntad de criticar. De criticarlo todo, y, a la vez de sentirme cercano a todo¨.  ¿Cuáles razones te llevan a estar en desacuerdo  con todo? ¿En cuáles ocasiones estás de acuerdo con algo?
Lo que quiero decir es que uno tiene que criticarlo todo, en un sentido ético: preguntarte a cada momento si lo que estás haciendo está bien o está mal, si tiene algún valor real, etc. Autocriticar cada uno de tus actos, como hacen los marxistas, bueno, como hacen los marxistas cuando no están en el poder, o criticar los actos de los demás para tratar de mejorarlos. Pero eso no le gusta a todo el mundo, hay gente que no le gusta que lo critiquen. Eso no quiere decir que yo esté en desacuerdo con todo, por supuesto, porque nadie podría vivir así. Eso está dicho de forma exagerada, claro, yo estoy de acuerdo con muchísimas cosas, y no toda crítica debe ser negativa, “criticar” quiere decir “juzgar”, y todos los juicios no tienen que ser negativos. Además, yo no soy un crítico de arte, no me interesa serlo, y hablo más bien de una crítica en el aspecto ético.

7-Sigues diciendo en ese mismo párrafo: No soy hombre de relaciones duraderas, a veces a pesar de mí mismo; la única relación permanente que he tenido, y me parece que me acompañará hasta la muerte –si no acabo padeciendo el mal de Alzheimer y olvido todos mis amores y mis odios y todos mis recuerdos- ha sido con el arte. ¿Ha sido el arte, precisamente, quien impide tus relaciones duraderas?
No. Tal vez sea mi personalidad. Yo soy una persona difícil. Recuerdo una película de Woody Allen, en la que aparece una artista, y otro de los personajes le dice que un artista, o un intelectual, disfruta poco de las cosas porque las ve siempre con un ojo crítico. Los artistas son artistas porque tratan de mejorar la realidad, porque no les satisface la realidad. El mundo cambia por la acción de quienes lo rechazan, dijo Meschonnic. El arte no tiene que ver con eso de las relaciones, porque desde muy joven he tratado de llevar dos vidas, como la lleva todo escritor en este país: la vida del autor, y la vida profesional, la del ser humano que tiene que ganarse la vida, y con la literatura no se puede.

8-Tú expresas también: Como buen latinoamericano, trato de desordenar el  mundo a través de lo que escribo¿Este es tu aporte a la literatura?
Mi aporte a la literatura es solamente mi obra, buena o mala, no sé. Ahora bien, yo creo que un escritor, no un intelectual, sino un narrador, debe desordenar el mundo. Tratar, por lo menos. Un escritor no debe buscar la verdad, quién sabe cuál es la verdad. Dice Ramón Peralta: era lunes ayer, pero sé que hoy no es martes. Yo soy un inventor de historias, nada más. Un falsificador, porque las historias que cuento no son reales, son imaginadas. Reflexiono sobre el mundo, pero me equivoco constantemente. Mis historias son inventadas, lo que significa que no son verdaderas.

9- En El Libro de los Últimos Días, refiriéndote a la novela de Camus,  especificas: Lo que validaría la novela desde el punto de vista de su actualidad, es decir, de cómo la lee hoy día un escritor joven, incluso un escritor caribeño de un país que vive muy lúdicamente, me parece que se encuentra a un nivel comparativo. Es decir, cómo podríamos comparar la incomunicación, la indiferencia del personaje de Camus con lo que vivimos y sentimos hoy día. Ya había hablado yo antes de la semejanza entre la novela de Andrés L. Mateo con las de Onetti, por ejemplo; hasta “La Balada de Alfonsina Bairán”, a Andrés L. Mateo lo percibimos como un poco falso, como poco dominicano. No nos reconocemos en él. ¿Cuáles factores intervienen en el proceso de no identificación?
Lo que quiero decir es algo que ha sucedido en la literatura dominicana, una cosa muy extraña. Aquí ha surgido una serie de escritores existencialistas, lo cual es curioso en un país caribeño. No es que esté mal, ese no es el punto, porque cada quien escribe sobre lo que quiere. Pero es sumamente curioso el hecho de que aquí, en el país, haya aparecido una serie de escritores de este tipo, al mismo tiempo que en el país se vive muy lúdicamente. Escritores que hablan acerca de la incomunicación, la amargura, la náusea incluso, mientras los habitantes de la isla bailan y beben y sonríen. La amargura del trópico, debe ser: el trópico amargo. Y no solamente existencialistas, sino fatalistas, o simplemente pesimistas. ¿Por qué eso ha sucedido?, eso es lo que me intriga. Por qué la gran  literatura dominicana es tan amarga. Eso podría suponer un sentimiento de exclusión, de frustración incluso, de parte del escritor, que no se siente asimilado por una sociedad que rechaza.

10-En qué medida está influyendo la sociedad al escritor y viceversa, para producir cambios y transformaciones positivas o negativas. Y si se está manifestando la transculturación literaria y escritural en la República Dominicana.
Yo estoy esperando la transculturación por hora. La cultura, y el arte en este caso, debe ser fluida, no debe ser insular, debe haber intercambio de ideas, de formas, de imágenes, de palabras de otras lenguas. La literatura debe alimentarse de todas las literaturas. Las fronteras, en este aspecto, no deben existir. Un escritor europeo puede colocar a sus personajes en Latinoamérica, y ese escritor coloca palabras dominicanas en su narración: nadie se encuentra eso raro. Pero si yo escribo una novela que transcurre en Berlín, y trato de escribir como escribiría un alemán, me dicen que estoy traicionando la dominicanidad. El hecho de que Andrés L. Mateo, en algunas de sus narraciones, por ejemplo en las primeras, hasta “La Balada de Alfonsina Bairán”, sea tan existencialista que no parece dominicano, no significa que él esté haciendo algo malo al hacer eso: esa es su libertad. Yo solamente pongo de manifiesto que él lo hace, sin decir que eso está mal.
Lo que a mí sí me preocupa es cómo está afectando el mercado no solamente a la literatura, sino al arte en general. El mercado impone unas reglas sobre el éxito que son negativas para un artista. Por ejemplo: el mercado te dice que el éxito económico de un artista es directamente proporcional a la calidad. Eso es un disparate. El arte no tiene nada que ver con la forma en que el mercado evalúa un producto, y mezclar una cosa con la otra le hace daño a la percepción que tiene el público, incluso el propio autor, sobre la obra de arte.

11-En el libro antes mencionado, en el ensayo titulado Apuntes sobre arte contemporáneo, indicas: ``La propia obra de arte se encuentra en crisis por su ausencia de compromiso. No me refiero a un compromiso político ni ideológico; hablamos de un compromiso con la propia obra de arte, con el arte mismo, con la realidad, con la humanidad``.
De alguna manera culpas a la crítica y al mercado. ¿Podría decirse que el arte refleja también la crisis social y de valores que padecemos en la actualidad?
Claro que sí. Eso lo comprobó Roland Barthes: el arte moderno, decía él, refleja la sociedad en su propia ambigüedad. Culpo al mercado. Lo que pasa es que es curioso que todo el mundo hable de que existe una crisis en el arte contemporáneo, y que al mismo tiempo se pretenda obviar esa crisis. El mercado ha afectado la obra de arte mucho más de lo que los artistas admiten. La economía mueve al mundo. La crítica no hace más que reflejar una tendencia mercadológica: hay mucha crítica contemporánea que se ha asociado con el mercado. Aunque no toda, no estamos generalizando. El arte verdadero es el que se zafa de eso, el que se aísla de las convenciones sociales. ¿Tiene éxito económico?, bien. ¿No tiene éxito económico?, también muy bien.

12-Me podrías explicar el término ´´promiscuidad cultural´´, ¿cuáles son los síntomas, quienes lo padecen, si es contagioso, con cuales antibióticos se sana?
Eso significa simbiosis cultural, “promiscuidad” significa mezcolanza, mezcla. Nosotros, como pueblo mezclado, tenemos una promiscuidad cultural, una mezcla de varias culturas. Ya no nos sana nadie: somos mejores porque somos mezclados.

13-Eres miembro fundador del Taller de Narradores de Santiago, cuál ha sido tu experiencia al compartir con jóvenes de similares iguales inquietudes literarias.
El Taller es algo que me da satisfacción personal. Yo fui profesor, y tengo personalidad de educador. Mi vocación profesional debió ser la pedagógica, pero por motivos económicos tuve que irme a otros lados. Reunirme cada cierto tiempo con un grupo de escritores, la mayoría jóvenes, me da esperanzas de que alguien lee los libros, de que a alguien le interesa la literatura en este país. Además de que el Taller es algo creado por mí mismo, con uñas y dientes, con mucho esfuerzo… aunque sólo le interese a los miembros.

14-Ser subdirector del Centro de la Cultura de Santiago, ¿de qué te ha servido?
No de mucho. Yo no soy político. He tratado de ser lo más responsable posible en ese trabajo, porque soy muy responsable y muy serio en todas las cosas que hago. He tratado de hacer animación cultural, de trabajar por la cultura, antes lo hacía sin que me pagaran, ahora me pagan por eso. Pero siempre hay escollos, siempre hay que trabajar más de la cuenta. Yo me paso el día entero con el Centro de la Cultura en la cabeza.

15-La tallerista y periodista Altagracia Pérez te hizo una entrevista par la revista Mythos, en la que escribe: Es uno de nuestros más prometedores escritores de la literatura contemporánea en Santiago. ¿Qué es lo que tú prometes?
Dinero no, porque soy pobre. Ni amor. Habría que preguntarle a Altagracia qué ella creía que yo prometía, porque ella fue la que lo dijo.

16-En la entrevista que te realizara la periodista y escritora Rosa Silverio, ella te define como: Un hombre sencillo, cercano y trabajador que se ha esforzado por desarrollar una carrera literaria consistente, alejada de los ruidos y todas esas luces que muchas veces ciegan a los artistas. ¿Cómo se define Máximo Vega el ser humano, escritor y gestor cultural?
Yo soy una persona normal. Tengo un hijo, que es lo más importante en mi vida, luego viene mi familia, y al final la literatura. En ese orden. Soy muy discreto en todas mis cosas, y estoy consciente de que ser escritor en este país no tiene importancia social. Y que un escritor santiaguero tiene menos posibilidades todavía de influenciar el pensamiento social.

17-¿Cuáles han sido tus peores errores literarios y humanos, así como tus más grandes aciertos y logros?
En lo humano, mi mayor acierto es mi hijo. En lo literario, cometo errores constantemente, por ejemplo en “El Libro de los Ultimos Días” hay algunos errores que tendré que corregir si alguna vez hay una segunda edición. Me equivoco a cada rato.

18-A qué aspiras como escritor y como hombre de empresa.
Como escritor, aspiro a dejar una obra. Espero tener el talento para eso. Como hombre de empresa, espero que mi pequeño negocio me deje el suficiente dinero para dedicarme solamente a él en el aspecto profesional, y no tener que trabajar en nada más, y luego escribir.

19-Has sido ganador de importantes premios, en el año 2003 ganaste el concurso de ensayo con motivo del bicentenario del nacimiento de Víctor Hugo, con el trabajo 'Víctor Hugo en la historia', publicado y traducido al francés. ¿Te consideras mejor ensayista que novelista, y de ser así, por cuales razones?
 Yo soy un narrador. El ensayo es una forma de decir lo que quiero de una forma más directa, pero a mí me interesa contar historias. Incluso, como narrador, he tenido más éxito que como ensayista. Hasta ahora, solamente he publicado un libro de ensayos, que es “El Libro de los Últimos Días”, y todavía no sé si lo hice bien. La gente me conoce más como narrador, ¨Juguete de Madera¨ tiene varias ediciones, como cuentista, etc. La gente no se imagina lo extraordinario que es crear a personas que no existen, crear un mundo que no existe, una atmósfera inventada, generar sentimientos, emociones, relaciones entre los personajes, cuando todo eso no existe, está solamente en tu cabeza. Crearlo con palabras, y la gente lo lee y llega a creer que esa es la vida real. Crear una historia es lo que más me interesa, por eso ando en la luna por la calle, o en las reuniones de trabajo me dicen: pero participa, no te quedes tan callado; lo que pasa es que estoy pensando en lo que voy a escribir, me está pasando alguna historia por la cabeza.

(Publicada en el Periódico "La Información")