Julio Cortázar en la literatura dominicana


El primer libro que compré y leí de Julio Cortázar fue “Las armas secretas”, que contiene los cuentos “Las babas del diablo”, que no guarda  ningún parecido con la adaptación al cine de Michelangelo Antonioni; “El perseguidor” -que curiosamente es el cuento que menos me atrae del libro, aunque es uno de  los más celebrados-; “Cartas de mamá”, que contiene una sorpresa que no nos llega al final; “Los buenos servicios”, y “Las armas secretas”, que es la historia de un violador simpático  (fue escrito en otra época menos estricta, publicado en el año 1959). El libro fue todo un descubrimiento, por supuesto, como le sucede a cualquier joven latinoamericano que lee por primera vez a Cortázar: encontrar casi por casualidad en una librería de libros usados a ese gran maestro que ya se encontraba fallecido, el más viejo de los escritores del boom latinoamericano, sin embargo escribiendo de una manera tan fresca, tan original, tan libre, tan juvenil. Luego empecé a comprar todos sus libros: “Bestiario”, “Final del juego”, “Deshoras”, algunas antologías en las que aparecían sus mejores cuentos, antologías en las que supuestamente se  encontraban sus mejores libros aunque no fuesen de cuentos, ediciones que mezclaban dos libros suyos en un solo volumen, hasta llegar a la lectura insólita de “Rayuela”, una  novela extraña y laberíntica. En mi país, la República Dominicana, a la rayuela argentina la llamamos peregrina, un nombre igual de hermoso pero mucho más directo, menos difuso. Yo mismo jugué a la peregrina muchas veces durante mi infancia, aunque es sobre todo un juego femenino, no entiendo por qué. Leyendo “Rayuela” durante esa juventud un poco ignorante, había pensado que el autor le dedicaba algunas líneas a la ciudad de Santo Domingo, describiéndola con desazón como el portal más ruidoso del mundo, cuando en realidad se refería a  la plaza de Santo  Domingo en la  ciudad de México. Yo soy de Santiago de los Caballeros, al norte del país –a pesar de como nos ven los extranjeros aficionados a la  cartografía, la República Dominicana no es un país especialmente pequeño, es más grande que Bélgica  y  Macedonia del Norte-, y vivo en Santiago de los Caballeros, y Cortázar no se refirió  nunca a la ciudad capital en un párrafo a través  del  cual creí que había visitado alguna vez este país caribeño ubicado entre  Argentina y París, en el que sus cuentos habían influenciado tanto a sus escritores, sobre todo de las décadas del 70 y del 80 del siglo XX. Y no  solo a los narradores, como podría pensarse en un primer momento, y como veremos  más  adelante.

La influencia de Cortázar  en la literatura dominicana ha sido extraordinaria. En un país en el cual el cuento es un género con una fuerza indiscutible y continua, Cortázar ha  influenciado a los cuentistas no en la  temática, puesto que a los escritores  influenciados no les ha interesado el camino del género fantástico, sino en la forma,  en el estilo. René del Risco Bermúdez; Arturo  Rodríguez Fernández, quien no negaba en  entrevistas y charlas su admiración por Cortázar; Miguel Alfonseca; René Rodríguez Soriano, a  quien  siempre  se  le  ha “acusado”, como  si fuese una culpa, de parecerse a Cortázar, y que tampoco lo negaba,  a  tal punto de que tiene un libro llamado “Todos los juegos el  juego”, parodiando o remedando a “Todos los fuegos el fuego”, de 1966, el año  de mi  nacimiento. También debemos recordar los poemas de  Enriquillo Sánchez de su libro “Por la cumbancha de Maguita” (1985); es decir, esa “Maguita” que sabemos a quién se refiere o a quién intenta homenajear, y que también habla de París, pero del París de Cortázar, de  ningún otro. Y  esto es  lo  verdaderamente interesante. Los cuentos realistas de esos escritores, como “Su nombre Julia” de René Rodríguez Soriano, o “Las metamorfosis de las moscas” de Arturo Rodríguez Fernández, se encuentran influenciados por el estilo inconfundible de un escritor argentino que vivió prácticamente toda su vida en París cuyo género era el fantástico, muchas veces con tendencia al terror, al miedo a lo desconocido con influencias surrealistas, lo inusual o lo que nos parece ajeno y terrorífico. Nada de esto ocurre en los escritores mencionados, aunque sí aparece la forma, el estilo, una manera particular de narrar, de decir las cosas para el lector.

El escritor Eugenio Camacho me confesó un día que él no leía a Cortázar cuando estaba escribiendo algo, porque el “estilo” cortazariano  se contagia, y uno tiene la tendencia a escribir así. En el libro “Papeles Inesperados”, que contiene páginas inéditas facilitadas por su viuda, que me hizo el gran favor de regalarme el escritor Luis Córdoba, aparece un cuento excepcional que es posible que Cortázar no haya publicado en vida porque no se corresponde con su estilo; hasta el final, parece el cuento de otra persona. El texto se  titula “Los gatos”, y empieza con  un epígrafe firmado por Vicente Aleixandre: “Cuando acerco a mis labios/esa música incierta”. Su  final ha  sido copiado por mí, también un  cuentista dominicano, en el libro “La reacción Philips”, que fue editado por René Rodríguez Soriano en los Estados Unidos, a  pesar  de que mi  forma de escribir no tiene nada que ver  con la suya,  tampoco mis temas. El cuento se llama  “El mar”, con  una dedicatoria a Julio Cortázar, por supuesto, y  su final dice  como sigue:

Más adelante, casi un año después, tuvieron noticias indirectas. Una exconvicta trajo el anuncio de que se había prostituido en el Bronx, otra, que era camarera en una fonda de Washington Heights. El ex-novio de la fiscalía envió por e-mail la fotografía de una estríper en New Jersey que le recordó a Paola, solo que más vieja y con una cicatriz pequeña cerca de la boca. La primera carta le llegó a su padre, pero no de los Estados Unidos sino de Holanda. Enviaba, tímidamente, besos y saludos. Para navidad, le llegó una postal de Suiza, unas montañas nevadas que contrastaban con lo soleada de la imagen. Siempre estaba bien. Que no se preocuparan por ella. Siempre estaba feliz. Siempre regresaría a visitar a la familia y los amigos el año entrante.

 

            Y el final  de  “Los gatos”:

 

“Más tarde tuvieron  noticias indirectas. Alguien creyó haber visto a  Carlos María en el puerto, andando con marineros. (…)  Un estanciero  de Córdoba les escribió al poco tiempo que había visto pasar un camión con chapa de Santiago del Estero  manejado por un  muchacho que le recordó  a Carlos María. La primera postal  tenía sello de Tarija y llegó tres meses después; la segunda era de Nueva Orleans, para fin de año. Siempre estaba bien. Siempre muy contento. Siempre muchos cariños.”

            El cuento “El mar” trata acerca de un violador nada simpático,  un asesino violento y sin remordimientos que ha sido condenado a permanecer casi toda su vida en la cárcel debido al estupro  y muerte de una niña, y  de la mujer que  se  enamora de él sin conocer la  enormidad de su crimen.

Cortázar no ganó el Premio Nobel de Literatura. Ni el Premio Cervantes, ni el Premio Juan Rulfo, ni el Príncipe de Asturias, no se sacó ninguno de esos galardones prestigiosos. Quizás por indiferencia de su parte, o por negligencia de los encargados de otorgar los premios, no se le presentó la oportunidad de obtener todos esos galardones literarios, aunque sospechamos que, por lo menos al principio, participó en algunos concursos. Uno de sus pocos premios lo ganó “Rayuela”, compartido con la novela “Bomarzo” de Manuel Mujica Lainez: el Premio Internacional de Literatura John F. Kennedy,  lo cual resulta curioso puesto que Cortázar era marxista y no tenía una buena opinión de los Estados Unidos. Un galardón obtenido a pesar de él, puesto que la organización  que  lo  otorgó escogió  dos novelas publicadas que consideraba notables, sin que los autores participasen  con ellas  en ningún concurso. Aunque sabemos que envió sus cuentos a revistas y periódicos para tratar de  que se los publicaran, como hace todo escritor principiante, porque Jorge Luis Borges fue el primero en publicar un cuento suyo en “los anales de Buenos Aires”, la revista en la que era jefe de redacción y que publicó por primera vez “Casa tomada”.



En el centenario del nacimiento de Julio Florencio Cortázar Descotte (26 de agosto 2014), siempre es bueno reconocer, recordar a un maestro. A un maestro indiscutible de las letras en idioma español, quizás en cualquier idioma. En una crónica que escribió Mario Vargas Llosa con motivo de su muerte, contaba cómo, la última vez que lo fue a visitar a París, Cortázar se lo quería llevar por las calles parisinas  para comprar marihuana, libros que nadie compraba y revistas pornográficas: como si fuese eternamente joven, el eterno rebelde que empezaba a morir de  una enfermedad desconocida. Ese monumento que es Rayuela, en la que aparecen personajes divididos, fragmentados, duplicados, una novela que es muchas novelas, no solo dos como al principio aparente y confiese el propio autor, es eso mismo: apariencia, imagen, percepción. Talita es la Maga, Traveler es Oliveira: el mundo puede ser diferente si lo vivimos  desde París o desde  Buenos Aires. Tenemos esa certeza leyendo esa novela. Rayuela, o Peregrina, o Mandala, como se le había ocurrido al principio titular ese libro que ya es  un clásico latinoamericano, a pesar de que cada vez menos gente lo lee.

En este mes en el que se celebra el centenario de Julio Cortázar, el centenario de un escritor que ha influenciado tan grandemente la literatura dominicana, nos aconsejan que no es conveniente hacer especulaciones negativas. Que no lloremos por su muerte, que celebremos su vida. El pesimismo no está de  moda,  a  pesar  de que el mundo se cae a  pedazos. Escritores dominicanos, desconocidos algunos de ellos fuera del país, como Arturo Rodríguez Fernández, René del Risco Bermúdez, Miguel Alfonseca, René Rodríguez Soriano, Enriquillo  Sánchez; escritores jóvenes o no tan jóvenes como Eugenio Camacho, Ubaldo Rosario, grandes admiradores de Cortázar, del estilo de Cortázar, demuestran que el escritor argentino ha sido el narrador extranjero que más ha influenciado la cuentística dominicana durante el siglo XX. Don Virgilio Díaz Grullón nos reveló una vez en una conversación íntima que empezó a escribir cuentos con argumentos fantásticos luego de leer "Bestiario", y descubrir el compromiso político de Cortázar, puesto que pensaba que una cosa no era compatible con la otra en nuestros países llenos de desigualdad social, de dictaduras o de presidentes autoritarios, de pobreza y de violencia desmedida;  don Virgilio descubrió sus temas en lo fantástico luego de hallar ese libro, obviando el estilo cortazariano, que no es el suyo. Juan Luis Guerra, compositor y cantante célebre, confesó que su bachata "Burbujas de  Amor" se encuentra muy influenciada por el cuento "Axolotl" (el  pez que toca el cristal de su pecera con su nariz)… Cortázar dentro de una  bachata, aunque una  fina, elegante, poco barrial. “Mutanville”, aquella “novela” experimental de Arturo Rodríguez Fernández con textos literarios y  cinematográficos, se encuentra  influenciada por la experimentación de “Rayuela”, aunque con el volumen  entre las manos nos parezca no  más  que una revista breve y light, pero también un experimento singular, único.

Al principio del libro  “La búsqueda de los desencuentros” (1974), de Rodríguez Fernández, dos citas de “Rayuela”:

“¿Encontraría a la Maga?”

“Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y  acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita  papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo del dentífrico.”

            Y empezando con el cuento  “Cualquier nombre para Martha”:

“Me dijo que se llamaba Martha, cuando, llevándose las manos a la nuca, dio rienda suelta a sus cabellos. Martha la llamé toda la noche, Martha a secas o Martha apellidada de epítetos amorosos: Martha-cariño, Martha-amor, Martha-felicidad, Martha-vida…”

            O René Rodríguez Soriano en “Alguien vuelve a llenar las tardes de palomas”, de su libro “Solo de vez en cuando” (2005):

“Sentí  el revoloteo de centenares de palomas. Respiré su  aroma de azucena en flor. Oí un trinar de ruiseñores  y me perdí en bandas por los senderos y recovecos del olvido. Oyendo a Julia.  Mirando a Julia. Sintiendo a Julia. Corriendo. Trotando. Tratando de  alcanzarla, de atraerla  hacia mí. Apretarla entre mis brazos en esa tarde que se difuminaba en la plaza llena de palomas, las ruinas del Hospital San Nicolás de Bari al fondo, la  ciudad durmiéndose de a poco, todo transcurriendo y sucediendo y Julia,  incorpórea,  inmaterial, inmóvil y toda mía, y  la banda  tocando el viejo tema de  Basie y el saxo forcejeando, asordinada la trompeta  contrapunteando con el bajo y un como sopor y un recordar al Satchmo y me doy cuenta que no es Santo Domingo, que es Milano, que no son las ruinas ni hay  palomas porque Isa, ahora, en este instante, entre su indefinición, su tartamudeo de español me está diciendo que la Colomba;  sí, lo mismo que paloma, este lugar en donde estamos, le produce esa sensación, como de volar, de flotar, y transmutarse.”

            Múltiples Julias aparecen en el libro de René, así como otras Julias en el resto de su obra; también alguna que otra Julia en los cuentos de Rodríguez Fernández; ambos Rodríguez, aunque no se encuentran emparentados. Ambos miembros de la Generación del 70 en la literatura dominicana, la más influenciada, por razones obvias, por el  escritor argentino-francés, aunque escribía en español. Debía ser así para la Generación del 70: la década de mayor popularidad para los libros de Cortázar, pero también las décadas, las del  70 y el 80, en las cuales la literatura dominicana empezó a abandonar el compromiso político y las necesidades sociales de la Generación de Posguerra –luego de la revolución del 65 y la posterior invasión de los Estados Unidos al país-, y los llamados 12 años del presidente Joaquín Balaguer. En  el terreno poético, llegaron los pluralemas, los poemas y las construcciones experimentales, los contextualismos, la Generación del 80. Llegaron otros intereses, entre ellos los existenciales o los puramente literarios.

Todos sabemos cuál es el nombre real de Martha, o el de Julia, el femenino de Julio, el Cortázar.           

Felicidades en su centenario, allá donde se encuentre. Nadie se lo merece más que usted.


Máximo Vega


           


La Literatura en tiempos difíciles:

 

            Durante estos tiempos complicados, cuando la nación hegemónica pretende continuar manteniendo  un poder que evidentemente ya no posee, a  no ser  en  el aspecto militar, y que pone en riesgo a sus propios aliados tradicionales, la literatura puede plantearse preguntas para los lectores acerca de estos años complejos. La  literatura, mostrando  la realidad, la vida, el alma humana  y el  propio lenguaje, puede provocar una reflexión más profunda acerca de las  dificultades de esta época extraña.

            En una entrevista televisiva, Umberto Eco mencionaba que, quizás, el tiempo que cambia  pudiese traer otro tiempo positivo, un avance en la vida de los  ciudadanos. Sucedió precisamente en la época de la cual  él era experto, la Edad Media europea,  cuando los cambios  sociales provocaron primero una transformación del pensamiento y luego una transformación social, la  llegada de la  Edad Moderna, el  final  del feudalismo y del trabajo servil, que en realidad es un eufemismo para otra clase de esclavitud. Aunque en la propia  época en la cual se vivía, por supuesto, es decir en el presente de los siglos XV hasta el XVIII, no se supiera que se estaba produciendo un cambio epocal, estos cambios sociales demostraban un indiscutible progreso. Luego, en uno de sus últimos artículos periodísticos italianos, el propio Eco nos recomendaba que esperáramos a que esta época terminara, que habría que soportarla hasta que llegara el cambio.

            Apenas empezando nuestro siglo XXI, se nos presentaron los retos que podrían aparecer para los países democráticos a partir del año 2000: los nacionalismos, los fanatismos religiosos, la llegada y el reconocimiento de lo light, lo ligero, la evasión de una realidad difícil hacia lo ficticio, lo fantástico. Carlos Fuentes se preguntaba, en un artículo que tenía que ver con la invasión de los Estados Unidos a Irak luego de los ataques terroristas del 11 de septiembre, hasta cuándo una sociedad democrática mantendría sus valores y sus libertades si sentía que perdía su poder y hegemonía. Ahora nos damos cuenta a qué se refería un visionario como Fuentes.

            Escribió además Umberto Eco: Quien entiende algo del tema reconoce pronto el pasaje del Fedro platónico, citado innumerables veces, en el cual el faraón pregunta con preocupación al dios Toth, inventor de la escritura, si este diabólico dispositivo no hará al hombre incapaz de recordar y, por lo tanto, de pensar. (…) Hoy los libros son nuestros viejos.  No nos  damos cuenta, pero  nuestra riqueza respecto del analfabeto  (o  del que, alfabeto,  no  lee), consiste  en  que él  está viviendo y vivirá solo su vida, y nosotros hemos vivido muchísimas”. Podría pensarse que Eco se refiere a otras vidas en las cuales somos mejores, física o emocionalmente, de lo que somos  en nuestra mediocre realidad de seres humanos atascados en nuestra cotidianidad tan plana. Que los libros, como  los videojuegos o el cine, nos sacan por unos instantes de esa mediocridad para transportarnos a un mundo irreal en el cual somos otros, o  compartimos las vidas interesantes de otros, personajes ficticios que  tienen  vidas mejores que  la  nuestra. Pero ése no es el único planteamiento, aunque algo de ello se puede colegir de las palabras de Eco.  La primera parte nos lleva a una verdad fundamental: el lenguaje nos permite pensar, y pensamos mejor, y recordamos mejor, en  la medida en que manejamos mejor el lenguaje. Es  la magia de las palabras, que estos años ha vilipendiado. La inmortalidad del conocimiento se nos transmite a  través  de los libros, donde somos tutelados por seres eternos que quizás vivieron tiempos más recios que estos que hoy vivimos. Ulises anduvo en el infierno, Jean Valjean vivió varias vidas de persecución y angustia, no podríamos asegurar que Raskólnikov vivió una existencia y una época mejores que la nuestra, mientras Eladio Linacero creaba una vida paralela basada en sus sueños, y Juan María Brausen  se movía entre Buenos Aires y un pueblo ficticio en el cual sucedían hechos reales: la ciudad de Santa María. Todos ellos –además de las palabras en las páginas de Shakespeare,  Kafka,  Cervantes, Juan Bosch, Pedro Peix, Franklin Mieses  Burgos,  Julio Cortázar, Alejo Carpentier, Saramago, Coetzee, Lispector, Güimaraes Rosa, tantos otros, muy conocidos o muy desconocidos- nos hablan de  tiempos diferentes y siempre difíciles,  como  lo  ha sido  toda  la historia de la humanidad.

             Esos libros reflexionaban acerca de su propio tiempo. Las Almas Muertas, que son los siervos del tiempo ruso de Gógol; Ana Karenina, que no era un personaje decoroso, admirable, para Tólstoi, sino una mujer inmoral que le era infiel a su esposo bueno y tranquilo, y que los años han transformado en una ícono de la libertad y  la femineidad, como lo es la triste madame Bovary: aunque no lo parezca, estos tiempos difíciles, como aquellos, esperan ser recogidos por la literatura, y estamos seguros de que ya esto sucede, aunque parezca que los lectores desean otros libros y otras evasiones. La literatura reflexiona sobre esta realidad que nos ha  tocado vivir,  que quizás por compleja es muy interesante, aunque este tipo de literatura  sea recogida y apreciada en el futuro, cuando esta “edad media” que observamos con asombro gracias a la decadencia de un imperio haya terminado, y empiece una Edad Moderna mejor para los ciudadanos que lo exigen, que quieren que esta época de desigualdades termine o cambie.  Esa literatura, entonces, continuará el camino de inmortalidad que empezaron Homero, o Virgilio, o Platón, Aristóteles, Pitágoras, Demócrito, o Lesbos o Catulo, y podremos entender con  más claridad –nuestros hijos, nuestros nietos, puesto que ya no nos encontraremos aquí- una época en la cual decae una forma de  pensar, de  hacer, de gobernar y de comportarse. Quizás estamos viviendo la época del fin de los imperios planetarios, hegemónicos, y llegamos al tiempo de las naciones y las potencias que deben comunicarse, relacionarse a través del comercio, negociar para alcanzar sus objetivos. Esto fue lo que debió haber hecho la potencia hegemónica cuando se supo sola luego de la caída de la Unión Soviética, apoyada sin condiciones por Europa, en lugar de tratar de cambiar el mundo artificialmente en base a sus intereses nacionales. Una nación asustada, temerosa de perder sus privilegios, que pone en peligro al resto de naciones, y que busca en su pasado hegemónico su  permanencia. Tratando, como  antes lo hacía sin oposición, de obligar a través de su poderío incuestionable a los demás países, sobre todo a los pequeños como el mío, a hacer lo que quiere de acuerdo con sus intereses espurios. Pero si algo nos han enseñado los libros y la historia, es que este regreso al pasado también es artificial, y ya no es posible.

            Ahí está siempre la literatura, y siempre estarán los escritores, perseguidos, condenados, denigrados por lo que pueden decir y escribir.

           


Palma Sola: Una historia de amor. Crónica o memoria histórica de lo que pudo haber sido la vida y desarrollo de una comunidad o movimiento mesiánico y apocalíptico, en San Juan de la Maguana.

Palma Sola: Una historia de amor. Crónica o memoria histórica de lo que pudo haber sido la vida y desarrollo de una comunidad o movimiento mesiánico y apocalíptico, en San Juan de la Maguana.

 

Yo escribo libros, ya sé que en las librerías de hoy se venden libros que no son libros, que los abres y no hay nada escrito en ellos, aunque los veas manchados de letras en todas las páginas, una cantidad enorme de frases que no dicen nada. Leer es otra cosa: es una experiencia única, una expedición al fondo de uno mismo, abrirse al mundo y al otro. Eso es la literatura, algo magnífico que te hace ver cosas nuevas que desconocías.

-Peter Handke

 

I

Desde el título nos anuncia el autor Máximo Vega que, aunque su novela se enmarca o escenifica alrededor de la comunidad de Palma Sola, establecida entre 1958 y 1962, específicamente la época en que se produjo la matanza de unas 600 personas por parte de fuerzas represivas del Estado dominicano el 28 de diciembre de 1962; no es aquel suceso, sin embargo, el centro de atención que motiva el relato de Máximo, sino más bien, como especifica el subtítulo de la obra, trata una historia de amor, la cual se desentraña en cuanto hacemos inmersión en su contenido.

    Tampoco resulta centro de interés del autor Vega la dimensión religiosa que supuso el establecimiento de un campamento en torno al culto inaugurado, décadas atrás, por papá Liborio. Una fe religiosa asumida de forma posterior por dos hermanos a quienes dedicamos una parte de estas palabras. La actitud o enfoque del autor de la novela no se define ni en favor ni en contra de la que fuera una comunidad de un singular tinte religioso, al cual respeta y no tiene una mirada descalificatoria, como sí la tuvieron en su momento algunas instituciones y autoridades políticas, sociales y religiosas que veremos más adelante.

Palma Sola. Una historia de amor describe de forma literaria la emigración masiva de hombres, mujeres, ancianos, jóvenes y niños, quienes ocuparon un terreno desierto en la región sur de nuestro país. Comprende, asimismo, el relato de un dramático encuentro y desencuentro de seres humanos dominicanos en la provincia de San Juan de la Maguana, cuyo trágico desenlace se produce en la época inmediata al final de la dictadura, por tiranicidio, de Rafael Leónidas Trujillo en 1961. Una multitud de todas las edades y condición de salud y enfermedad, en sentido físico, emocional y espiritual, confundidos por un movimiento religioso de dos hermanos considerados ‘mellizos’ por su permanente costumbre de andar juntos, como uña y dedo.

      El autor Máximo Vega refleja en su novela un espejo colocado frente a un caserío de bohíos de tejamanil, en torno a una vivienda mayor, coronada con una cruz de palo, como signo distintivo de una versión surrealista de la institución eclesial. Una confesión de connotación cristiana, heredera del fenecido papá Liborio y su culto, entremezclado con citas de los Evangelios, el Apocalipsis y rituales procedentes de tribus africanas. 

 

II

Desde el punto de vista de la trama de esta novela, descubrimos en la versión o interpretación asumida por Máximo algunos personajes inspirados en la vida real, como los mellizos de Palma Sola, y otros, en la mayoría de los casos producto de la pura invención del autor, en este caso dos protagonistas envueltos en una historia de amor: es el caso de Eloy Benoit y una joven atractiva en sus atributos corporales, nativa de Hato del Yaque en Santiago, llamada Milena. La joven emigra al suroeste del país, en peregrinación con una multitud nutrida que se dirige como serpiente sobre los valles y montañas de la cordillera Central hasta Palma Sola. Los eventos más relevantes de la historia que cuenta Máximo se gestan en medio de un maloliente e insalubre paraje de la región Sur del país.

Desde el punto de vista filosófico, Vega nos muestra una perspectiva existencialista, la cual deja entrever en el ritmo y tono narrativo del relato y crónica de Palma Sola. Una idea recurrente de su novela es, pues, contar la historia de los muertos, que, a su vez, son personajes ficticios, inventados por Máximo para dar cuenta, a través de ellos, de los incidentes y precariedades que sumieron a multitudes de personas, en un lapso de unos tres años en los cuales se extendió la construcción del vecindario descrito en forma detallada, en su ambiente campestre, en la novela.

El narrador de la historia es Eloy Benoit, quien se traslada a convivir en el pueblo y es comisionado por las autoridades judiciales y políticas para emitir un informe que expusiese las condiciones irregulares de convivencia de los moradores de Palma Sola. Atestigua y dramatiza la triste y desafortunada crónica de un informe, por momentos combativo y en mayor medida con resignada visión fatalista, de un magistrado o abogado de oficio. Un personaje quien retrata con voz culta y analítica la miseria e ignorancia multitudinaria en un contexto rural, y la correspondencia de dos almas cruzadas por el destino funesto de una comunidad aislada y alienada, bajo el poder mesiánico del mellizo Plinio Rodríguez.

El personaje de Eloy, no obstante, llega a identificarse y simpatizar con la existencia misma de la comunidad religiosa, no en un sentido religioso, pues el personaje de Benoit manifiesta una perspectiva atea e indiferente al ámbito religioso que le rodea en la habitación que ocupa. Es más bien el interés social y humano de los habitantes de Palma Sola y su amor por la joven Milena lo que retiene y mantiene en suspenso la presencia de Eloy en el campamento.

El relato de Máximo se compone de las siguientes partes: según el índice, están: El Mesías; Los profetas; Los hechiceros; Vida de una bruja; La tormenta y El retorno.

El autor Vega nos introduce, desde el primer aliento de la novela, en el paraje de Palma Sola. El licenciado Eloy Benoit es testigo presencial, con cierta noción de arrogancia que matiza su discurso despreciativo de la manera invertida en valores o de mal vivir de sus vecinos en Palma Sola. Por el filtro de esa conciencia y criterio se establece un prisma de todo cuanto ocurre o deja de pasar en la comunidad desgraciada, cuyo aspecto decepciona, desde su llegada, a dos personajes centrales que tienen incidencia en el desarrollo de la historia: una jovencita llamada Milena, y de Genaro, quien la rescata de una segura violación a manos de un largo y delgado maniático sexual llamado Rafael.

Frente a Eloy se halla un autodesignado ‘mesías’ llamado Plinio el mellizo, quien naturalmente, manipula con su influencia magnética o carismática a una nutrida multitud de gente que se había mudado, literalmente, y había construido una comunidad a fuerza de talar árboles en los alrededores cercanos a un río. 

 Un tercer personaje relevante en la historia inventada es Milena. Se cuenta que la misma aprende a leer, no en la escuela, pues su familia no le permitió estudiar, con el pretexto que era demasiado fea y nunca llegaría a nada en la vida. En lugar de obtener educación formal en un curso o liceo, recibe instrucción de un hombre llamado Rafa, quien era, incluso para ese entonces, casado. Pero había tenido el privilegio de estudiar. Este enseña a leer a Milena a cambio de darle besos y que ésta le muestre los senos… al perverso profesor. Debido a su pasión por la lectura, Milena pronto supera en destreza a su improvisado y aprovechado tutor.





III

El corazón del planteamiento de la obra gira en torno a dos polos de alto contraste que mueven el curso del relato: hay un personaje que es un abogado, Eloy Benoit quien sostiene una cosmovisión atea. Ese personaje llega a Palma Sola y conoce a una persona, una joven, quien es exactamente lo contrario a él: una fanática religiosa de la religión de Liborio Mateo llamada Milena. Son dos personajes que tienen unas ideas completamente contrarias. Eloy es un hombre culto quien recibe revistas de España, quien lee poemas, algunos le gustan, algunos no le gustan. Es una persona a la que le gusta leer, es un profesional y se encuentra con una joven que es, prácticamente, analfabeta. Que sabe leer un poco, pero que dice ella que le gustan los libros y que ha empezado a leer unos libros que él llevó.

Esos dos personajes que son contrarios y que se enamoran encierran la idea central de la novela. Cuando llega Eloy al pueblo se va poniendo de acuerdo poco a poco con sus moradores. No en un sentido religioso (pues a él no le interesa eso, pues no es creyente). Sino en un sentido social. Él no puede entender que esas personas que no han cometido ningún delito sean perseguidas por el Estado. Por la iglesia oficial católica, por los terratenientes, por la prensa, por los intelectuales, etc. Que quieren que eso desaparezca.

Cuando él llega ya no percibe las cosas a través de la prensa, no ve el desenvolvimiento de la vida en Palma Sola a un nivel intelectual, sino que participa de la vida del pueblo y conoce a toda esa gente; entonces él dice: “Ah, pero… No era como decían”. O sea, esto es otra cosa. Y simpatiza con el pueblo. Se enamora de Milena, aunque nunca acepta la creencia del pueblo. Cree que es una creencia falsa, pero es consciente, a su vez, de que cada quien es libre de creer en lo que le plazca, por supuesto. No estamos planteando un relato en nuestra época actual, sino en un período de transición política, desde el ajusticiamiento de Trujillo y un poco antes de la llegada de Juan Bosch al poder; incluso antes de las elecciones. Entonces, tal es la idea de la novela.  Un choque entre dos personas que piensan distinto. Incluso el libro tiene una estructura de tragedia griega, pues Eloy dice que él es el único que puede salvar al pueblo, etc., etc. Aunque ya el lector conoce los hechos, sabe que es una cuestión histórica. Ya sabe lo que pasó. El lector sabe que, por más que él luche o quiera hacer lo que quiere hacer, nunca podrá triunfar.

      Máximo Vega aporta, por tanto, un tratamiento estrictamente literario, que no tiene nada que ver con un análisis religioso del pueblo de Palma Sola. El personaje de Eloy no modifica su parecer nihilista de la existencia humana. Por lo que nunca regresa al poblado, lo que sí sucede con la muchacha Milena (ya convertida en una mujer con hijos). Y ella sí empatizaba con todo el mundo. Y quería a todo el mundo y todo el mundo la quería a ella. En cambio, Eloy siempre estaba solo y no le interesó el derrotero del pueblo. Lo que le interesó fue seguir con su profesión, vivir una vida cómoda económicamente. Pues tenía un buen trabajo y mantuvo a su familia. Esa es, pues, la idea de la novela.

 

IV

A nivel estructural, la novela exhibe rasgos sobresalientes que resaltamos a continuación: la historia mantiene vivo el interés del lector desde su primer capítulo. La narración no sigue una progresión apegada a un marco cronológico lineal, sino, más bien, se expresa en un manejo del tiempo circular, donde cobran vida y se desenvuelven las historias particulares de una serie de personajes inventados, como ya hemos visto.

De tal forma, el contexto de la historia de Palma Sola: una historia de amor lleva el rumbo de una inevitable tragedia, debido, en parte, a la reprobada visión que tuvo la iglesia oficial del catolicismo, por un lado, lo mismo que el parecer negativo del general Francisco Rodríguez y del procurador de la corte de apelación de San Juan de la Maguana, doctor Tomás Susaña, en vista del estado de hipnosis colectiva que dominara la mentalidad de la multitud, que defiende a su mesías de la amenaza de un helicóptero militar que sobrevuela, casi al ras del suelo, el campamento de los hermanos Rodríguez. Uno de los cuales (llamado León) traiciona la causa del mellizo Plinio y le ruega por el altavoz a la multitud que se abstenga de celebrar un culto el día 28 de diciembre. La multitud enteramente convencida de la conexión de su líder con el Soberano del Universo lo protege y rodea mientras Plinio vaticina: “las balas se convertirán en copos de algodón”.

 

V

La lectura de esta obra bien nos puede brindar la oportunidad de meditar en la penosa y lamentable experiencia que significó para la historia de nuestro país, el establecimiento y disolución de un campamento de culto liboriano, cuyo fruto o saldo negativo fue un baño de sangre, digno de un estudio y meditación que nos proporciona Máximo Vega, en un relato de altísima sensibilidad humana. Se trata entonces de una novela que pone sobre la balanza acontecimientos lamentables, pero verídicos, que estremecen nuestras fibras más sensibles. Detrás de ellos existieron seres humanos con virtudes y defectos, que hoy por hoy, nos alumbran el camino para disuadirnos o persuadirnos a una convivencia más civilizada, menos extremista ni fanática. Respetando, sobre todas las cosas, la vida y la individualidad de nuestros semejantes.

Concluyo con unas palabras del literato Paul Auster acerca del alcance que puede tener la lectura de un libro, en este caso para mí. Palma Sola. Una historia de amor es un vivo ejemplo de las palabras que citamos a continuación:

“Un libro no acabará con la guerra ni podrá alimentar a cien personas, pero puede alimentar las mentes y, a veces, cambiarlas”.

 

Ariel Ortiz Pérez

6/ 24/ 2025


Ariel Ortiz


Palma Sola, o la novela de la memoria histórica de la República Dominicana

 

(Charla efectuada por  el autor en el Ateneo Amantes de la Luz acerca de las motivaciones para escribir su novela “Palma Sola: una  historia de amor”, en la tertulia literaria El Oficio de  la Palabra)

Máximo Vega-mayo 2025.-

 

            Durante una entrevista televisiva, el escritor dominicano Marcio Veloz Maggiolo comentó que sus novelas no podían clasificarse como “históricas”, sino que eran más bien libros sobre la “memoria histórica” dominicana. Se extendió un poco en su planteamiento  aclarando que una novela “histórica” podría ser aquella que se encuentra basada con exclusividad en hechos reales, con personajes reales que son ficcionados por el escritor, pero que nunca pueden traicionar su realidad histórica. Todo lo que sucede en una novela de este tipo es real, fácilmente contrastable por el lector o la academia, aunque su intención sea narrativa. De una manera diferente, una novela de la “memoria histórica” tiene como fondo o contexto lugares, tiempos, hechos históricos reales, pero sus personajes pueden ser ficticios, y los hechos cotidianos que se narran pueden ser invenciones del narrador. Entre la maraña de los hechos históricos y reales se mueven personajes ficticios creados por el autor, como sucede con novelas como “Los miserables” (1862) de Víctor Hugo, que transcurre antes, durante y después de la Revolución Francesa, o “Los tres mosqueteros” (1844) de Alejandro Dumas, donde hallamos a Enrique IV, Luis XIII, el cardenal Richelieu, personajes secundarios pero reales como soporte a los verdaderos héroes: Athos, Porthos, Aramis, el joven dʹArtagnan, que han vivido exclusivamente en la imaginación de Dumas, y en la nuestra luego de haber leído con infinito placer sus narraciones folletinescas.

            Puede decirse lo mismo de aquella novela de la memoria histórica que menciona don Marcio, pero que transcurre en Latinoamérica: “El siglo de  las luces” (1962), o “El reino de este mundo” (1949), ambas de Alejo Carpentier (entre otras suyas, por supuesto); “El pan dormido” (1975), primera parte de una tetralogía novelística de José Soler Puig, que transcurre durante la dictadura del cubano Gerardo Machado (1925-1933), el “fascista tropical” que aparece en otra  novela de Carpentier titulada “Retrato de un dictador” (1933); o las novelas de Mario Vargas Llosa, un arquitecto de la novela, un constructor más que un artista, como él mismo se definía: “La fiesta del chivo” (2000), durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo; “El paraíso en la otra esquina” (2003), biografía sobre la decadencia vital de Paul Gauguin, pero también acerca de su abuela marxista peruana; “Tiempos recios” (2019); “La guerra del fin del mundo” (1981), una novela acerca de la masacre de los canudos en Brasil, basada en un libro de Euclides Da Cunha que sí es histórico, pero que  no cuenta con la pericia narrativa de Vargas Llosa. Antes de  la escritura  de “La fiesta  del chivo”, podía verse a Vargas Llosa en la ciudad de Santo Domingo, o en  Santiago, andando por el Archivo General  de  la  Nación o a través de  las bibliotecas del país, haciendo investigaciones y lecturas para luego escribir su exitosa novela. Lo  mismo ocurre con otros  libros suyos, con otras novelas basadas en hechos históricos reales, biográficos, autobiográficos o no, así como las de otros autores latinoamericanos que han obtenido de la consuetudinaria inestabilidad social de la región algunas de sus grandes historias universales.

            La mayoría de las novelas dominicanas “históricas” con cierto reconocimiento literario, en realidad son novelas de la “memoria histórica”, incluyendo aquellas del propio Veloz Maggiolo: “Enriquillo” (1879), de Manuel de Jesús Galván, que transcurre durante la colonización de La Hispaniola en el siglo XVI; “El Masacre se pasa a pie” (1973), de Freddy Prestol Castillo; las novelas de “la caña” dominicanas, que comparten esta temática que transcurre en la región Este del país, donde proliferaron los ingenios azucareros y por  lo tanto las plantaciones cañeras: “Cañas y bueyes” (1935), de Francisco Moscoso Puello; “Over” (1939) de Ramón Marrero Aristy; “El terrateniente” (1960) de Manuel Antonio Amiama. Las novelas de Maggiolo: “De abril en adelante” (1975), “Ritos de cabaret” (1986), “Materia prima” (1988), etc., se encuentran colocadas en esta lista por su propio autor. En esta última, la más ambiciosa de Veloz Maggiolo y quizás su mejor texto, personajes reales dominicanos actúan con personajes ficticios del barrio Villa Francisca de Santo Domingo, que son los verdaderos protagonistas del relato, además de que Maggiolo trata de hacer una comparación entre los hechos  históricos caribeños y aquellos de la memoria clásica occidental, tratando de emparentarlos de alguna manera. Precisamente la memoria es esa “materia prima” que da título al libro: la Materia Prima, la memoria, la historia, debe servir para transformar la sociedad y el futuro. Es decir que Maggiolo, al final, sabía muy bien de lo que hablaba al referirse a esa “memoria histórica”, puesto que esta definición se encuentra vinculada con sus propios libros, y cuando los escribió estaba consciente del tipo de literatura que quería compartir con sus lectores.

 

La masacre de Palma Sola:

 

            Liborio Mateo nació en realidad como Olivorio Mateo en la provincia más grande del país, pero a la vez la menos poblada, San Juan de la Maguana. Los vecinos decían que el niño era un poco alocado, y a medida que creció empezaron a llamarlo “el aventurado”. Tuvo un mentor en las artes mágicas, el cocolo Juan Manuel, nativo de una de las Antillas Menores, que practicaba sus brujerías ante un público supersticioso y cobraba por ellas de pueblo en pueblo. Olivorio ayudaba al cocolo, aprendió sus ardides, pero en secreto ambicionaba poder convertirse en un Juan Manuel, que un día cualquiera se marchó de la provincia abandonando a Olivorio. Durante uno de los ciclones que asolaban y asolan con regularidad al país desapareció de repente Olivorio, y ni su mujer ni sus hijos se extrañaron, puesto que desaparecía cada cierto tiempo porque era un experto  constructor de empalizadas, que tardaban varias semanas en terminarse. Aunque esta vez su desaparición fue extensa y alarmó a su familia. Decían que no regresaría, que ya se había muerto. Sin embargo, regresó algunos meses después de forma teatral, cuando nadie lo estaba esperando, con un hilo dorado alrededor de la cabeza, pregonando a viva voz que había tenido un encuentro con un ángel del Señor que lo había proclamado como nuevo mensajero del Dios vivo. Creó una iglesia con las personas que le creyeron y lo siguieron en su creencia, empezando por su familia y sus mujeres, puesto que Olivorio era polígamo como el cocolo Juan Manuel. El ángel le cambió el nombre a Liborio, como se había hecho en la Biblia con Abraham y Jacob. La iglesia creció, y Liborio empezó a ser famoso en todo el país. Fue llamado santo y mesías. Se decía que había predicho un eclipse. Que una mujer embarazada que no podía parir fue a buscar su ayuda, Liborio le tocó la barriga y la mujer dio a luz una lechuza. En el año 1910 el cometa Halley pasaría por  los cielos dominicanos, y se mencionaba que chocaría con la Tierra destruyendo la vida en el planeta, pero cuando esto no sucedió se escribieron décimas populares en las cuales Liborio nos había salvado alejando el cometa a balazos.

En el año 1916 Estados Unidos invadió la República Dominicana debido a una deuda internacional contraída por el país, y Liborio y sus seguidores se opusieron a la invasión. Se supone que su iglesia se opuso de forma violenta, con armas y guerrillas, como los gavilleros de la parte Este de la isla, aunque no existen pruebas fehacientes de ello. Los invasores se opusieron a la creencia fundada por Liborio y a su labor ecuménica. Liborio fue perseguido y su iglesia ilegalizada. Se movía por los campos de La Maguana para no ser atrapado. Su oposición a la invasión norteamericana lo popularizó aún más. El teniente Williams, estadounidense, y el teniente Luna, dominicano, lo rodearon con sus tropas y lo asesinaron a balazos en Bánica. Su cuerpo fue exhibido en un parque de San Juan de la Maguana, amarrado con sogas, para que la gente estuviese segura de que había muerto. Existen fotografías de ese momento. Pero nadie creía que ese era el verdadero Liborio. Se popularizó un dicho entre sus seguidores y los campesinos que no pudieron verlo, más allá de San  Juan de la Maguana: “Dicen que Liborio ha muerto, Liborio no ha muerto na”.

            Más de cuatro décadas después hicieron su aparición dos hermanos que pretendían seguir el camino de Liborio: Plinio y León Romilio Ventura Rodríguez. Les decían “mellizos”, aunque en realidad no lo eran. Plinio, líder espiritual del movimiento, fue rebautizado como Plinio Mesías. Decían que a ambos se les había aparecido Liborio Mateo pidiéndoles que fundaran una iglesia y un pueblo, una nueva Jerusalén. Crearon una iglesia que quería ser religión, una creencia cristiana paralela a la iglesia católica: La Unión Cristiana Mundial, con sus propios parámetros y reglas espirituales diferentes al catolicismo. Aceptaban la autoridad papal (en ese momento el papa Juan XXIII), pero no a los sacerdotes, a los obispos, los arzobispos, los cardenales y las demás autoridades católicas nacionales. Fundaron un pueblo: Palma Sola, donde los visitantes debían vestirse con ropas blancas y creer ciegamente lo que se les predicaba de forma agresiva. Se les informaba a los campesinos de los otros pueblos, que trabajaban los siete días de la semana en tierras ajenas propiedad de los terratenientes y los hateros: abandonen su trabajo, vengan al pueblo, nosotros les daremos tierras para que las cultiven y puedan vivir de ellas. Siempre y cuando formen parte de nuestra iglesia. En la entrada de Palma Sola había tres cruces, delante de las cuales los creyentes se hincaban y pedían a Dios, a Liborio y a Plinio Mesías por su salvación. Las peregrinaciones que se hacían hasta el pueblo los días religiosos empezaron a crecer: en la última se aparecieron más de cinco mil personas. Los mellizos eran santos, hacían milagros, curaban a los enfermos, a los dementes, a los deformes, a los hidrocefálicos, tocándoles las cabezas. Alrededor de Palma Sola aparecieron unos “kioskos” montados por negociantes que vendían a los peregrinos lo que no podía hallarse dentro del pueblo, donde estaba prohibido traficar con dinero. También estaban prohibidas las armas de fuego. Para un campesino un cuchillo, un puñal, un hacha, un machete, eran instrumentos de trabajo. En los periódicos, en la radio, periodistas, intelectuales, políticos, sacerdotes, empezaron a desacreditar al pueblo santo de  los mellizos: un lugar insalubre repleto de fanáticos equivocados, de herejes, de apóstatas, donde participaban sin ningún recato la incivilización y el salvajismo. Los mellizos violaban niñas y las dejaban embarazadas. Los haitianos practicaban ritos africanos, creencias vudús, costumbres barbáricas. Para construir el pueblo se habían derribado los árboles de los alrededores: los mellizos habían devastado la tierra virgen.

            Había sido ajusticiado el dictador Rafael Leónidas Trujillo al final del mes de mayo del año 1961, y un gobierno provisional empezó a organizar unas elecciones, las primeras democráticas postrujillo, que se celebrarían el 20 de diciembre del 1962. Un gobierno débil, tutelado por las fuerzas armadas trujillistas y las autoridades de los Estados Unidos. Las tierras donde se había edificado el pueblo de Palma Sola eran comuneras, es decir que no tenían títulos de propiedad, y los terratenientes del Sur codiciaban estas tierras, presionaban al gobierno provisional para que censara a la población, las titulara y se las vendiera a precios irrisorios. Pero sobre ellas había un pueblo religioso irreductible, fanático, el pueblo de Palma Sola, la nueva Jerusalén. Los mellizos proclamaron que no eran políticos, que no les interesaban las elecciones y que no participarían en ellas. El pueblo se encontraba apartado del resto del mundo. Su crecimiento puso en alerta a  la iglesia católica, la iglesia oficial del  país, que había firmado un Concordato con el Vaticano. El 21 de diciembre se supone que fue atacado un destacamento policial cerca del pueblo, con el saldo de varios policías heridos, lo que  sirvió de excusa para que el gobierno provisional decidiera intervenir para impedir una peregrinación multitudinaria que se efectuaría el 28 de diciembre. El día de la matanza y el apocalipsis.

            Fue enviado al pueblo el general Miguel Francisco Rodríguez Reyes, que murió durante la masacre. El general Rodríguez Reyes había sido propuesto para ser Jefe de las Fuerzas Armadas si ganaba las elecciones el profesor Juan Bosch con el Partido Revolucionario Dominicano,  como al final sucedió. Debido a la muerte del general Rodríguez Reyes, el jefe de las Fuerzas Armadas propuesto lo fue el general Elías  Wessin y Wessin, un individuo funesto, oscuro, que traicionó la democracia dominicana  dos veces: durante el derrocamiento del profesor Juan Bosch siete  meses  después de acceder al poder, y durante la Revolución del  65, guerra civil que pretendía devolver al país a  la constitucionalidad luego del derrocamiento del presidente electo democráticamente. En uno de  los  libros del historiador Bernardo Vega, basado en papeles desclasificados de la CIA norteamericana, se dice que Elías Wessin y Wessin propuso bombardear la ciudad de Santo  Domingo cuando se supo derrotado por las fuerzas constitucionalistas, ante la oposición del embajador y las autoridades de los Estados Unidos (siempre de acuerdo con estos documentos) puesto que moriría una cantidad importante de civiles.

            Fueron enviados al pueblo, además, el mayor Rafael Guillermo Guzmán Acosta, que  luego fue dos veces Jefe de la Policía Nacional durante los gobiernos de Joaquín Balaguer. El mayor Guzmán Acosta es el padre del general Guzmán Fermín, Jefe de la Policía durante los gobiernos  de Leonel Fernández. Lo acompañaba el mayor Francisco Alberto Caamaño Deñó, que todavía no había sido ascendido a coronel, figura central de la Revolución del 65 que encontró la muerte en  el año 1973 en San José de Ocoa, luego de arribar al país tratando de repetir la experiencia cubana con una guerrilla castrista que trató de derrocar el gobierno de Joaquín Balaguer. Es decir, ambos también elementos centrales de la historia dominicana, uno mucho más importante que el otro, puesto que la presencia de Caamaño nos acompaña como una figura heroica hasta nuestros días.

            Cientos de personas fallecieron en la masacre. Varios pelotones llegaron en camiones hasta Palma Sola. El culto había empezado. El general Miguel Francisco Rodríguez Reyes trató de detenerlo, pero los habitantes estaban dispuestos a defender a su profeta. El general murió saliendo de la iglesia, donde había entrado pidiendo agua. El mayor Caamaño fue herido en la cabeza de una pedrada. Fue asesinado Plinio Mesías por los militares. Un día antes había sido secuestrado León Ventura, a quien se le había trasladado hasta un helicóptero que sobrevoló el pueblo tratando de convencer a sus habitantes, y sobre todo a Plinio Mesías, de que no realizara la peregrinación y el culto del 28 de diciembre. Pero ya la suerte estaba echada, los hechos desencadenados por la ineptitud del gobierno provisional y  los generales trujillistas no podían ser detenidos.

            Fueron fusilados los miembros de la familia Ventura Rodríguez, excepto León Ventura Rodríguez, que sobrevivió hasta el año 2015, cuando falleció a los 84 años. Luego de su fallecimiento fue homenajeado por el Ministerio de Cultura como uno de los principales representantes del liborismo en el país, reconocimiento que contiene en sí mismo una ironía: una creencia, unos mellizos, un pueblo, una secta, que intentó erradicarse a través de la violencia, pero que ya podía recibir honores y reconocimientos puesto que no representaba ningún peligro para el poder económico, religioso o político. El día de hoy, la iglesia católica oficia largas misas multitudinarias junto a los liboristas y los turistas religiosos, durante la Semana Santa o la Navidad.

            Estos acontecimientos fueron investigados a profundidad por tres textos importantes no narrativos, investigaciones antropológicas, sociológicas y religiosas que me sirvieron como base histórica para escribir el libro: “Palma Sola: opresión y esperanza (su geografía mítica y social)”, de Lusitania Martínez, que me facilitó el investigador folclórico y amigo Rafael Almánzar; “El Olivorismo: estudio de un movimiento mesiánico”, de Carlos Esteban Deive; “Palma Sola a la luz de la prensa de la época”, de Aquiles Castro.

            Ahora bien, el libro “Palma Sola: una historia de amor” es una novela, un texto ficticio. Es una novela de la memoria histórica dominicana, como indicaba don Marcio con tanta precisión. Personajes ficticios conviven con personajes reales. Olivorio Mateo; los mellizos Plinio Mesías y León Romilio Ventura Rodríguez; el procurador de la corte de apelación de San Juan de la Maguana, el doctor Tomás Susaña;  el procurador general de la república Antonio García Vásquez; el general muerto y los mayores: personajes reales, históricos. Pero sobre todo actúan los personajes ficticios, los muertos, las víctimas: el licenciado Eloy Benoit, abogado enviado a Palma Sola por el procurador de la corte de apelación para elaborar un informe sobre lo que estaba pasando allí; Milena, una fanática religiosa liborista que creía con sinceridad e inocencia que los mellizos eran profetas que había enviado el mismo Dios para liberar espiritualmente a los desarrapados y los menesterosos de la perversidad y la pobreza; Eurenice, la mejor  amiga de  Milena; Genaro, un niño robado de un hospital con el nombre de uno de los Trujillo; la bruja Sara Altagracia Martínez Collado y su nieto sordo; los enfermos mentales, los leprosos, los tuberculosos, los enfermos de uncinariasis, los campesinos que simplemente no querían que los tratasen como esclavos, los haitianos en una provincia tan cercana al vecino Haití, con la que compartía –y comparte- algunas de sus creencias sincréticas… es decir, se cuenta una historia ficticia con personajes ficticios basada en hechos reales, históricos, pero es un libro que pretende no ser más que una novela: cualquier acontecimiento histórico errado puede ser corregido, cualquier fecha equivocada, un nombre mal escrito: lo importante en este libro es la narratividad y el lenguaje. Es, sobre todo, una novela basada en la memoria histórica de la República Dominicana, el país en el que he  nacido, en  el que vivo, el que ha marcado toda mi carrera literaria desconocida, un país lleno de historias extraordinarias aunque trágicas como ésta, en el que se repiten como en una espiral incontenible la opresión, la tragedia, los imperialismos, la pobreza, las dictaduras, las invasiones, la corrupción, las creencias fantásticas que nos puedan salvar de un mundo ominoso y hostil. No se intenta engañar al  lector: desde el principio sabemos que todas esas personas van a morir. Lo sabemos, conocemos la verdad histórica de Palma Sola, no pretendemos engañar a nadie. Desde el principio del libro reconocemos que ese pueblo es un cementerio, es un lugar lleno de personas muertas.

            Es una novela de un escritor ya no tan joven, desconocido, del siglo XXI, con la visión descarnada, desilusionada, de este momento, no  de aquél en el que sucedieron los hechos. Me parece que esa visión descreída y existencial se encuentra reflejada en la historia ficticia con claridad.

Albergo la esperanza de haber escrito una buena novela, de haber entregado a los lectores un buen libro, y un texto que quizás podría ser interesante para ustedes.













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