martes, 16 de febrero de 2021

Adiós, Johnny Pacheco:

Johnny Pacheco toca la flauta en África, acompañado por los músicos excepcionales de las Estrellas de la Fania, mientras Celia Cruz interpreta una canción con su trueno oscuro. El puertorriqueño Johnny Pacheco, el cubano Pacheco, dirige la orquesta y le sonríe con su boca muy blanca rodeada de pelos negros y canosos a la cubana que encandila a todo un público eufórico. El no hace nada más: baila, a veces toca la flauta, dirige una orquesta de estrellas que todos sabemos que no necesita ser dirigida. Se arregla los pantalones por la inmensa pretina, se toca el afro, se acaricia la barba de jazzista. Pues bien: he ahí al gran Johnny Pacheco, encaramado como un divo delgadísimo sobre un escenario ubicado en el continente más pobre y lejano de todos los continentes. En la raíz de toda la humanidad y toda la música. Johnny Pacheco. El Productor de las Estrellas, el Director, el Antólogo. Quien te viera y quien te ve, Johnny Pacheco.



Pacheco nació en el barrio Los Pepines, en Santiago de los Caballeros, República Dominicana. Es un barrio pequeño, cuya calle principal, la Vicente Estrella, hasta hace unos pocos años estuvo rodeada de pinos y de sombras que sugerían el ambiente bucólico del que provino el músico. Allí también nacieron Yoryi Morel, Socorro Castellanos, Manuel del Cabral; allí tenía Domingo Moreno Jiménez su Colina Sacra santiaguera; allí nació mi padre. Debajo de sus pinos se acariciaron y fornicaron los desconocidos. Y de allí salió el Pacheco, que llegó pronto al Madison Square Garden producto de su talento y de su don de aglutinar; que llegó al África –ya lo sabemos-, a Europa, Asia, y a los Estados Unidos, Canadá y Alaska, que pertenecen a otro continente que no es el americano. El Johnny. Conoció a Héctor Lavoe, a Ismael Miranda, al Gran Combo, a Rubén Blades y a Willie Colón. Sería más adecuado decir: ellos lo conocieron a él, y nunca lo olvidarían. Le produjo música a casi todo el mundo, hasta a un Mecano que interpretó la salsa más desabrida que hayamos escuchado en años; por eso pensaban que era puertorriqueño, que era cubano. Estuvo en la época de oro de la salsa, rodeado de anfetaminas y de mujeres lindas, cubierto de gloria, de dinero, de sombreros de latin lover y de capas doradas a lo Mandrake: se usaban en esa época. Era la moda. Con una cadena inmensa representando un sol con cara de niño, desde una fotografía a blanco y negro en la que a abraza a Celia Cruz cuando era más negra que ahora que murió y la sacralizó Miami, te miro y no te conozco, Johnny Pacheco. ¿Qué hubiese ocurrido si te quedas en Los Pepines, si no hubieses tenido la oportunidad de irte, si Trujillo el sátrapa asesino no hubiese perseguido a tu familia, si no hubieses estudiado en Julliard y no hubieses llegado a Nueva York? Te hubieses jodido, como los demás que nos quedamos. No te hubiese conocido nadie. Por eso te deseo, ya en tu honorable vejez, viviendo de los homenajes y de los recuerdos de tu éxito en África, en Europa, en Asia, en Nueva York, cuando el público se subía al escenario y destrozaba las sillas del Madison porque exigía que el espectáculo continuara, que la emoción y la felicidad fuesen infinitas (pero ninguna de esas cosas son infinitas, su valor se encuentra precisamente en su inmensa brevedad) mientras Héctor Lavoe repetía diez mil veces Que cante mi gente, toda la fama del mundo. Representas toda la salsa. Todos brindamos por ti.

¿Recuerdas, Johnny, tus correrías por la Vicente Estrella, mojándote bajo las hojas largas de los pinitos, bañándote en la lluvia reciente y dilatada que te empapaba, empujando una rueda desinflada de bicicleta? ¿Recuerdas a Bader, a la fortaleza San Luis, al río Yaque, a los alcohólicos reunidos para siempre en la esquina de la Santomé? ¿Lo recuerdas Johnny? ¿Por qué las Estrellas, por qué África, por qué Celia, no pueden traerte recuerdos como esos? Toda la música y toda la gloria están en ti, si no has olvidado tus raíces. Como en África, el origen de todos los orígenes.

Máximo Vega, 2004.





sábado, 15 de agosto de 2020

El ministerio de cultura que se va, el otro que viene (como si estuviéramos en navidad):

Llegan nuevas autoridades al Ministerio de Cultura de la República Dominicana, y con ellas arriba una nueva esperanza que, como siempre, no será cumplida a cabalidad. Pero nuestra intención aquí es reseñar y analizar el pasado, no pronosticar un futuro que no sabemos realmente cómo será. No hay ninguna intención en nosotros de adivinar o profetizar estos 4 años que esperamos de todo corazón que se cumplan trayendo bienestar para el pueblo dominicano.

No obstante, aclarado esto con alguna sinceridad, nuestra intención se concentra en el sector cultural, como se sabe, en los artistas y en los ciudadanos dominicanos que consumen ese arte y esa cultura, y en las condiciones lamentables en que se encuentra en estos momentos un ministerio que ha llegado a desaparecer, que ya no existe, en una especie de acto de prestidigitación que ha dejado a los artistas azorados y abandonados. Y no me refiero sólo al ministerio de la ciudad capital, adonde van dirigidos todos los recursos y los esfuerzos puesto que concentra la mayor cantidad de votantes del país (prácticamente el 50% de la población), sino en la ciudad de Santiago, en la que he decidido vivir a pesar de las tentaciones y los afanes profesionales para tratar de sacarme de aquí: porque, para nosotros, Santiago no es sólo una ciudad sino un sentimiento. Una emoción. Y basándome en ese sentimiento fui director de instituciones culturales en Santiago, y basado en esa emoción amurallada creí con todo el corazón y todas las ganas de creer en algo, que podía ser reformado con mucho trabajo y esfuerzo el sector cultural de mi ciudad y mi país.

Toda la infraestructura de las instituciones culturales de la ciudad se encuentra destruida. Desde el Monumento a los Héroes de la Restauración, que es el símbolo de la ciudad y que fue recuperado durante la gestión del Ministro de Cultura José Rafael Lantigua, hasta el punto de que a través de los medios de comunicación se ha solicitado que, si el ministerio de cultura no tiene recursos para atenderlo, que lo entregue a otra institución del estado con un poco más de capital económico: el Ayuntamiento de Santiago, por ejemplo, o el Ministerio de Turismo. El Monumento a los Héroes de la Restauración no recibe absolutamente ningún subsidio de parte del ministerio de cultura, de manera que todos sus recursos se conseguían con el alquiler de su parqueo a diferentes empresas del espectáculo: ciudades mecánicas, organizadores de eventos artísticos, circos mexicanos o rusos, empresas licoreras. Pero el Ayuntamiento de la ciudad, abrogándose un derecho que no tiene, ha prohibido el alquiler del parqueo, por lo cual el símbolo de la ciudad se encuentra en condiciones tan lamentables que sólo puede apreciarse el verdor de sus jardines cuando cae la lluvia. Y, al mismo tiempo, cuando llueve se encuentra tan lleno de filtraciones que se teme por la condición de los murales de Vela Zanetti y Jacinto Domínguez en sus paredes, y por toda la edificación monumental.

El Centro de la Cultura de Santiago, fundado y organizado para que los artistas de la ciudad no emigraran a Santo Domingo para estudiar arte, de manera que la propia ciudad y la región contara con su propia cantera de artistas, pintores, teatristas, músicos, técnicos calificados, se encuentra en un estado tan lamentable que el decorado de mármol de sus columnas empezó a desprenderse de sus paredes frontales, con el peligro de que cayera sobre los alumnos, visitantes o solicitantes, por lo que hubo que realizar un trabajo de desprendimiento del mármol, lo cual ha dejado ese edificio prácticamente en ruinas. La sala Héctor Incháustegui Cabral se encuentra cerrada debido a las condiciones en que se encuentra. Es la sala de teatro más popular de la ciudad, pequeña, acogedora y con una acústica adecuada precisamente para las obras teatrales, lo que ha dejado a la ciudad no sólo huérfana de teatro -aunque existen otras instituciones de carácter privado que han tomado una iniciativa que debería ser estatal-, sino a los actores, directores y técnicos sin la única sala verdaderamente de teatro de la ciudad. El Teatro Popular del Centro (TPC), ya no existe. El edificio es casi inhabitable. Ha desaparecido su biblioteca, basada en libros de arte, su sala de exposiciones Yoryi Morel y el resto de los grupos culturales que habitan una institución que es patrimonio de la ciudad. ¿Dónde está el Ballet Folklórico de Santiago, el grupo de baile folclórico más importante del país, ganador de Premios El Dorado, del Premio Casandra, de todos los premios que entregaban Freddy Beras Goyco y Meny Almonte, que en estos momentos tiene una directora interina cuyo nombramiento como Directora General no llega nunca? ¿Qué hace el Taller Literario del Centro (TLC), que una vez existió allí?

MINISTERIO 2

El Gran Teatro Regional del Cibao, que fue pensado y construido como un centro cultural y una sala de espectáculos que sustituyera al Centro de la Cultura de Santiago, que ya quedaba pequeño debido al crecimiento de la región, tiene 8 años detenido en un limbo cultural que no genera ni espectáculos, ni gestión, ni animación cultural. El edificio se encuentra en lamentables condiciones, hundiéndose milímetro a milímetro debido a la falta de mantenimiento, provocando grietas en sus paredes, amén de sus filtraciones, la condición de sus baños y sus alfombras; de la desidia de las autoridades estatales. Llevamos a ingenieros de la OISOE a hacer un levantamiento y a prometernos que eso se resolvería: 4 años después se ha convertido en un edificio que no existe. Ni siquiera sus jardines, descuidados y horribles. Quizás sólo su fachada, para tomarse fotos como fondo para llevarlas a Nueva York o a Europa. Hace años que en el Gran Teatro Regional del Cibao no se realizan actividades de ningún tipo, de manera que se ha convertido, sobre todo su bar Moisés Zouain, en sitio único de conferencias sobre periodismo o marketing (lo cual no criticamos: nos referimos a que es lo único que se realiza allí), farándula o política, puesto que han desaparecido desde hace tanto tiempo, por falta de apoyo, la Tertulia "El Oficio de la Palabra", con su contenido literario; los talleres de apreciación musical del Dr. Stern; las obras pequeñas de teatro en su segunda sala. La Sala de la Restauración ha sucumbido a las goteras, al olor a alfombra vieja y mojada y a la destrucción de sus asientos. Es posible que no sea conocido por la mayoría de los ciudadanos, puesto que no se hace nada con eso, pero el Gran Teatro del Cibao tiene salas para exposiciones de artes plásticas (recordemos que la Bienal de E. León Jimenes se realizó allí hasta que fue trasladada al recién construido Centro Cultural Eduardo León Jimenes), para conferencias, charlas, y para presentaciones de libros. Es decir, como mencionamos con anterioridad, es un completo centro cultural que no se utiliza para nada.

La Escuela de Bellas Artes de Santiago fue fundada con el mismo propósito que el Centro de la Cultura, aunque es anterior. Según nos contó Yoryito Morel, hijo del artista Yoryi Morel, con admiración y nostalgia, el dictador Trujillo se obsesionó con su padre, por lo que le ofreció la creación y la dirección de la Escuela de Bellas Artes de Santo Domingo. Esa propuesta surgió de nuevo en nuestra ciudad, a la que se incorporaron profesores de la talla de Federico Izquierdo, Juan Bautista Gómez, Rosa Idalia García, Danilo de los Santos, el propio Yoryi y su hijo Yoryito Morel, que se convirtió en profesor, Subdirector de la Escuela, y en estos momentos profesor de nuevo, aunque ha llegado a una edad en la que debería ser pensionado. Pero esa graduación sistemática de artistas importantes que forman parte del acervo y la historia de la ciudad terminó una generación después de esa generación segunda (cuando salieron de allí Jairo Ferreira, José German Salcedo, Dionisio Peralta, etc.), de manera tal que ya no se gradúan allí los verdaderos artistas -músicos, teatristas, pintores, bailarines- de la ciudad. El horario de la Escuela de Bellas Artes coincide con el de la tanda extendida de las escuelas públicas, de manera que los estudiantes de los barrios populares no pueden estudiar allí -como debería ser, puesto que se encuentra dirigida a ellos: es una escuela gratuita- sino a los niños y jóvenes clase media alta (los cuales, por supuesto, también tienen todo el derecho de hacerlo). Pero no conocemos a los músicos, los actores, los bailarines, los pintores que han salido de allí desde hace 8 años, no sólo debido a la tanda extendida y a que, por esta razón, la población estudiantil ha ido menguando año tras año, sino porque hay que hacer allí una reingeniería con el pensum de cada materia. El pensum original fue creado por el artista, poeta y músico Manuel Rueda, ya fallecido hace muchos años, por lo que se usa  todavía aquel programa antiguo de los Doce Años de Joaquín Balaguer, como si el arte y la pedagogía artística no hubiesen evolucionado, como si viviésemos aún a mediados del siglo XX: no existe una sola computadora en la que se imparta arte digital, por ejemplo, o arte conceptual, o arte contemporáneo; los verdaderos músicos de la ciudad, o los verdaderos actores, directores, bailarines, no son profesores de la Escuela de Bellas Artes, puesto que se paga muy poco dinero, exceptuando a su director, que tiene un sueldo de lujo, y porque no hay un compromiso real con el mejoramiento artístico de la ciudad a través del estado, puesto que ya ningún artista -ni aquellos que dejan ahora las instituciones culturales, que se encuentran allí debido a sus sueldos de lujo, ni aquellos que llegarán- cree en ningún proyecto político actual. Aunque reconocemos la valía y el sacrificio, incluso económico, de aquellos profesores que tienen el valor de aportar a sus alumnos permaneciendo allí.

La Oficina de Patrimonio Monumental no existe en cuanto su director es el único que no devenga un gran sueldo, por lo que tiene que dividir su tiempo entre su profesión verdadera, en este caso la arquitectura, y el trabajo de preservación del patrimonio de la ciudad. Lo cual indica la ignorancia en lo que tiene que ver con esta clase de preservación cultural: ni siquiera el Ayuntamiento cuenta con una oficina de preservación monumental. Más abajo de estas palabras, en un excelente video realizado por el arquitecto George Khoury, experto en Patrimonio Monumental, puede apreciarse la manera en la que se encuentran las casas santiagueras, algunas de ellas con columnas y balaustradas que son endémicas de la ciudad de Santiago y que fueron exportadas al resto del país, pero que desaparecen lentamente debido a la desidia del ministerio de cultura, arrastrando consigo nuestra memoria histórica, arquitectónica, identitaria y cultural.

En fin, los problemas culturales de la ciudad en un ministerio que ya no existe, que ha desaparecido, que no ha cumplido con su labor a pesar de su nómina abultada e inútil, no se resolverán de la noche a la mañana. En el tiempo en que estuvimos allí (fui funcionario y director de instituciones culturales por 14 años, un año y medio como Director Regional de Cultura), nos percatamos de que al gobierno actual, el saliente, presidido por el presidente Danilo Medina -con tres ministros de cultura que nunca se dieron cuenta, ni les interesaba, lo que tenían entre manos-, nunca le interesó la cultura, lo cual demostró con creces a través de sus ministros. El primero, el cantante, publicista y compositor de letras José Antonio Rodríguez, cuyo mayor logro fueron los Proyectos Culturales, a través de los cuales se entregaba dinero a los ganadores de los concursos de los proyectos sin ninguna supervisión, en una mayúscula insensatez administrativa que sólo puede ser posible en un país que se ha convertido en una cleptocracia. También se hicieron con mucha pompa y boato Festivales del Locrio y del Dulce de Leche.

Pero se asoman cambios, se acercan aires nuevos, que ya empiezan a parecernos viejos. Hemos llegado a nuestra etapa local de la incertidumbre y la desconfianza. Los artistas, los escritores, los animadores y gestores culturales nos estamos organizando para que no suceda de nuevo la peor gestión cultural de toda la historia de la ciudad, como se ha calificado a la gestión saliente, exceptuando, por lo menos de manera regional, el año y medio que dirigí la cultura estatal local con todos los inconvenientes, los sacrificios y las luchas, puesto que era preferible abandonar una gestión fallida que continuar cobrando un sueldo sin que hubiese la voluntad política de que se hiciera un trabajo serio, como ha sucedido irresponsablemente con los directores de las instituciones culturales que se han quedado allí sin que la ciudadanía los conozca ni los aprecie, puesto que sus instituciones han desaparecido por completo del mapa local. Cuando abandoné la Dirección Regional Norte de Cultura, el ministerio decidió desasistir los Puntos de Arte que realizamos en los barrios de Santiago, pero nosotros decidimos que íbamos a continuar impartiendo las clases de arte a niños y jóvenes de sectores de alto riesgo, a pesar del propio apoyo estatal del ministerio, por lo que ahí están, contando con más alumnos que la Escuela de Bellas Artes de Santiago y el Centro de la Cultura, en Santa Lucía y La Piña, en Cienfuegos, auspiciados por la Fundación Solidaridad y la Xunta de Galicia, en España, en la Escuela de Arte y Tiempo Libre Mauro Lorenzo que yo coordino. Se han realizado presentaciones de esos niños y jóvenes en las instituciones culturales descentralizadas de la ciudad, y en España. Con muchos sacrificios, sin el apoyo de ningún ministerio ni de ningún ayuntamiento, con el patrocinio, sí, de la Xunta de Galicia, del Club Activo 20-30, del Instituto de Rehabilitación que ha realizado operativos médicos para los niños, jóvenes y ancianos, con el apoyo incondicional de los profesores a los cuales no se les paga la cantidad que se debería, aportando a través de su docencia, hemos hecho un trabajo por encima de las instituciones culturales de la ciudad, que no funcionan, sin que sus directores sientan ningún remordimiento, a pesar de que son denostados diariamente a través de las redes sociales. Eso, al parecer, no les importa ni les indigna.

Tampoco les indigna que los montos del Premio Anual de Literatura sean rebajados año tras año, que la Bienal de Artes Visuales tenga 4 años sin realizarse, que los museos se encuentren cerrados, que los premios de arte y literatura se entreguen en los pasillos de la sede central del ministerio para tomar una foto para la prensa, que se le haya cambiado el nombre de Enriquillo Sánchez al auditorio de la sede central del ministerio por el de Juan Bosch, un humanista, un gran escritor y gestor cultural, un político que es el responsable en estos momentos de la existencia de cuatro partidos políticos, lo cual no es sólo excepcional sino propio de cualquier récord importante. No obstante, Bosch el intelectual, el humanista, el escritor, el político, el poeta, nunca hubiese aceptado un cambio de esa naturaleza.

 

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Los artistas, escritores y trabajadores culturales de la ciudad nos organizamos para que no sea posible que llegue otra gestión del tamaño del fracaso de la que termina. Para que no sólo se ocupen de nosotros cuando llegan las elecciones y se necesita una labor política, levantando falsas esperanzas que no serán cumplidas. Ya eso se terminó. Si los deseos y las esperanzas no se cumplen, ya decidiremos cuál camino tomar, sea cual sea.

El trabajo artístico va dirigido al ciudadano común, a la ciudadanía. Si las instituciones culturales no funcionan, hay algo que no funciona en nuestra identidad local o nacional, más aún teniendo en cuenta nuestra realidad insular y cerrada. No nos reconocemos como dominicanos, nos invaden y atropellan formas culturales foráneas, vecinas, porque no somos capaces de comprender nuestras propias manifestaciones culturales, que son espontáneas de los pueblos, que un Ministerio de Cultura de verdad con mayúsculas no debe tratar de crear o sustituir, puesto que ya existen, esa no es su función. Su función es apoyar, promover, recuperar cuando el caso lo amerite, internacionalizar el arte y la cultura dominicanos. Eso es lo que significa hacer animación y gestión cultural: crear un ciudadano ilustrado, un ser humano mejor, con educación y con cultura.



sábado, 8 de agosto de 2020

EN TORNO A UNA NOVELA DE MAXIMO VEGA

Por Omar Messón


Máximo Vega es un narrador exquisito. Con esta sinestesia inusual quiero empezar este breve diálogo conciliador entre mis gustos literarios y mi conciencia. La novela EL MAR del escritor dominicano Máximo Vega presenta aspectos narrativos interesantes tanto por la crudeza que despliega como por esa suerte de desenfado narrativo que vincula al autor con la búsqueda de la verdadera calidad a pesar de los desgarramientos de la bondad hacia el lector. Esta novela, que no por ser breve es tan intensa, es intensa y breve porque el narrador es tan adulto, tan dueño de sus talentos, que desdeña la ampulosidad para cercar a sus personajes, para mantenerlos a raya dentro de ese tablero de su imaginación, dentro de ese universo en donde el autor impone su omnipotencia. Otros ejemplos hay que contradicen a Gracián, pues la brevedad no garantiza calidad ni siquiera en un cuento. Esta novela presenta un plano en su narratividad que nos lleva de improviso hacia las muestras más desgarradoras del naturalismo de Zola, pero también nos mueve hacia ese abandono del ser de la novela existencialista europea, o al exitoso estructuralismo latinoamericano. Quizás se pueda decir, de manera errada, que este cuerpo narrativo es de tal intensidad que es más cuento que novela. Ninguna obra artística debe soslayar la intensidad. Esta novela no es el erróneo nocaut de Cortázar, pero algo tiene de definitivo. El autor no suelta a su personaje principal, a su pro-agonista, no lo deja solo un instante, lo guía, le mueve sus resortes hasta hacerlo desfallecer, que es lo mismo que hacerlo crecer dentro del marco de su narratividad. Esta novela, la que leí de una sola sentada -no por llevarme de Poe, sino para contradecirlo-, es sencillamente de un lenguaje cautivante. Esa transmutación del narrador, esa obsesión en tornarse su propio personaje, es un signo de apasionamiento justificado para hacer creíble la historia. La logicidad narrativa es un hilo conductor que atrapa al lector en esa maraña sinuosa de la vida que se consustancia con la muerte. En la literatura universal hay muestras de historias grandes narradas con destreza. Desde El Quijote hasta Cien años de Soledad, aparecen ejemplos memorables de grandiosidad narrativa. Desde Bartleby de Melville, hasta El enano de Lagervist, o, más cerca aún, desde Nada de Carmen Laforest, a El hombre sentimental de Javier Marías, la novela corta ha venido a desmantelar el concepto de lo extenso como sinónimo de calidad. Esta novela de Máximo Vega es un ejemplo de que la intensidad es el sello inconfundible de aquella calidad. Sin embargo, a pesar de todas estas bondades narrativas, creo que el título de esta novela es inadecuado. Pero esto no le resta ni un ápice de mérito al cuerpo literario que he abordado. Sólo nos resta decirle al tiempo ¡I haréis justicia! 

 Sosúa, 4 de agosto 2020. 5:00 A.M.



martes, 12 de mayo de 2020

25 libros dominicanos para leer en tiempos de coronavirus:

     25 libros de la literatura dominicana para leer en estos tiempos de confinamiento. No hay que ser de la República Dominicana para leer estos libros, por supuesto, y están dirigidos a todo aquél que quiera leer una literatura caribeña algo desconocida a nivel internacional.

     Los libros no se encuentran en orden de importancia, y son sólo una parte de una literatura vasta y sólida. Muchos otros libros, algunos incluso más importante que estos, se han quedado fuera en una lista muy limitada, que no es un hit parade, ni un canon ni nada de eso, sino sólo algunos libros para aprovechar y leer mientras estamos en casa:

-Cuentos más que completos-Juan Bosch. Antología cuentística total del profesor Bosch, publicado por Alfaguara con prólogo del Premio Cervantes Sergio Ramírez.

-David, biografía de un rey-Juan Bosch. Ensayo narrativo que no habla sobre religión, sino acerca de ética y política, basado en la figura del más grande rey de Israel, un rey que era además, dicho sea de paso, poeta.

-El amor es el placer de la maldad-Pedro Peix. Antología cuentística de uno de los más importantes escritores dominicanos de todos los tiempos. En este libro se encuentran los clásicos "Pormenores de una servidumbre", "Los muchachos del Memphis" y "Pasión y oprobio en el hotel Shanghai".

-Trópico íntimo-Franklin Mieses Burgos. Un clásico de la poesía dominicana.

-Compadre Mon-Manuel del Cabral. El libro más acabado de un poeta prolífico que escribió grandes libros de poesía.

-Hay un país en el mundo-Pedro Mir. El Poeta Nacional dominicano escribió un poema extenso que describe su país a la perfección.

 



-Yelidá-Tomás Hernández Franco. Un poema sobre un amor interracial, que describe poéticamente nuestro sincretismo cultural: entre Europa y Africa.

-Agonías de distancia-Zacarías Espinal. Morfinómano, creador de las jitanjáforas y uno de los dos miembros del movimiento Vedrinista (el otro era su fundador y presidente, Vigil Díaz), Zacarías Espinal es un escritor de culto de la literatura dominicana.

-El poema de la hija reintegrada-Domingo Moreno Jimenes. Este poema fue escrito cuando el poeta vivía en Santiago de los Caballeros, a la sombra de un árbol en el terreno que hoy ocupa el hospital regional José María Cabral y Báez.

-La metamorfosis de McKandal-Manuel Rueda. Poema acerca de la vida y muerte de Francois MacKandal, esclavo cimarrón de la isla de Santo Domingo.

-Las máscaras de la seducción-José Alcántara Almánzar. Ese libro contiene el cuento "La reina y su secreto", una obra de orfebrería que ha influenciado notablemente mi propia literatura.

-La mosca soldado-Marcio Veloz Maggiolo. Publicado por la editorial Siruela, fue nominado al libro del año en España.

-Escalera para Electra-Aída Cartagena Portalatín. Finalista del Premio Biblioteca Breve de la editorial Seix Barral.

-Entre dos silencios-Hilma Contreras. Un clásico de la literatura escrita por mujeres.

-En el barrio no hay banderas-René del Risco Bermúdez. Otro clásico del autor de "Ahora que vuelvo, Ton", un escritor que escribió poco y murió joven en un accidente automovilístico.





-La viuda de Martín Contreras y otros cuentos-Rafael Castillo. Con este libro, que es el único del autor, Castillo obtuvo el premio nacional de cuento, por encima de "Cuentos cortos con pantalones largos", de Manuel del Cabral.

-Enriquillo-Manuel de Jesús Galván. La primera novela romántica en América Latina.

-El evangelio según la muerte-José Acosta. Poemario ganador del premio Nicolás Guillén, en México.

-Eternidades-Ramón Peralta. El primer libro de Peralta. Los poemas de Ramón Peralta han llegado a titular algunos de mis libros, como este verso de "Eternidades": era lunes ayer, pero sé que no es martes.

-Alegoría vital-Dionisio López Cabral. Alcohólico, autor de poemas breves, falleció de ebriedad. Sin embargo, un gran poeta.

-La radio y otros boleros-René Rodríguez Soriano. El mejor libro de cuentos del escritor dominicano, recientemente fallecido por el coronavirus en Texas, Estados Unidos.



-El español en Santo Domingo-Pedro Henríquez Ureña. No podía faltar una de las obras del más grande intelectual dominicano de toda su historia.

-Y tu abuela dónde está-Carlos Esteban Deive. Ensayo del escritor domínico-español, antropólogo e historiador, sobre la influencia africana en la cultura dominicana.

-Al filo de la dominicanidad-Andrés L. Mateo. Artículos que tratan de definir la dominicanidad desgarrada.

-El ojo del arúspice-José Mármol. El primer libro del líder de la llamada Generación del 80, que nunca se definió entre movimiento o generación literaria.


     En fin, faltan muchos libros y muchos autores. Quizás haya que hacer una segunda, una tercera o una cuarta selección. Feliz lectura.




jueves, 19 de marzo de 2020

La vida en los tiempos del coronavirus:


Cada quien tiene su propia idea de cómo sobrevivir a la enfermedad viral que se ha expandido a través del mundo entero, que empezó en China y que tiene ahora, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, la OMS, su epicentro en Europa. El segundo país que tiene más enfermos del coronavirus es Italia, luego de China. El tercero, Corea del Sur; el cuarto, Irán, pero como Irán es una nación paria, desangelada por los Estados Unidos, sus enfermos y sus muertos pasan desapercibidos.
            Me envían docenas de videos al teléfono celular: El verdadero secreto detrás del coronavirus; La conspiración del coronavirus; La boda con tema de coronavirus que terminó con 25 contagiados; Quien obtenga la patente de la primera vacuna será el culpable de la aparición del coronavirus; El presidente de los Estados Unidos denomina a la enfermedad como “virus chino” y el embajador de China en la República Dominicana lo llama “loco”; Dios le ha mandado el coronavirus a las naciones que han aprobado el aborto; Lávate las manos con agua y jabón de cuaba; No toques objetos que otros han tocado; Aíslate del mundo; Desaparece. Me envían videos racistas contra los chinos, un discurso de Vladimir Putin defendiendo la soberanía de su país mientras ordena cerrar todas sus fronteras… Al mismo tiempo, Europa y la OMS han olvidado que se producen alrededor de 390 millones de infecciones de dengue por año, y nunca se le ha declarado pandemia… quizás porque no es problema para los Estados Unidos, para Canadá, para los países europeos, para China, Rusia o Corea del Sur. Un mes después de aparecido el coronavirus, se le cambió el nombre por otro más científico y publicitario: el covid-19, que parece sacado de una de esas historietas de Marvel.


            Imbuido como siempre en la lectura, es tiempo de aprovechar para leer mucho más, para matar el tiempo con las palabras. Soy un trabajador informal, es decir que desde el principio sé que el aislamiento me va a traer problemas económicos, por lo que me recuesto en la silla en la que suelo leer (una especie de chaise longue con el espaldar erguido) y trato de olvidar lo mal que la pasaré económicamente en estos meses. En este mundo, y en este tiempo, nadie te ayuda, así que no albergo muchas esperanzas de que las cosas mejoren. También este es el tiempo de no ser solidarios: los barcos navegan de un puerto a otro porque los países impiden su desembarco; en Ucrania las peores personas del mundo intentaron atacar un avión que llegaba de Wuhan con pasajeros latinoamericanos a bordo (entre ellos algunos dominicanos) por el miedo al contagio de la ciudad. Somos testigos de los peores comportamientos, pero también de los mejores. De las personas que se sacrifican para que los demás puedan continuar con sus vidas sin miedo: los médicos, las enfermeras, el personal de los hospitales. Los periodistas, las personas que trabajan en los medios de comunicación, los camarógrafos, las y los conserjes de esas instituciones, los empleados de las farmacias, sea quien sea que mantiene funcionando las redes sociales y la web, los policías. Muchas veces olvidamos la capacidad que tiene alguna gente para sacrificarse por los demás. Tiene que llegar el apocalipsis para que lo recordemos.

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            He leído ya dos libros: “La decadencia de Nerón Golden”, de Salman Rushdie, y “Fima”, de Amos Oz, recientemente fallecido. Un libro de un autor inglés de ascendencia india y musulmana –a pesar de todos los problemas que tuvo su “Versos Satánicos” con los musulmanes, pero es así-, y otro de un israelí. Leyendo a “Judas”, de Oz, y ahora a “Fima”, me levanto del chair long y grito a viva voz: “¡Pero no se sienten mal por la forma en que tratan a los palestinos, eh!”. No parezco yo, debe ser el aislamiento, la soledad. Y sin embargo, me gustaron mucho sus dos libros, aunque me gustó más “Judas” que “Fima”, quizás porque me gustan mucho más los textos sobre personajes bíblicos, judíos o cristianos.
            También he estado leyendo los cuentos de los participantes del Concurso de Cuentos de Radio Santa María, del cual soy jurado. Alrededor de 200 textos. Increíble. Este es un país de escritores, de creadores. De soñadores que no esperan nada a cambio de lo que han creado; es decir, que crean por la creación misma, puesto que todos sabemos que aquí no se apoya para nada la Cultura. Cuentos que no se los llevará el viento porque serán publicados en el libro de los ganadores. Por lo menos serán publicados esos cuentos, es decir, los ganadores: por eso los jurados sabemos que tenemos encima una responsabilidad muy grande.
            ¿Quién nos ayudará cuando termine la cuarentena nacional? ¿Dirá el presidente en una alocución: “Bueno, sabemos que la han pasado mal, así que vamos a ver cómo los ayudamos a ustedes los informales que tienen pequeños o medianos negocios”? Aunque sé que él dirá, más bien: “Pequeñas y medianas empresas”. Yo no. Yo no tengo una empresa. Tengo un negocio. El que trato de olvidar mientras voy leyendo mis libros. Soy un escritor-negociante.
            Lávese las manos, colóquese la mascarilla (en Argentina la llaman “barbijo”), no tome aspirina sino acetaminofén –eso lo he aprendido ahora con los mensajes y los videos que me mandan por Whatsapp-, manténgase a un metro de distancia de las demás personas. Lo que significa también: no dé muchos besos y no tenga relaciones sexuales en estos días. No vea televisión. La televisión alela. Continúe con las redes sociales, que son más verdaderas que la verdad misma, más reales que la realidad. Si continuamos vivos después de esto, habremos probado que merecemos el planeta tierra.








martes, 25 de febrero de 2020

El 27 de Febrero:

Nuestro Patricio Juan Pablo Duarte, luego de disuelta la Sociedad Secreta La Trinitaria debido a la persecución política provocada por la presunta traición de Felipe Alfau, uno de los trinitarios originales, fundó la Sociedad La Dramática, la cual, a través del teatro, trataba de crear consciencia social acerca de la necesidad de alcanzar un anhelo de un grupo de jóvenes (cuando fundó La Trinitaria, Duarte contaba apenas con 25 años, y los demás miembros eran tan jóvenes como él: Juan Isidro Pérez, Jacinto de la Concha, Félix María Ruiz, etc…) que pretendían algo extraordinario: fundar un país, crear una República. Debido a que las autoridades haitianas empezaron a sospechar del real objetivo político de las representaciones teatrales en las que los propios patriotas, miembros de la sociedad, hacían de actores, y pidieron los textos de cada obra para censurarlos antes de ser representados, los actores-patriotas pronunciaban comentarios improvisados sobre la situación nacional, la necesidad de libertad, una soberanía posible, que no se encontraban en el texto original, evitando así la censura de las autoridades haitianas. Esos no eran, por supuesto, los tiempos de las redes sociales, ni siquiera de la televisión o la radio, que comunican los mensajes al instante.

Un grupo de jóvenes ha empezado unas protestas a nivel nacional e internacional, pidiendo garantías para que sean celebradas elecciones libres y democráticas en nuestro país. No podemos decir que una sola de nuestras elecciones haya sido mínimamente democrática, pero la imperfección intrínseca de todo sistema, y de todos los seres humanos, por lo menos habilitaba al supuesto ganador para gobernar cada cuatro años. Jóvenes: románticos y enérgicos como Juan Pablo Duarte, el fundador de nuestra República, aunque, como en toda obra trágica con un protagonista incorruptible y melancólico, nuestro Prócer no fue testigo de la creación de la nación (nación es una palabra que proviene de otra muy bella: nationis-nacimiento) que había construido. A Juan Pablo Duarte se le ofreció la presidencia de la República cuando fueron vencidos los haitianos, pero se negó a aceptarla alegando que no podía ser presidente sino había sido elegido por el pueblo al que había liberado. Esa clase de pensamiento ético de quien había aceptado su condición de Prócer nacional, con todas las consecuencias que ello conllevaba, muchos políticos gobernantes del día de hoy podrían considerarlo ajeno a nuestra época, poco pragmático, hasta un poco estúpido. Precisamente por ese excesivo pensamiento pragmático neoliberal, es que hemos llegado donde hemos llegado.


La democracia se construye cada día, puesto que su imperfección es intrínseca a la imperfección propia de la naturaleza humana, así como a la imperfección de todo sistema y de cualquier ser vivo. Es una creación occidental: los atenienses vivieron en un tipo de democracia que, por supuesto, no es ni siquiera comparable a la que tenemos el día de hoy. Todo lo que se ha luchado, toda la sangre derramada, desde Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez, Ramón Matías Mella, desde el siglo XIX hasta el XXI, pasando a tropezones por ese siglo XX fatalista que dejó en el país un sentimiento de tragedia nacional (la dictadura trujillista, el derrocamiento del profesor Juan Bosch, las dos invasiones norteamericanas, la revolución del 65, los Doce Años de Balaguer, un presidente suicidado y otro condenado por corrupción, fraudes electorales, el tenso momento de incertidumbre, en el año 1994, en que nos encontrábamos al borde de una guerra civil, el frente patriótico, la debacle económica de Baninter ya en el siglo XXI, que trajo más pobreza y desesperanza…), pensábamos que había servido para que tuviéramos por lo menos una democracia imperfecta, que hay que preservar. Pero a un presidente de la República se le ocurrió que había hecho un gobierno tan extraordinario que podía cambiar la Constitución, que ya había alterado con anterioridad, para perpetuarse con su grupo en el poder, y que los ciudadanos se lo agradecerían eternamente. Entonces se encendió una chispa. Una llama indeleble. Un destello luminoso. La democracia hay que preservarla también con protestas, como aquellas antiguas en las que participaban quienes hoy ostentan el poder, brujuleando entre los militares y las armas en alto de los policías; con otras manifestaciones de estos jóvenes a quienes pensábamos les habíamos entregado un país mejor, sin darnos cuenta de que un grupo parasitario enquistado en el organismo vivo de la patria tenía intenciones de prolongarse a cualquier costo en el poder.



En una entrevista que se le hizo a Mario Vargas Llosa en España, éste declaró que en algunos países de Latinoamérica existe todavía una oligarquía política que no quiere abandonar el poder, que pretende quedarse allí a perpetuidad, puesto que piensa que ese poder le pertenece. Esa oligarquía política se convierte en oligarquía económica debido a la corrupción, al uso indiscriminado de los recursos del estado para provecho propio. La creencia de esa oligarquía política es que, si se convierte en oligarquía económica, la oligarquía tradicional, la de los apellidos y las fortunas heredadas, no podrá avasallarla y arrebatarle el gobierno, como ocurría en otras épocas. Pero eso ha creado un estado corrupto fuera de control, en el que hasta el empleado más simple intenta sacar ventajas económicas debido a que las autoridades no son capaces de dar el ejemplo. En el que todo el empleado estatal recurre al robo descarado porque sabe que no le va a pasar nada, que no será despedido ni encarcelado.

Mario Vargas Llosa hablaba precisamente en esa entrevista sobre el pensamiento liberal español, el mismo pensamiento liberal que forjó las ideas de nuestro Patricio, que vivió en Cataluña y de allí trajo sus obras de teatro, directamente en nuestro idioma o adaptadas al español. Esa oligarquía política, que se ha creado gracias al robo (puesto que “corrupción” es un eufemismo que parece otra cosa, un desliz, un lapsus, no lo que realmente es: un robo) del dinero de todos los dominicanos. Ya el presidente actual no es capaz de controlar el robo desmedido e indiscriminado que sucede en nuestro país, el robo de mi dinero, que se usa para provecho de un grupo de vivos multimillonarios de la noche a la mañana, o para costear reelecciones de próceres de pacotilla que se convencen de que han hecho el mejor gobierno de la historia de la República Dominicana; como no lo es tampoco el delfín escogido, que al parecer no sabe exactamente dónde tiene puesta la cabeza. El 27 de febrero, por Juan Pablo Duarte, por Sánchez, por Mella, por los Trinitarios y los Dramáticos, por el pensamiento liberal y por mi país, porque no tengo otro y me moriré aquí dentro, en Santiago de los Caballeros muy cerca del Monumento a los Héroes de la Restauración, yo estaré en la Plaza de la Bandera protestando con esos jóvenes, al lado de esos jóvenes aunque ya yo no lo sea, pronunciando las palabras que nunca pensé que gritaría, puesto que yo, por once años, fui uno de aquellos ilusos, ingenuos, que pensaba que a través de una función pública se podía ayudar a la nación con honestidad y trabajo arduo: SE VAN.

lunes, 27 de enero de 2020

José Alcántara Almánzar escribe sobre los libros de Máximo Vega:

"La reacción Phillips (2018) se interna en el submundo de la esquizofrenia en todas sus manifestaciones; la pobreza y la marginación social; ese enorme conglomerado de discapacitados, adictos, violadores y víctimas del abuso sexual y psicológico que integran nuestras clases desheredadas: tantos seres humanos golpeados con rudeza por la desigualdad social y el olvido. Has logrado un retrato múltiple del mundo «underground» urbano, con todas sus miserias e injusticias; un mundo crudamente narrado por un escritor que conoce su oficio y sabe extraer todo el provecho que le ofrecen su experiencia y su conocimiento de las técnicas narrativas. El libro es un revulsivo a la conciencia adormilada e indiferente de una sociedad volcada sobre el consumismo y el «sálvese quien pueda». Un libro de relatos fuera de serie que todos deberíamos leer."






"Más que gustarme, quedé atrapado en la lectura de Al borde del edén (2019), una novela corta realmente conmovedora sobre temas intocables en nuestro medio: la homosexualidad masculina, el sida, la xenofobia antihaitiana, la superchería, entre otros. La historia de Michelín contada por sí mismo es de una sinceridad aplastante, porque este personaje escéptico y abrumado por un presente desolador, no deja de cuestionar y cuestionarse.Es un hombre de cierta formación, lo que le permite al narrador estructurar un discurso elegante, lleno de ironías y observaciones agudas. La escritura es diáfana, hecha en un español dominicano que no hace concesiones a la vulgaridad; la perspectiva, honesta; desgarradora, pese a su belleza formal, la crónica de una vida a la deriva; dolorosa la autoconciencia del personaje ante su inminente final; y poderosamente humano y esperanzador el camino elegido. Creo que este libro ha alcanzado un estadio de madurez indiscutible. Lo único es que yo hubiera elegido otro título, porque me recuerda constantemente el de la célebre novela de John Steinbeck, East of Eden (Al este del Paraíso, 1952), llevada al cine por Elia Kazan con James Dean en 1955, pero se trata de un detalle menor sin mucha relevancia."







José Alcántara Almánzar nació en Santo Domingo, República Dominicana, el 2 de mayo de 1946. Es educador, narrador, ensayista y crítico literario. Casado con la escritora Ida Hernández Caamaño (1949) desde 1971, es padre de Ernesto (1974), Yelidá (1976) y César (1980) Alcántara Hernández. Durante siete lustros trabajó como educador en el Colegio Loyola, Santo Domingo (1969-1973), el Instituto Cultural Domínico Americano (1972-1974), la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD, 1973), la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU, 1974-1984), y el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC, 1981-2001), donde impartió numerosos cursos de sociología. Fue profesor Fulbright (1987-1988) en Stillman College, Alabama, Estados Unidos de América, donde enseñó cursos de Cultura y Literatura del Caribe. Se retiró de su carrera como profesor en enero de 2001.
Fue el primer Presidente de la Asociación Dominicana de Sociólogos (1977-1979), miembro del Jurado de Ensayo de los Premios Siboney (1980-1985) y del Consejo de Investigaciones del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (1983-2001). Participó como colaborador del diccionario Caribbean Writers: A Bio-Bibliographical Critical Encyclopedia (1979), que tuvo como editor al catedrático e investigador norteamericano Donald E. Herdeck. Ha sido jurado del concurso de cuento de Casa de las Américas, La Habana, Cuba. Se ha desempeñado como asesor editorial de varias instituciones culturales y desde hace un cuarto de siglo es asesor de la Fundación Corripio Incorporada. El 25 de agosto de 1995 ingresó al Banco Central de la República Dominicana como subdirector de la Biblioteca «Juan Pablo Duarte» y el 16 de febrero de 1996 fue designado Director del Departamento Cultural, posición que desempeña hasta el presente.

En su calidad de autor ha publicado cinco colecciones de cuentos, nueve libros de ensayos literarios, diez antologías personales, de autores nacionales y de temas de sociología, y en 2003 unas memorias institucionales para el Grupo León Jimenes, tituladas Huella y memoria: E. León Jimenes. Un siglo en el camino nacional (1903-2003), escritas en colaboración con Ida Hernández Caamaño, su esposa. Su obra narrativa ha sido objeto de una tesis de maestría en traducción, realizada por Luis Alejandro Guzmán Valerio (Puerto Rico), dos tesis doctorales, escritas por las académicas Nívea de Lourdes Torres Hernández (Puerto Rico) y Carmen Benítez de Morales (Estados Unidos de América).
(Tomado de Wikipedia)




Máximo Vega  nació en el año 1966, en Santiago de los Caballeros, República Dominicana. Ha publicado los libros: “Juguete de Madera”, “Ana y los Demás”, “La Ciudad Perdida”, “El Final del Sueño”. Ha sido antologado nacional e internacionalmente. Su obra ha sido traducida parcialmente al inglés, alemán, francés, italiano, y a idiomas como el ruso o el armenio. En el año 2000 el Taller Literario Virgilio Díaz Grullón de la extensión de Santiago de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (CURSA-UASD), lo reconoció como el Joven Intelectual del Año. Ha obtenido diversos premios en concursos de cuento y de ensayo: Concurso de cuentos de la Alianza Cibaeña, Concurso de literatura joven de Higüey, Concurso de ensayo de Amantes de la Luz, Concurso de ensayo sobre José Ramón López del periódico El Nacional, etc. En el 2002 obtuvo el Premio de Ensayo sobre los 200 años del nacimiento de Víctor Hugo con el trabajo “Víctor Hugo en la Historia”, traducido al francés. En el año 2005 se colocó un cuento suyo en un libro de texto para estudiantes universitarios, en México y Puerto Rico, y ese mismo año Ediciones Ferilibro publicó la antología “El Cuento Contemporáneo de Santiago”, preparada por él. En el 2005 ganó el Premio Nacional de Cuento de la Universidad Central del Este (UCE), con su libro “El Final del Sueño”. En el 2008 ganó el Primer Premio del Concurso de Novela Corta de la Fundación Global y Desarrollo (FUNGLODE), con la novela “El Mar”, publicada luego en el 2019 como “Al Borde del Edén”. Ha aparecido en antologías literarias en Puerto Rico, México, Italia, España, Colombia, Estados Unidos, Polonia, Venezuela y Rep. Dom. En el 2011 publicó “El Libro de los Últimos Días”, un volumen que recoge varios de sus ensayos, y en 2015 el Banco Central de la República Dominicana publicó su libro “Era Lunes Ayer”, que recoge toda su producción cuentística hasta la fecha. También en el 2015 participó del libro “100 años de genocidio armenio: Un siglo de silencio”, junto a intelectuales latinoamericanos y europeos, que ha sido traducido a múltiples idiomas como el armenio, ruso, francés, alemán, inglés, etc. Es presidente del jurado del Concurso de Cuentos de Radio Santa María, además de ser jurado en varios concursos nacionales, y ha impartido conferencias sobre Literatura en el país y el extranjero. Es fundador y coordinador del Taller de Narradores de Santiago. 

martes, 7 de enero de 2020

Ciudad Cultural: programa cultural

Resumen del año 2019 del programa de televisión Ciudad Cultural. Ciudad Cultural es un programa cultural que se transmite cada sábado a la 1:00 de la tarde a través del canal Radiovisión Educativa, canal 54 del Telecable CLARO de la República Dominicana. Se realiza desde el estudio en Santiago de los Caballeros. A través de entrevistas, reseñas de exposiciones de artes visuales, recomendaciones de libros, invitaciones y comentarios sobre actividades culturales o temas importantes en el terreno educativo y cultural, se hace cada semana el programa. Debido al sacrificio que conlleva mantener un programa de esta categoría, no sabemos si vamos a continuar un año más, en un país pequeño como la República Dominicano, desde una ciudad que no es la capital, sino Santiago, la segunda ciudad en importancia del país pero que de todas maneras no es la capital, el centro político y económico del país. Pero mientras tanto dividimos este primer año, que quizás sea el último, en dos partes, así que recomendamos que vean estas dos partes del resumen del año 2019, las entrevistas, los temas, etc. resumidos en imágenes de lo más relevante. Gracias.

Primera Parte:


Y esta es la Segunda Parte:



Si puedes y quieres, suscríbete al canal de Youtube y déjanos un comentario.


martes, 12 de noviembre de 2019

Alicia, cuento de Máximo Vega:



         Cuando lo vio desmontarse de la motocicleta Honda 70 con la camisa pegada al pecho por el sudor, el cromo aquel con el diente de oro y los pantalones acampanados,  y el afro que  regresaba y los dedos  llenos  de anillos de plata, se dio cuenta enseguida de que ese era el hombre para ella. No hubo ninguna clase de idealización, ningún ensueño. Se apeó del motor como de un caballo y se miró como al descuido las uñas pintadas con barniz natural, le hizo saber de inmediato a todas las mujeres del barrio  que él era el matatán nuevo de la cuadra y que, si quería, podía romper las palmeras bordadas de su guayabera con la inflexión de sus pectorales, y que el  ron que traía metido a las malas en el bolsillo trasero del pantalón y que le abultaba  la  nalga no era sólo un  beeper ocasional, no, que si se ajumaba era capaz de comerse a los buzos del vertedero municipal, que detuvieron su trabajo con sus caras sucias para verlo caminar hacia Alicia, la petiseca que  nadie nunca pretendió, el fleje que había llegado rápidamente a jamona  mientras veía a sus hermanas menores salir una a una de Rafey del brazo de hombres feos y bajitos que las pusieron a valer con casas en el Ejido y en Pueblo Nuevo. La indigesta Alicia, la que coleccionaba muñecas lanzadas al zafacón por niñas ricas que crecían o que las cambiaban por otros juegos virtuales o blackberrys infantiles, las barbies rubias y blancas que llegaban despedazadas al basurero. Cada palomo, cada buzo, cada vez que hallaba alguna en tan mal estado que no podría revenderse, se la llevaba como una ofrenda a la adolescente que se hizo vieja esperando al principesco tíguere azul que la sacaría del mal olor y la montaña de papeles de colores. Su madre sentía lástima por ella, por la flaca obsesionada con la carretera que sale de Rafey, mientras les comentaba a los vecinos: “Ah, mi niña que se hizo vieja, mi niña que nunca creció, que nunca  se matrimonió”, hasta que llegó el superhombre que la cargó hasta su motocicleta con el sillín adornado con el dibujo morado de una mujer en bikini. Se casó tres meses después con el piloto del motor de los flecos de colores, que  necesitaba una mujer que le cuidara la casa y que nunca saliera de ella, una mujer que le aguantara las infidelidades con cueros obscenos que usaban desodorante de cajita y soñaban con sus propios príncipes, mientras Alicia lo veía partir en la motocicleta, aunque antes  de  irse la besaba en la boca y le preguntaba, con ternura: ¿Y quién es tu hombre que  te quiere y que  te ama y que  no te va a dejar nunca por ninguna de esas putas que son namás que  para pasar el rato, para que recuerdes que tú eres la primera y que siempre te trato y te trataré como  una dama?

         Y Alicia, feliz. Su  cromo era la  envidia de sus  hermanas,  el moreno felino y vulgar era el deseo insatisfecho  de todas las muchachas  del barrio,  aun de aquellas  jovencitas  a  las que ella les llevaba casi 20 años. Lo que pasa  es que  no puedo irme con él, se excusaba con sus hermanas, lo que sucede es que él no puede montarme  en  la motocicleta y llevarme lejos,  mientras peinaba  las  muñecas medio  calvas,  pero  rubias,  que la  miraban sonreír con uno solo  de sus  ojos azules, con sus  piernas  o  sus  brazos mutilados. Nada nos  va a separar,  nada, ni  siquiera  los chismes que pululan  sobre las  constantes peleas  domésticas, o  los rumores de que  la policía lo busca por  venderle marihuana a los  buzos  menores de edad del vertedero; nada podrá corromper este amor  puro que ha llegado  tan a destiempo.  Ni  siquiera  la  trompada tremenda en la mejilla tersa, o aquellas palabras que le causaron un terror ambiguo, indefinido, cuando producto de un reclamo mal entendido le sugirió que lo dejara tranquilo, que  no se metiera en sus asuntos, que se limitara a lavarle y a plancharle y a mantenerle  la casa limpia para los socios que lo visitaban  los  fines de semana, o para los demás tígueres  sonámbulos  con los que  bebía hasta las tres de la mañana,  que  esperaban de ella, a esa  hora  extrema de  la  madrugada, algún sancocho caliente y espeso  para  matar  la  borrachera,  alguna sábana limpia para  dormir  en su  sofá de palitos  o en  el  suelo  pulcro.  Pero  nadie se  atrevía a  tocarla, pero  ninguno  se arriesgaba a profanarla mientras  su  marido estuviese allí  acariciándole  el cabello,  revisándole  los  moretones  de  los  ojos,  besándoselos  y lamiéndoselos  con una lengua larga  y babosa de reptil. Repitiéndole:  Pero  es que tú  eres  la culpable,  mi vida,  la culpable de que yo me  ponga  así  porque  me  llevas  la contraria  y me  aceleras,  y  yo entonces  me  encojono contigo como un niño  pero eso  es  porque te quiero demasiado.

         ¿Quién podría  dudar que tenía  un  matrimonio  estable, duradero? Ya sus hermanas no  la visitan, pero, ¿qué importa? Mientras  se revisa  en el  espejo la boca hinchada, sangrante,  mientras peina con fruición las muñecas viejas e imperfectas que se amontonan por cientos en los rincones de los dormitorios, se enfrenta a su madre que le pregunta por qué diablos continúa viviendo con ese hombre que la maltrata, por qué le aguanta esa vida, si eso que ella vive puede ser llamado vida.

Pobre mamá. No es capaz de imaginarse lo feliz que es. Le muestra una foto de su príncipe rabioso con el miembro que se le dibuja a través del pantalón ajustadísimo, lúbrico y enorme, aunque ni siquiera está erecto. Le acaricia el pecho, le besa la cara pequeñita de la fotografía. “Estás loca, mi hija”, le dice su madre, pero al mismo tiempo sabe que no puede dejar de visitarla, que no puede abandonarla como lo han hecho hace tiempo todas sus hermanas. Si le exige decidir entre ambos, está consciente de que su hija lo escogerá a él. Así que continúa yendo todos los días a la casa, a empujarle la silla de ruedas más allá de la calle de tierra y de la barranca al otro lado del basurero, para que Alicia por lo menos pueda ver, a lo  lejos, los techos de la ciudad perdida y los edificios altos, para esperar que algún día despierte y descubra que su cafre le muestra su diente de oro a mujeres que caminan y no son putas, que la soledad y el destierro del alma son preferibles al complejo, al castigo y a todas aquellas formas tan astutas del dolor.


 (Del libro "La Reacción Phillips")





martes, 29 de octubre de 2019

Literatura Dominicana en el contexto del Caribe:


(Conferencia leída en el Congreso sobre Literatura y Política Cultural en la Alianza Cibaeña, Santiago, República Dominicana, mes de agosto 2019)


En la República Dominicana, a partir del siglo XIX, con la aparición de la novela “Enriquillo” de Manuel de Jesús Galván, y las aproximaciones poéticas, décimas y poemas con una estructura oral de Juan Antonio Alix (1833-1918), además de la aparición de los poetas de finales del siglo XIX como Salomé Ureña (1850-1897), Gastón Fernando Deligne (1861-1913) y José Joaquín Pérez (1845-1900), empezó lo que podría llamarse la tradición literaria nacional, que a pesar de la novela romántica de Manuel de Jesús Galván tuvo siempre una impronta poética. El movimiento literario denominado Postumismo, nacido en el mes de marzo del 1921, con su sumo pontífice Domingo Moreno Jimenes, integrado además por Andrés Avelino, Rafael Augusto Zorrilla y otros escritores que surgieron a su alrededor, algunos que formaron sus propios movimientos, como Vigil Díaz, fundador del Vedrinismo, al que sólo pertenecieron él y el poeta sancristobalense Zacarías Espinal; los Independientes del 40: Manuel del Cabral, Tomás Hernández Franco, Héctor Incháustegui Cabral y Pedro Mir; la Poesía Sorprendida, que apareció en 1943 ya como reacción al Postumismo, con Alberto Baeza Flores, Mariano Lebrón Saviñón, Aída Cartagena Portalatín, Antonio Fernández Spencer, Franklin Mieses Burgos, Manuel Rueda, etc., y la Generación del 48 con Abelardo Vicioso, Abel Fernández Mejía o Máximo Avilés Blonda, entre otros, tienen algo en común: todos son movimientos puramente poéticos. Para que apareciera en el contexto literario nacional un grupo que reuniera a los narradores, sobre todo al principio cuentistas, se tuvo que esperar con paciencia hasta el Frente Cultural surgido durante la Revolución del 65, que abarcó no sólo a poetas, sino a narradores, prosistas, artistas plásticos y periodistas, al que pertenecieron Abelardo Vicioso -venido de la Generación del 48-, Miguel Alfonseca, Ramón Francisco, René del Risco, Juan José Ayuso, Jeannette Miller, el poeta dominicano nacido en Haití y muerto durante la invasión norteamericana Jacques Viau Renaud, entre otros, y a la Generación de Posguerra, a la que pertenecieron los escritores del Frente Cultural, además de Mateo Morrison, Tony Raful, Andrés L. Mateo, Alexis Gómez Rosa, Norberto James, Franklin Gutiérrez, Soledad Álvarez, Apolinar Núñez, Pedro Peix, Iván García, etc. Lo cual no significa que no aparecieran anteriormente narradores esporádicos, solitarios y descontextualizados, aunque también poetas de medio tiempo: Marcio Veloz Maggiolo, Freddy Prestol Castillo, Ramón Marrero Aristy, Juan Bosch, Virgilio Díaz Grullón, Alfredo Fernández Simó, etc. Hasta llegar a la Generación del 70 (Juan Carlos Mieses, Radhamés Reyes Vásquez, Chiqui Vicioso -cuya relación con esta generación es problemática, puesto que publicó su primer libro de poemas en el año 1981-, José Enrique García, Pedro Pablo Fernández, Sabrina Román, Manuel Mora Serrano -que es difícil de catalogar puesto que publicó su primer libro en el 1973, a los 40 años, y su primera novela en 1980, a los 47- y Rafael García Bidó) -entre algunos otros que al final se adhirieron a la más conocida Generación del 80, como René Rodríguez Soriano, Tomás Castro, Juan Freddy Armando, Aquiles Julián, Roberto Marcallé Abreu, etc.-, los narradores José Alcántara Almánzar, Armando Almánzar, Arturo Rodríguez Soriano, etc., hasta llegar a la Generación del 80, con José Mármol, Basilio Belliard, Plinio Chahín, Jorge Piña, Julio Adames, Dionisio López Cabral, Pastor de Moya, Dionisio de Jesús, León Féliz Batista, Fernando Cabrera, Ruth Acosta, entre otros y otras, que abarcó también sobre todo a poetas, pero de la cual formaron parte, a pesar de la autoproclamación de algunos de sus miembros, que decidían quién formaba parte y quién no, como si se tratara de un movimiento literario y no de una generación, narradores como Avelino Stanley, Rafael García Romero, Rafael Peralta Romero, Manuel García Cartagena; poetas/narradores como Pastor de Moya, Ángela Hernández o René Rodríguez Soriano -que al final es más cuentista que poeta-, y que ha sido la más amplia de las generaciones literarias, en una pequeña nación en la cual las generaciones y los movimientos literarios se encuentran intrínsecamente ligados a la realidad nacional, a lo que acontece fuera de los ámbitos puramente literarios.
    
Se encuentran, por supuesto, los narradores descontextualizados de lo que sucedía alrededor de los movimientos poéticos, porque era precisamente eso, es decir, narradores. Los movimientos literarios eran poéticos. Se encuentran, además, los escritores que vivían y hacían vida literaria fuera de la ciudad de Santo Domingo, la ciudad capital, que fueron invisibles hasta mucho tiempo después de su aparición publicando libros, y luego de su desaparición física, en un país pequeñito que, sin embargo, parece enorme, infinito para la cultura que se hace más allá del Distrito Nacional. Hemos escrito un ensayo sobre los escritores de la Región Norte del país, desde finales del siglo XIX hasta finales del siglo XX.




En un país en el cual el siglo XX surgió casi como tragedia nacional, con dos invasiones norteamericanas, un dictador que gobernó por 31 años, un presidente posterior democrático derrocado, una guerra civil, la invasión de 1965, los llamados Doce Años autoritarios del presidente Joaquín Balaguer, escritor él mismo; tres incursiones guerrilleras fracasadas, un presidente suicidado y otro encarcelado por corrupción, era obvio que tenía que propiciar una literatura sumamente política, pero además un tipo de literatura que cambia a medida que también ha aparecido un cambio en el ámbito social o político. Por ejemplo, la dictadura trujillista propició de alguna manera el nacimiento de la Poesía Sorprendida; la Revolución del 65 produjo el Frente Cultural; la invasión norteamericana denominó incluso la Generación de Posguerra; la finalización de los Doce Años de Balaguer y la apertura democrática  de 1978 produjeron la Generación del 80; y la estabilidad política y social de finales del siglo XX y principios del siglo XXI ha propiciado el fin de los movimientos literarios y la independencia estética de los escritores. 

Al mismo tiempo, la literatura dominicana es aficionada, de escritores que no se dedican nunca por completo a la literatura, a excepción de algunos privilegiados como Domingo Moreno Jimenes. La tradición literaria nacional ha sido el producto de esporádicas manifestaciones sobre todo poéticas, lo que ha provocado a su vez la aparición de generaciones poéticas nacionales que sin embargo no tienen nada que envidiarle a los movimientos o a las manifestaciones poéticas de otros países latinoamericanos, a pesar de que no es muy conocida o reconocida.  Poetas como Franklin Mieses Burgos, Manuel del Cabral, Salomé Ureña o Domingo Moreno Jimenes cuentan con una poesía de alta calidad literaria -aunque no soy muy dado a utilizar este término casi mercadológico-, y en cierto sentido con una gran literalidad y originalidad, puesto que, precisamente, uno de los problemas de las literaturas nacionales es que copian los movimientos sobre todo europeos, lo cual sucedía además en el resto de Hispanoamérica, adhiriéndolos a la realidad dominicana, dominicanizándolos. Este eurocentrismo, que tiene su explicación en nuestra identidad, en nuestro “ser” dominicano, en el que no vamos a profundizar en estos momentos, ha provocado al mismo tiempo que nos encontremos de espaldas al resto del Caribe, y que reconozcamos a otros escritores de nuestro idioma o de idiomas caribeños como el francés o el inglés como extraños a nuestra propia realidad. Es posible que debido a la condición de poetas de nuestros escritores, para los cuales el idioma, e incluso la idea cierta del poeta como guardián de su idioma, es tan importante, nos hemos alejado de temas, ideas y comportamientos de nuestra región particular, a la que pertenecemos inexorablemente, puesto que en el resto de las antillas se habla en francés (incluyendo al créole), inglés u holandés (incluyendo el patois). Escritores como los haitianos Jacques Roumain, Jacques Stephen Alexis o René Depestre, martiniqueños como Aimé Césaire o Edouard Glissant, de Santa Lucía como Derek Walcott, cubanos como Alejo Carpentier, Guillermo Cabrera Infante, José Soler Puig o José Lezama Lima, son reconocidos en el mundo entero, pero no así los dominicanos de sus respectivas generaciones, teniendo en cuenta además que la región del Caribe ha dado cinco premios Nobel de Literatura (hagan vida o no en el Caribe: caribeños por nacimiento): Saint-John Perse (Guadalupe), Derek Walcott (Santa Lucía), V. S. Naipaul (Trinidad y Tobago), Gabriel García Márquez (que es de Aracataca, Magdalena, en el Caribe colombiano) y Miguel Ángel Asturias (Caribe guatemalteco). A nuestro país nunca llegaron, por ejemplo, movimientos literarios como el “realismo mágico”, lo “real maravilloso” de Alejo Carpentier o el “realismo maravilloso” de Jacques Stephen Alexis, al que sólo se han adherido en la República Dominicana no escritores, sino algunas obras de algunos escritores; como no llegaron tampoco a una isla como Puerto Rico, debido a su condición colonial con respecto a los Estados Unidos. Ahora bien, sí llegó una literatura de género fantástico influenciada por Julio Cortázar y los escritores argentinos, existencialista influenciada por Ernesto Sábato o Juan Carlos Onetti, e incluso una cantidad de poetas nacionales han identificado a Jorge Luis Borges, el más europeo de los escritores argentinos, como una gran influencia en su poesía.

Voy a poner un ejemplo sumamente sencillo. La poeta y novelista Aída Cartagena Portalatín fue muy amiga de Aimé Césaire y Edouard Glissant, además del escritor africano Leopold Senghor, y participó con ellos en las ideas sobre la “negritud” y el colonialismo al que pertenecieron Aimé Césaire y Glissant, y que se expandió por Europa y América en la década del 30 del siglo XX. Ella  viajó al África a diferentes congresos sobre la presencia africana en el Caribe, y escribió un libro de poemas cuyo tema era esa presencia africana de la cual era experta. Sin embargo, cuando escribió su primera novela, “Escalera para Electra”, Aída tomó un tema europeo, el drama “Ifigenia en Tauros” de Eurípides, para estructurar la novela, con su personaje principal, Swain, una Electra que vivía en Moca y asesinó a su madre Clitemnestra, mientras Helene, que es la propia Aída Cartagena, es una escritora que viaja por Europa, se detiene en Grecia y reflexiona sobre la novela como género literario, sobre la novela ideal que quiere escribir. A Aída no se le ocurrió una metanovela sobre el Caribe o sobre África, o sobre la negritud de sus amigos Césaire y Glissant, puesto que sus intereses eran otros, lo cual pone de manifiesto no una hipocresía, sino la realidad de cómo pensamos los dominicanos acerca de África en el terreno intelectual, y sobre nuestros pasado étnico negro y esclavizado. Y ahora sí llegamos a un terreno mercadológico, al espacio de la propaganda. Puesto que ese alejamiento de temas con los cuales se estereotipa desde espacios europeos, en los Estados Unidos y en el resto de Latinoamérica a la región del Caribe, alejó a algunos escritores dominicanos de una preponderancia que estaba justificada en lo estético, no en las modas ni en los modelos artísticos o intelectuales pasajeros, como sucedió con el movimiento de la negritud.

Sólo algunos escritores como Juan Sánchez LamouthNadal Walcott, o Manuel Matos Moquete en algunas de sus novelas, debido a una conciencia racial interior, individual, decidieron escribir sobre el realismo mágico y sobre la presencia del negro en nuestra isla (obviando, claro está, a Manuel del Cabral, cuya búsqueda poética fue más bien sólo literaria, estética, puesto que racialmente era blanco). Escritores como Juan Bosch o Pedro Peix, a quienes yo considero profundamente dominicanos y caribeños, eran sin embargo escritores realistas, a los cuales les interesó poco el realismo mágico. Pedro Peix fue más cercano a Faulkner que a García Márquez, inventándose un pueblo ficticio ("Alcanfores"), más cercano al Yoknapatawpha faulkneriano que al Macondo garcíamarquiano. Un poema como Yelidá de Tomás Hernández Franco tiene como figura principal a una negra que es hija de una mujer haitiana y de un noruego, obviando conscientemente la racialidad negra dominicana. Lo que queremos significar es que este alejamiento de nuestra región caribeña le quitó notoriedad a nuestra Literatura, alejándola de los estereotipos antillanos. Como menciona un principio mercadológico que se aplica a cualquier clase de producto, los lectores buscan determinados temas que satisfagan sus necesidades de lectura en una época determinada; quien no esté dispuesto a escribir sobre esos temas corre el riesgo de no gustar.

En la UNESCO, existe un Centro Regional para el Fomento del libro en América Latina y el Caribe (CERLALC). De acuerdo a las estadísticas entregadas por ese centro, en Hispanoamérica, o sea en nuestro idioma español, existen cinco países donde se venden más libros, y donde más se lee, que son México, Argentina, Perú, Chile, Colombia. El país en el cual más se lee y se venden libros es Argentina, seguido de Chile. Al mismo tiempo, en una coincidencia que no es tal, los premios Nobel de Literatura en idioma español, excluyendo a Miguel Angel Asturias, provienen de esos países, que son: Pablo Neruda y Gabriela Mistral, de Chile, Gabriel García Márquez de Colombia, Mario Vargas Llosa de Perú y Octavio Paz de México, aunque todos sabemos que Argentina hace mucho tiempo debió tener un premio Nobel de Literatura. También los componentes del llamado "boom" latinoamericano pertenecen a esos países donde más se lee: Mario Vargas Llosa de Perú, Carlos Fuentes de México, Julio Cortázar de Argentina, Gabriel García Márquez de Colombia, y José Donoso, que se autoproclamó en sus memorias ("Historia personal del Boom") como “la quinta pata del boom”, de Chile. También la mayoría de los ganadores de los Premios Cervantes de Literatura, o de concursos importantes literarios convocados por editoriales que realmente son multinacionales de la industria del libro, son ganados por escritores de esos países. Es decir, todo no sucede por puro azar, sino que la promoción de la literatura cuenta con un componente mercadológico que no es posible obviar. Un escritor dominicano, así como otros escritores de regiones ubicadas en la periferia, no podrá nunca acceder a este tipo de promoción, independientemente de la calidad de su literatura. Decía el escritor salvadoreño Manlio Argueta, en su novela “El Valle de las Hamacas”, de forma sarcástica, que los centroamericanos “son unos resentidos, porque les tocó nacer en el culo del mundo y esa es una situación a perpetuidad”. Al mismo tiempo, no podemos contar con el estado para que propicie el apoyo y el fomento de la literatura dominicana, puesto que nada de esto ha sucedido aún. El estado dominicano prefiere promover la bachata o el merengue, la música popular, la industria cinematográfica en ciernes, porque tiene un propósito político, electoral. Los autores dominicanos sólo son recordados cuando mueren o cuando ya pertenecen a la tradición, nunca en el presente, a no ser que tengan éxito, que ganen un concurso literario importante o que sean reconocidos como escritores, por alguna razón, fuera del país. Cuando se convierten en tradición, entonces los escritores dominicanos son recordados y reconocidos por el estado, incluso por el resto de la población.




En el presente, en este siglo XXI del cual ya han pasado 19 años, casi 20, podemos notar algunas características de la literatura dominicana actual, no joven sino actual, que muestra el cambio que se ha generado no sólo en la literatura, sino en la sociedad dominicana, puesto que ya dijimos que la literatura del país se encuentra demasiado arraigada a los vaivenes de nuestra realidad nacional, muchas veces política:

1-    Los narradores han sobrepasado en cantidad a los poetas. El renglón literario que más se escribe y que tiene más salida en el país es el ensayo histórico, sobre todo de la época de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, y en segundo lugar de los Doce Años de Balaguer, o de sucesos históricos trascendentales cuyos testigos han querido dejar testimonio de su experiencia. La poesía casi no se lee. Algunos poetas se han dedicado a escribir ensayos sobre la tradición literaria nacional, como Fernando Cabrera, Basilio Belliard o José Mármol, sin abandonar la poesía, además de otros poetas que escriben memorias literarias o vitales como testigos de acontecimientos sociales o literarios, como sucede con Mateo Morrison, José Rafael Lantigua, Tony Raful, etc.

2- Luego de convertirse en tradición, como he dicho, aunque algunos de ellos se encuentren vivos, como ha sucedido con Pedro Peix, Marcio Veloz Maggiolo, Hilma Contreras, Aída Cartagena Portalatín y muchos otros, hemos empezado a reconocer la calidad indiscutible de su literatura, a pesar de que no son reconocidos internacionalmente a un nivel mercadológico o editorial.

3-    También hemos descubierto que existe una cantidad de escritores de otros países, sobre todo de países pequeños pero algunos también de grandes naciones -"grandes" en el sentido de la cantidad de habitantes-, que también son desconocidos a pesar de que cuentan con una gran calidad literaria, como sucede con Elena Garro, Antonio Di Benedetto, Manlio Argueta, Nivaria Tejera, José Soler Puig, Luis Rafael Sánchez, Carmen Naranjo, Inés Arredondo, etc.

Los escritores del presente no deberían abandonar la "gran calidad literaria", en la época de la literatura light, de los libros de autoayuda y de la pedagogía que pretende pasar como Literatura. No hemos sobrepasado las condiciones que cambien la perspectiva de que un escritor dominicano que viva en el país sea conocido ampliamente fuera de la isla. El escritor dominicano es un autor aficionado, en el sentido de que escribe en su tiempo libre, porque debe dedicarse a una infinidad de labores para ganarse la vida. Es un autor de pocos libros, sean estos poéticos o narrativos. Eso no va a cambiar en lo inmediato. Debe lidiar con la exclusión, la marginación a lo interno de su propio país, la insularidad, la falta de lectores y la dejadez del estado. Ahora bien, al mismo tiempo debe dejar de permanecer de espaldas al Caribe, puesto que es su región y su realidad. Debería comprender que se encuentra adherido, le guste o no, a un pasado africano y esclavista, y que debe aceptar su caribeñidad en este siglo XXI como una cosa normal y definitiva, como nos explica Manlio Argueta con respecto a Centroamérica. Nuestro idioma es el español y nuestra región es el Caribe, nuestra raza y nuestra etnia es la mulata y la mestiza, entendiendo el mestizaje como una mezcla de diferentes razas, una promiscuidad positiva. Eso es lo que somos. Nuestra cultura es la caribeña. Al mismo tiempo, somos representantes quizás ingenuos de esa caribeñidad, por lo cual se comete una injusticia al descalificar la literatura dominicana o la puertorriqueña como antillana, tratando de definir desde el exterior, desde la ignorancia, lo que ya somos de forma natural.

¿Cómo se escribe en el resto de Latinoamérica? Se escribe sobre el presente, con una prosa muy directa, a veces muy cruda, puesto que ya no hay que escribir de forma simbólica por motivos de dictaduras políticas, religiosas o morales. Han desaparecido hace muchísimos años el Modernismo, el Surrealismo, el Concretismo, el Pluralismo, los movimientos literarios. La marca de la literatura actual es el eclecticismo. Como jurado de una cantidad de concursos literarios, puedo decir que, en el caso de la literatura dominicana, hemos empezado a escribir sobre nuestros problemas sociales: la corrupción, la inseguridad ciudadana, la violencia, la incertidumbre como elemento existencial y literario, etc. No hay una búsqueda de perennidad, sino que el éxito debe llegar en el aquí y en el ahora. Ya no es posible hacer un estudio de la Literatura, no sólo latinoamericana sino del resto del mundo, sin referirse al mercado, puesto que las presiones de la industria editorial han condicionado la creatividad de los autores. Hemos accedido a un lenguaje sucio, agresivo, violento, vulgar a veces, que trata de reflejar sin metáforas ni simbolismos la realidad del país, sobre todo urbana. Es decir: hemos empezado a abandonar la belleza, o por lo menos la idea de belleza, como sucede hace mucho tiempo con otros géneros artísticos, sobre todo con las artes visuales. Esto lo compartimos con el resto de los escritores latinoamericanos. Aunque estamos tratando de no caer en generalizaciones, y en el reduccionismo de analizar la literatura latinoamericana como un todo, como si todos los países latinoamericanos, con tradiciones literarias, realidades socioculturales e individualidades diferentes, fuesen un solo país, lo cual no funciona ni siquiera para etiquetar a los emigrantes al norte del continente americano. 

Debemos tener en cuenta que la calidad literaria no la dan los temas, sino la forma, la manera en la que se escribe. En una obra narrativa, por ejemplo, a un nivel académico se habla de una división entre la Historia de la narración, y el Relato. La Historia es el argumento, lo que se cuenta, mientras que el Relato es la forma en que se cuenta la Historia. Debe haber un equilibrio entre la Historia y el Relato, entre lo que se cuenta y cómo se cuenta, pero hay un consenso general en que lo más importante es el Relato, la forma en la que yo, el escritor, cuento las cosas; o en el caso de la poesía lo más importante, por supuesto, son las palabras, la forma en la que escribo mi poema. La forma se erige incluso por encima del tema o el contenido que he elegido.

La poesía y la narrativa dominicanas han sido subvaloradas por múltiples razones, algunas de ellas las hemos expuesto aquí, pero no podemos obviar tampoco que hemos tenido inmensos escritores relativamente desconocidos, como Manuel del Cabral, Pedro Mir, Franklin Mieses Burgos, Juan Bosch, Pedro Peix, Domingo Moreno Jimenes, Salomé Ureña, entre muchos otros, jóvenes o no, muertos, enterrados o aún vivos y creando. Aunque se escriba en el país durante el tiempo libre que nos deje una existencia caribeña llena de vicisitudes, para que no nos agobie la rutina, la cotidianidad y las dificultades económicas, eso no cambiará en lo inmediato. El escritor dominicano debe tratar por sí mismo de salir de su realidad insular, ahora que cuenta con más medios que nunca antes, que le permiten acceder al resto del mundo sin moverse de su isla, no solamente a un nivel personal o propagandístico, sino estético, que es lo que nos interesa como lectores y como escritores.