Es indudable que la sociedad dominicana hace mucho tiempo que necesita no sólo el 4% del PIB destinado a la educación, sino mucho más, tal vez el 5 o el 6, o el 8%, debido a las precariedades con que se desenvuelve el sistema educativo dominicano. Y yo conozco muy bien esas deficiencias, puesto que fui profesor de literatura y español en un colegio de Santiago, y no estoy impartiendo clases en estos momentos porque un profesor gana muy poco dinero, en el sector público y en el privado, a pesar de que es una profesión difícil y estresante, que requiere de todo el día, no sólo de las horas laborables, porque un profesor es un promotor de valores, un gestor cultural, un tutor, a veces hasta un padre o una madre para sus alumnos. Y que ese dinero debería ser destinado a mejorar los salarios de los profesores, mejorar la infraestructura de las escuelas y construir otras, equiparlas adecuadamente, capacitar a los maestros, promover y costear proyectos de investigación, volver a impartir humanidades en las aulas y no concentrarse en las ciencias, puesto que este es un país cuya economía está basada en los servicios y no en los descubrimientos científicos o en la creación o producción de nuevos productos. Pero habría que preguntarse también si no necesitaríamos un pacto social para alcanzar ese 4%. Es decir, qué hace el resto de la sociedad, incluyendo a ese sector que pide ese 4%, incluyéndome, por supuesto, para promover la educación, más extensivamente la cultura; qué se hace para que desde mi humilde o privilegiada posición, la educación llegue a todo el mundo. Habría que preguntarles a algunos medios de comunicación, que son los principales moldeadores de conciencias en este sistema capitalista, qué hacen para promover la educación y la cultura en sus medios; a los periódicos, por ejemplo, algunos de los cuales cubrieron sus primeras planas de amarillo el lunes 6 de diciembre, qué clase de promoción educativa o cultural realizan en sus medios, porque, debido a mi condición de gestor cultural, sé que es ninguna, nada, ni un cero a la izquierda, porque “no es rentable”. Que si hojeamos nuestros periódicos nacionales encontraremos las noticias más vanales del mundo, además de los inevitables políticos, músicos “populares”, peloteros, empresarios, faranduleros y narcotraficantes que sí son rentables (y que tienen todo el derecho de salir en los periódicos, por supuesto), y notaremos que solamente dos de ellos mantienen secciones semanales dedicadas a la cultura, cada vez más exiguas. Y si nos vamos de repente a la radio, o a la televisión, que es el principal medio de comunicación de masas, nos encontraremos con un panorama desolador. Y que el internet, por su condición de medio gratuito y abierto, ha llegado para llenar ese vacío educativo y cultural. Habría que preguntarles a esos presentadores de televisión que sirvieron de imagen a la brigandina para no quedarse atrás y sonar en esto del 4%, qué hacen ellos para promover la educación y la cultura en sus programas de televisión, la mayoría tan malos que ni siquiera llenan su función de entretener e informar, o por lo menos de manejar adecuadamente el idioma español. O a las universidades, antes tan preocupadas por atraer a personalidades intelectuales prominentes del país (debemos recordar que Santiago contó con las presencias de Virgilio Díaz Grullón, Héctor Incháustegui Cabral, Danilo de los Santos, Rafael Emilio Yunén, Carlos Fernández Rocha o Ricardo Miniño, y muchos otras figuras de esa categoría, gracias a la UCMM, que ha descuidado hasta el mínimo esta práctica), qué hacen para mejorar la calidad de la educación pública o privada que ofrecen, porque recuerdo muy bien que una universidad privada solicitó mis servicios hace un tiempo, y al darme cuenta de la cantidad de dinero que pagaban tuve que declinar la invitación.
Así que preguntémonos nosotros qué hacemos para promover los valores educativos, o culturales (debemos recordar que la cultura, y la civilización, se nos provee a través de un proceso educativo), sean o no rentables, porque la educación no solamente se enseña en las aulas, sino que se manifiesta, lo querramos o no, a través de todos los estamentos de la sociedad.
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