miércoles, 20 de octubre de 2010

UN CUENTO DE JOHANNA DIAZ, DE SU LIBRO "TU RUTA TU REVELACION"


Johanna Díaz López
Nació en Santiago de los Caballeros. Es abogada. Ganó mención en el concurso de cuento, ensayo y poesía Eugenio Deschamps, de la Alianza Cibaeña, con el cuento “Tu ruta tu liberación”, 2006. Primer lugar en el Concurso de Cuentos Profesor Juan Bosch de la Fundación Global y Desarrollo (FUNGLODE) 2007 con “Silverio de tal”. En el concurso de cuentos de Radio Santa María ha ganado el cuarto lugar en 2007 con su cuento “El gotero rojo”, y mención de honor en la versión del año 2008 con el cuento “La Guarida”.



Gloria a Dios

Las mañanas te son dulces desde que emprendiste el camino de lo correcto, experimentas una paz indescriptible con tu milagrosa conversión, sorbes chocolate caliente y en él mojas el pan, suspiras pensando lo maravillosa que es la vida. Tu casa, aún no terminada, se sustenta sobre firmes cimientos, es un verdadero hogar. El señor es tu pastor, por eso nada te falta, abunda tu trabajo, gozas de excelente salud y tu incipiente familia es un gran regalo. “Gloria a Dios”, alabas mientras terminas de desayunar, contemplas a tu esposa con tu hijo adherido al pecho glotón y feliz, ella lo amamanta buscándose en tus ojos, sonríes agradecido mientras te vuelves declinando la mirada, ella es la mujer virtuosa descrita por los proverbios, bendita sea, aunque desabrida, te has convencido de que los alimentos más sabrosos son los más dañinos, así, la comparas con la comida saludable, jamás la harías sufrir, a veces te preguntas si tu hijo se concibió a control remoto, ellos juntos son y deben ser tu universo.
Es viernes, hoy tu jornada es más corta, al final de la tarde irás al estudio bíblico donde hace unos meses ibas con tu esposa que te presentó ese grupo, te gusta ir allá, las amistades son excelentes, mentes sanas que despejan tus dudas y temores porque eres el más nuevo, ahora tu mujer no puede ir, siempre en casa afanando con el bebé y los quehaceres domésticos, hasta ha perdido el deseo de salir. El tema favorito del estudio es el de predicar, tocar puertas, anunciar la segunda venida del Señor, ustedes han de ser pescadores de hombres, compartir la dicha de su bendición, de su iluminación, allí se alaba tu retórica y don de persuasión, te creces engreyéndote, consciente de tu liderazgo, por eso sales a predicar en tu tiempo libre de casa en casa, tus amigotes de antes te han vuelto la espalda hastiados de tu monótona conversación, para ellos perdiste la vida, el sentido, lamentan la dormidera que te embargó, te dicen que respetan tu decisión pero que no insistas, ya te advirtieron en el grupo que tu voz se perdería en el desierto siendo tu deber insistir para ser escuchado, tú sí experimentas deleite con tu cambio de vida y suerte “¡Aleluya! Gloria a Dios”, repites nuevamente.
El estudio termina y sales con bríos, esa noche insistirás con los paganos de tu pasado, hace tiempo que no los visitas, continuarás firme en tu conquista, que todos alaben y bendigan. Mientras haya vida existirá el arrepentimiento, con ello el perdón y la vida eterna, promesa que te sostiene. Conduces en la autopista por rumbos desandados pero conocidos, en el otro asiento delantero está la Biblia marcada con el capítulo que les leerás a tus amigos ¡Que feliz estás! Sabes donde encontrarlos a todos juntos.
Llegas, te estacionas, la música de ese club nocturno, una resonada bachata, domina el parqueo, las luces de neón sugieren el acercamiento, te desmontas aferrado a las Sagradas Escrituras, como si pudieran sostenerte, entras al lugar bien vestido, tan correcto como para ir a la oficina esperando que tu tiempo de ausencia lo compensen escuchándote a pesar de la música, miras a tu alrededor, sabes que ellos están ahí por ser ese lugar un punto de encuentro fijo, además, has visto algunos de sus carros afuera, ya a través de la oscuridad los divisas, ubicas la mesa, ellos atónitos te reciben poniéndose de pie, entre guiños y relajos te denominan el hijo pródigo pidiendo vino para ti y hasta te permiten leerles mientras bebes con agrado y lentamente la primera copa para que te escuchen, luego la segunda, tercera e incoherente prosigues tu discurso con la lengua anestesiada, tu humor inusitado los alegra, se eleva una risa tonta, han bastado dos botellas de vino rápidamente consumidas para que la Biblia caiga a tus pies.
Dejaste de preguntar la hora, la noche transcurre y comienza el esperado espectáculo donde la música incrementa su tono y sentido, atacan los senos descubiertos, las tangas y vulgares contorsiones, te incomodas levemente haciendo ademán de marcharte, no quieres ver pero te quedas mirando a una rubia que semidesnuda se te acerca incitada por los muchachos y baila sobre ti que eres de carne, cedes y tu cuerpo reacciona abultando tu bragueta, tu evidente excitación te ridiculiza ante todos, te les alejas revisando tus bolsillos, vas a un apartado conducido por esa mujer, allí involucionas tirando al suelo tus nuevos principios y pantalones, ella se te aproxima y actúa con avidez sacudiéndose sobre ti, ves esa cabeza rubia como una luz de movimiento rítmico y constante, cierras los ojos dedicado al goce y gimes: “Ay Dios mío esto si es bueno”, se te oye decir, suspiras, jadeas, nadas en la lujuria “Aaahh ” exclamas deteniéndote en su mirada astuta, embriaguez y succiones, te sostienes de su cabellera dirigiéndola y entonces “¡Gloria a Dios!” exclamas y ella se ha retirado permitiendo que te vuelvas un desastre, vuelves en ti de inmediato y la escupes “ramera inmunda, por lo que me has hecho, repréndela Señor” dices con la vista trastornada apuntando el cielo raso mientras te vistes con movimientos incoherentes y vuelves a la mesa donde se mofan de ti, los miras de reojo hasta que decides marcharte.
Conduces borracho y sin fuerzas, llorando buscas tu Biblia ausente, estás fuera de la gracia de Dios, no te lo han dicho pero lo presientes, el reloj de tu carro marca las cinco y quieres creer que está dañado, la oscuridad que se cierne indica que el amanecer se aproxima, no quieres volver a casa y sientes el impulso de estrellar el carro contra un poste para ver si terminas con tu mísera existencia, desechas esa idea de inmediato, María, la pobre, debe estar angustiada, mortificada. Tomas tu celular, marcas a casa y cierras antes de que te contesten. ¿Qué vas a hacer? Te preguntas mientras diriges el rumbo hacia tu firme hogar, tal vez no debas preocuparte, quizás sí. Humano, hombre sobre todas las cosas, hombre, la mentira que inventes debe ser muy verosímil, no la elabores demasiado, porque da lo mismo, la santa de tu mujer no es ninguna tonta, también tiene su pasadito inmerso bajo toneladas de opio, ella de todos modos sabrá reconocer muy bien de qué son las manchas blancas que salpican tu pantalón.