viernes, 9 de octubre de 2015

LAS LOCURAS DEL NOBEL:


Estaba bebiéndome una cerveza en el balcón de mi casa cuando me informaron por teléfono quién había sido la ganadora del año 2015 del Premio Nobel de Literatura. Una periodista bielorrusa absolutamente desconocida. Supongo que el asombro por el premio fue mutuo, para ella y el público. A la propia Academia Sueca le ha resultado difícil explicar los motivos por los cuales se le ha entregado a Svetlana Alexiévich, escritora cuya lengua es la rusa, el Nobel de Literatura de este año. Siendo honestos, debe merecérselo, puesto que la Academia nos ha descubierto una serie de escritores desconocidos que cobran notoriedad con el premio, y que forman parte ya de nuestras lecturas preferidas. Ese no es el problema aquí.

     Hay una gran cantidad de escritores conocidos que probablemente se merecen mucho más ese premio que los desconocidos, y que pertenecen en vida a la literatura universal. Entre ellos Milan Kundera, Amos Oz, Philip Roth. Con una terquedad que sólo puede tener cabida en un círculo cerrado e inapelable, se obvian nombres que merecen mucho, mucho más el Nobel que los premiados. Quizás el secreto está, precisamente, en ser desconocido, en dar ese golpe sorpresivo todos los años. Si ese es el objetivo, debemos admitir que lo están logrando con creces.
     Pero también hay un elemento que se echa a un lado cuando se analizan esta clase de sorpresas anuales: el mercado, principal institución del capitalismo, hunde cada vez más en el olvido a los grandes, excelentes o simplemente buenos escritores, mientras los escritores ligeros, los vende libros gracias a frases pegajosas, repetidas, a veces incongruentes pero muy bonitas (yo mismo encuentro esas frases bonitas, inspiradoras, pero eso no significa que sea literatura, ni buena ni mala), los engaña bobos son los preferidos por el público. ¿Por qué?, culpa de la época, Sancho, que condena a los locos al ostracismo.
     Esperemos que algún día se les entregue el Premio Nobel a Milan Kundera, a Amos Oz o a Philip Roth. Deberían entregárselo a Bob Dylan, porque se lo merece también. A Svetlana no la vamos a leer, tenemos demasiados buenos libros de escritores conocidos o desconocidos que debemos leer antes. Yo pienso, con la sinceridad con la que siempre me comunico en este blog, que las editoriales, el mercado literario y la Academia Sueca deberían hacerse una revisión urgente. Las unas por continuar publicando esas obras cada vez más perfectas, asépticas, lineales, limpias y saneadas como los hospitales de los países del primer mundo, es decir sin ningún interés para el lector que busca literatura y no plástico; la otra porque debe abrirse también a opiniones más allá de su ámbito académico.
     Ya veremos.


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