Turistas en el Ararat, de Ernesto Cardenal:
Con Julio Valle-Castillo
ante el Ararat donde atracó el arca de Noé.
Fue en la URSS,
a dos horas y media de Moscú, en Aeroflot.
Al arribar al modernísimo aeropuerto
de la milenaria Armenia, miré
nevado sobre las nubes, como otra nube más
con su intangible arca
el Ararat.
Que enfureció a un zar
porque no se dejó ver ni una vez
cuando estuvo aquí.
Ya en la ciudad, sobre
los rectilíneos bloques de multifamiliares y hoteles,
nuevamente, nieve entre las nubes:
el Ararat.
iguales a los de la muchacha del museo.
Emparrados y rosales en la carretera
que iba bordeando el valle del Ararat
y en el auto comiendo las uvas de Noé
alargadas como dedos femeninos.
Una viejita encorvada en oscura cripta
me pide por señas fuego, y enciendo con mi chispero
su vela para la tumba de una santa muy remota.
Encorvada todavía más,
besa la orla del mantel del altar.
Como ciclópeas ánforas allá lejos,
la central atómica.
5 ánforas. Una humeando.
Sobre las cuales, muy alto en el cielo,
el Ararat.
Donde 10.000 soldados de Adriano se hicieron anacoretas.
Se ha dicho que en Armenia fue el Paraíso Terrenal.
Al menos el Tigris y el Éufrates están aquí…
(También leí una vez
que éstas son las mujeres más bellas de la tierra).
Frente al pequeño templo grecorromano
un peral de peras todavía tiernas
y bajo el peral
otra también con los ojos del icono:
ojazos negros con gruesas cejas juntas.
La producción principal son los instrumentos electrónicos
y el vino que bebió Jenofonte,
como lo cuenta en Anábasis,
y ahora es el famoso cognac de la URSS.
Su chile de comidas típicas
―como khorovats, kebab caucásico―
igual al jalapeño
¿Cuál procede de cuál?
El maíz naturalmente es de América.
Del cual hay un maizal hasta el horizonte, y en él
las torres de alta tensión de la central atómica.
Ojos grandes y pestañas largas y cejas espesas…
Y el albaricoque que es originario de aquí
y que Alejandro Magno… Pero son dos rostros de albaricoque
que recuerdo:
una anciana tenía dos nietas con caras de albaricoque,
y las tres contradecían al obrero de una fábrica de Moscú
que iracundo vociferaba que Dios no existe.
“¡O dejó masacrar dos millones de armenios!”
(ante el gigantesco memorial a los mártires armenios).
Tercié yo: “Es posible un Dios que no pueda todo”.
Se enardeció más.
Después el muchacho de la India, rapado,
que vino a estudiar sacerdocio aquí
No es revolucionario, nos dijo, ni no revolucionario
porque en Calcuta no hay revolución.
(Siempre lista su sonrisa de novato seminarista).
Junto a inscripción cuneiforme
una fábrica de computadoras.
Arcaica
República Socialista Soviética.
Que el arca embancó aquí
es antiquísima tradición armenia.
Todos Somos Armenios:
El 24 de abril del año 1915 empezó uno de los
procesos más oscuros de toda la historia de la humanidad: el gobierno de los
Jóvenes Turcos, durante el Imperio Otomano, intentó por ocho años, hasta el
1923, erradicar por completo la cultura y el pueblo armenios de su territorio.
A marchas y trabajos forzados, obligados luego a permanecer en terribles campos
de concentración, entre un millón quinientos mil y un millón setecientos mil
armenios (como siempre, la estadística no es capaz de dar una cifra exacta) murieron
en circunstancias espantosas, de cansancio, de sed, de hambre.
El
24 de abril del año 1965, la República
Dominicana inició una guerra civil para devolver al poder al
presidente elegido democráticamente en 1963, y derrocado siete meses después
por las fuerzas armadas del país. Esa guerra civil finalizó, en el mismo año,
con la segunda invasión de los Estados Unidos a la República Dominicana.
No quiero de ningún modo comparar la tragedia que se inició en 1915 para los
armenios con la revolución dominicana, sólo intento hacer notar cómo
compartimos con ese pueblo fronterizo entre Europa y Asia el aniversario de la
violencia y el dolor.
Cien
años después de la masacre y la barbarie, nadie se decide a pedir perdón. El
gran pueblo turco, que debería alejarse de cualquier pasado oprobioso que
manche su rica historia cultural, debería aprender a aceptar y a pedir perdón.
Postrarse de rodillas tocando el suelo con la frente, erguirse, abrir los
brazos hacia el cielo y dirigirse a los espíritus de los millones de muertos. O
quizás dirigirse a los millones de armenios vivos, con humildad y valentía. Los
alemanes actuales no son los nazis del pasado, que crucificaron judíos en
Ucrania. Los turcos de hoy no tienen por qué ser los turcos del pasado.
Mientras no se acepte la realidad del genocidio y el holocausto, no podremos,
ninguno de nosotros, dormir en paz como seres humanos.
Pero
esto también nos lleva a un planteamiento menos práctico y, quizás, mucho más
espiritual: todos somos armenios. Los dominicanos, que hemos sido invadidos
innumerables veces por potencias extranjeras (España, Francia, Inglaterra,
Estados Unidos…), y otras veces por naciones que no son potencias -pequeños
países autodeclarados imperios, como Haití-, pero que nunca hemos invadido a
nadie, país pequeño y pobre que apenas puede contener a sus diez millones de
habitantes, somos también armenios, así como somos palestinos, judíos o
haitianos. Los turcos, los rusos, los estadounidenses, todos los miembros de la Organización de las
Naciones Unidas: admitamos el año entrante, aprovechando el Centenario del
Holocausto, que todos somos armenios. Que un millón y medio de muertos son
suficientes; es más, un solo asesinado es suficiente para pedir perdón. El
holocausto armenio, el holocausto judío, las muertes de palestinos en Gaza, los
muertos del ébola (los muertos de la miseria y la desigualdad), un niño muerto
por un misil de Hamás, los muertos en Irak. Las diferencias en las cifras sólo
hacen más terrible el recuerdo histórico de las tragedias: un solo muerto es
suficiente. Cuando un imperio intenta erradicar toda una cultura, una religión,
un idioma, una forma de vida, tratando de desaparecer al pueblo entero, me
parece que es causa suficiente para pedir perdón.
Yo,
a nombre de los turcos, de los norteamericanos, que nunca pedirán perdón, de
los israelíes, de Hamás, pido perdón. Le pido perdón como ser humano al pueblo
armenio. Perdón.
Este artículo puede leerse en:
¿Por qué no gana Milan Kundera el Premio Nobel de Literatura?
Ahora que ha ganado el francés Patrick Modiano el Premio Nobel de Literatura 2014, un autor que no he leído, nos preguntamos de nuevo por qué no se le entrega ese galardón a un escritor como Milan Kundera, el eterno nominado que sin embargo ha ido bajando poco a poco en el ranking de los favoritos. Con una literatura sobre todo de novelas, con el tiempo cada vez más cortas, en checo pero también en francés, la literatura de Milan, además de ser revolucionaria en el aspecto formal (siempre he comparado el estilo desenfadado de Kundera con la franqueza de Cortázar, con la rebeldía de su visión), nos habla también de la libertad, de una libertad tan total que es ideal, por supuesto, pero que vale la pena luchar por ella aunque nunca podamos alcanzar su horizonte.
Sabemos también que está muy ligado a la literatura latinoamericana: amigo de García Márquez, de Cortázar pero sobre todo de Carlos Fuentes, hemos leído hace poco un libro de artículos y ensayos suyos en el que nos habla de Aimé Césaire y Edouard Glissant, de la esclavitud en el Caribe y de un escritor de Trinidad, un Premio Nobel que se consideró más inglés o hindú que antillano: V. S. Naipaul, así como también de Cien Años de Soledad y del cumpleaños de su gran amigo Carlos Fuentes.
Y Milan, aquel escritor europeo que tiene tantos fans en el mundo entero, incondicionales de su literatura, no ha obtenido un reconocimiento que se merece mucho más que algunos de los ganadores del Nobel, que al mismo tiempo no han influenciado tanto la literatura y la sociedad en general, no han tenido un discipulado como el que él mantiene. Es cierto que ya no es el mismo escritor de "La Insoportable Levedad del Ser", "La Broma" o "El Libro de los Amores Ridículos", pero yo prefiero leer las obras imperfectas de Kundera que los mejores libros de algunos premiados. Quizás, cuando se le entregue el Nobel a Murakami, entenderemos por fin que la literatura ha decaído hasta niveles ridículos, tanto que un escritor como el japonés pueda quedar entre los cinco finalistas del premio literario más importante del mundo. Porque existiendo Milan Kundera, Phillip Roth, Amos Oz, incluso Bob Dylan, ¿por qué Murakami, un escritor light, está entre los finalistas? ¿Por qué, incluso, está nominado? Pero bueno, son interioridades de un premio que por lo menos se ha encargado de galardonar la dignidad por encima de la popularidad. Eso le concedemos.
Milan, ojalá que en el 2015 puedas ganar el Nobel de Literatura, o en el 2016 o en el 2017, aunque ya nos parece muy difícil, pero como me has enseñado el valor de ser libre en una sociedad que te empuja constantemente hacia el borreguismo, espero que ese premio no se olvide de ti. Pero si te olvida, no importa, ser un gran escritor no tiene nada que ver con ganar el Premio Nobel de Literatura.
http://mediaisla.net/revista/2015/04/maximo-vega-por-lo-menos-me-gane-una-jirafa/
Sabemos también que está muy ligado a la literatura latinoamericana: amigo de García Márquez, de Cortázar pero sobre todo de Carlos Fuentes, hemos leído hace poco un libro de artículos y ensayos suyos en el que nos habla de Aimé Césaire y Edouard Glissant, de la esclavitud en el Caribe y de un escritor de Trinidad, un Premio Nobel que se consideró más inglés o hindú que antillano: V. S. Naipaul, así como también de Cien Años de Soledad y del cumpleaños de su gran amigo Carlos Fuentes.
Y Milan, aquel escritor europeo que tiene tantos fans en el mundo entero, incondicionales de su literatura, no ha obtenido un reconocimiento que se merece mucho más que algunos de los ganadores del Nobel, que al mismo tiempo no han influenciado tanto la literatura y la sociedad en general, no han tenido un discipulado como el que él mantiene. Es cierto que ya no es el mismo escritor de "La Insoportable Levedad del Ser", "La Broma" o "El Libro de los Amores Ridículos", pero yo prefiero leer las obras imperfectas de Kundera que los mejores libros de algunos premiados. Quizás, cuando se le entregue el Nobel a Murakami, entenderemos por fin que la literatura ha decaído hasta niveles ridículos, tanto que un escritor como el japonés pueda quedar entre los cinco finalistas del premio literario más importante del mundo. Porque existiendo Milan Kundera, Phillip Roth, Amos Oz, incluso Bob Dylan, ¿por qué Murakami, un escritor light, está entre los finalistas? ¿Por qué, incluso, está nominado? Pero bueno, son interioridades de un premio que por lo menos se ha encargado de galardonar la dignidad por encima de la popularidad. Eso le concedemos.
Milan, ojalá que en el 2015 puedas ganar el Nobel de Literatura, o en el 2016 o en el 2017, aunque ya nos parece muy difícil, pero como me has enseñado el valor de ser libre en una sociedad que te empuja constantemente hacia el borreguismo, espero que ese premio no se olvide de ti. Pero si te olvida, no importa, ser un gran escritor no tiene nada que ver con ganar el Premio Nobel de Literatura.
http://mediaisla.net/revista/2015/04/maximo-vega-por-lo-menos-me-gane-una-jirafa/
Si quieres ver videos sobre arte y literatura, click a este enlace:
A Mitad del Sendero por Fausto Leonardo Henríquez
Altagracia Pérez Pytel, A mitad del sendero. Ediciones Juguete de Madera, Santiago, R. D., 2014. Libro premiado en el año 2007 por la Alianza Cibaeña en su XII convocatoria. Uno de los principales hilos con los que la periodista y narradora Pérez Pytel compone esta obra es el poético, como atinadamente señala Máximo Vega, pero además, al calor de ese elemento fundamental, hay otro más sutil e importante, a saber: la destreza para entrar en el alma de los personajes, empleando para ello todos los recursos posibles (arcaísmos, expresiones coloquiales, regionalismos, etc.) creando con ello una atmósfera veraz con la que se conquista rápidamente al lector. La autora consigue arrancar el sentimiento de compasión, al situar al lector ante sus personajes, no como un juez, sino como un ser compasivo y solidario. Tal vez sea un acierto afirmar que Los miserables de Víctor Hugo es una metáfora de A mitad del sendero. Esto lo demuestra el hecho de que en su obra Pérez Pytel humaniza a sus personajes, a los miserables, los rescata, los salva y repara su memoria. Ese es su mejor logro, en mi opinión. Ella, al mostrar el dolor y la realidad misérrima de muchos seres humanos, especialmente del sexo femenino, denuncia el lado sombrío de la existencia, así como la injusticia deshumanizadora. ¿No es esta una de las funciones de la literatura? Entonces, si esto es verdad, estamos ante una obra de cuento de mucha importancia. A mitad del sendero es la primera obra publicada de la periodista Altagracia Pérez Pytel. Cabe, pues, esperar la siguiente.
Tomado de:
http://faustoleonardohenriquez.blogspot.com/2014/09/jose-marmol-lenguaje-del-mar-bettsy.html
Adquiera aquí el libro de Altagracia Pérez:
Tomado de:
http://faustoleonardohenriquez.blogspot.com/2014/09/jose-marmol-lenguaje-del-mar-bettsy.html
Adquiera aquí el libro de Altagracia Pérez:
Entrevista a Máximo Vega
Esta entrevista me la hizo el buen amigo Jorge Consuegra, en Colombia, para su portal de literatura Libros y Letras. Así que aquí está:
1. ¿A qué edad empezaste a tener relación con los libros?
Muy tarde. Ya en mi adolescencia, porque la educación de nuestros países no exige la lectura como algo imprescindible. Empecé a leer regularmente literatura a los 15 o 16 años, y me di cuenta de todo el tiempo que había perdido.
2. ¿Cuáles fueron los primeros libros que tuviste en tus manos?
Un libro de texto: “Nombre”, de Carmen Pleyán, que contenía pequeños trozos de obras literarias: un poema de Rafael Alberti, otro de Antonio Machado, un cuento de Ana María Matute, otro de Eduardo Mallea, un trozo de Kim, de Rudyard Kiplin… Entonces yo me dije: Bueno, esto era lo que me hacía falta descubrir, de esto me estaba perdiendo. Luego “Doña Bárbara”, de Rómulo Gallegos, una edición pirata de “Ojos de Perro Azul”, de García Márquez, que la titularon “Nabo, el negro que hizo esperar a los ángeles”, los cuentos de Juan Bosch… Luego todos los libros que encontraba, sin discriminar.
3. ¿Quiénes te sumergieron en ese maravilloso mundo de los libros?
Mi familia. Me obligaron a leer. Pero si no hubiese hallado a esos autores, que de alguna manera conectaron conmigo, y despertaron algo en mí, no creo que hubiese continuado. Y en esa época a mí no me pasaba por la cabeza empezar a escribir mis propias cosas.
4. ¿Cómo fue tu adolescencia y los libros?
Después de los 15 años, fue muy fructífera. En mi adolescencia empecé a leer. Descubrí a Cortázar, a Bioy, a García Márquez, a Onetti, a Carpentier, a un escritor dominicano llamado Pedro Péix, a Juan Bosch, a Milan Kundera, a Faulkner, que siempre fue un escritor que me gustó mucho, a Carson MacCullers, Clarice Lispector, Camus, Sartre, José Alcántara Almánzar, René del Risco Bermúdez, César Vallejo, Neruda, Franklin Mieses Burgos, Manuel del Cabral, Borges, Platón, Fuentes, Rulfo, Pedro Henríquez Ureña, Flaubert, Baudelaire, Sergio Pitol, Jaques Stéphen Alexis, descubrí una forma diferente del mundo, una burbuja, y estoy metido en ella desde ese tiempo.
5. ¿Ha habido en República Dominicana suficiente apoyo para que, especialmente, los jóvenes y adolescentes se interesen por los libros?
No. El hecho de que yo haya llegado tan tarde a la literatura lo demuestra. No existe apoyo para el escritor, no se fomenta la lectura. Como yo he dicho algunas veces, en mi país un escritor es un ilustre desconocido. Hacer cultura es un acto decorativo, un pasatiempo inútil. Yo hago mucha gestión cultural en mi país, dirijo un taller literario y he creado clubes de lectura en los barrios pobres de mi ciudad. Existe un ministerio de cultura, pero no sirve para mucho. Bueno, no sirve para nada. Después, cuando el escritor es reconocido, se le llama para que el político de turno le entregue una placa, le prometa un apartamento o una pensión. En el caso de la República Dominicana, es un país muy pequeño y pobre, cuyo mercado editorial también es muy reducido. Ninguna gran editorial desembarcará en este país, así como es muy difícil que un escritor dominicano acceda a las grandes editoriales, menos aún un escritor joven o desconocido, porque las editoriales buscan grandes mercados. Verdad de la época y del capitalismo, lo cual, si lo pensamos bien, limita el espacio de la literatura, reduce la cantidad de buenos escritores que podríamos encontrar.
6. ¿Cuál fue el tema del primer cuento que escribiste?
No recuerdo. Debió ser un cuento de adolescente, quizás algo romántico. Quizás no fue un cuento, sino un poema. Pero como siempre he escrito mucho, frenéticamente, aunque no publico mucho, no recuerdo bien qué fue exactamente lo primero que escribí.
7. ¿Cuáles, ya adulto, han sido tus lecturas preferidas?
Las mismas que en la adolescencia, no creo que haya evolucionado mucho en ese sentido. Ahora estoy leyendo a Le Clézio. Volví a leer a Camus, porque estoy dictando unas charlas en Santo Domingo sobre él. Me gustan mucho Coetzee y Philip Roth. El boom, y escritores de mi generación, por lo menos los que puedo encontrar, que son muy pocos; Bolaños, por ejemplo, que es un poco mayor, mucha literatura dominicana, he leído a Rocangoglio y a Xavier Velasco, pero no me gustaron mucho. Pero claro, eso es relativo, es una cuestión personal. Me gustó mucho, sí, la novela “Caracol Beach”, de Eliseo Alberto, que ganó el Premio Alfaguara, es una de las pocas novelas ganadoras de ese premio que de verdad me ha gustado.
8. ¿Cómo surgió la idea de tu primer libro?
Mi primer libro fue “Juguete de Madera”, una novela corta que tuvo mucho éxito aquí en el país. Se me ocurrió la idea repentinamente, recordando Caperucita Roja. Quien lea el cuento de Perrault y mi novelita, que es una especie de historia cruel sin contemplaciones sobre una niña que se escapa de su casa y se encuentra con un lobo en su camino, se dará cuenta de la influencia de uno en la otra.
9. ¿Cuánto tiempo te demoraste escribiendo "Cada demonio"?
Años. Como uno no tiene todavía la oportunidad de publicar con cierta facilidad, las cosas le duran a uno años guardadas, y cuando aparece la oportunidad se publica. Pero eso es beneficioso, porque significa que hay mucho tiempo para la maduración del texto y la corrección. Y puedo decir que todavía está en construcción.
10. ¿En qué género podemos incluir tu más reciente novela?
Es una novela negra. Una investigación sobre el secuestro de una adolescente, Isabelita, durante la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo. Su hermano, que se exilió en New York con su familia cuando su hermana desapareció, regresa al país quince años después para investigar qué sucedió con ella. Poco a poco, en medio de una atmósfera asfixiante y casi gótica, la pesquisa se va volviendo insoportable. Pero la novela es también el análisis de una época: él llega de nuevo a otra dictadura, la de Joaquín Balaguer, y encuentra nuevamente violencia, corrupción, depravación moral, oscuras tramas políticas. Las personas están detenidas, en espera de algo que parece nunca llegará. Pero él se da cuenta al volver (quizás porque se siente extranjero, un poco como el de Camus, porque ve las cosas desde fuera) que las dictaduras no podrían existir si una buena parte de la gente no se asociara con ellas, o por lo menos no fuese indiferente a ellas. Por lo que todos somos culpables, culpables todos de la desaparición de Isabelita, y de aquello terrible que le ocurrió, que el lector descubrirá al final de la novela.
11. ¿Qué opinión tienen en tu país de la literatura colombiana?
Bueno, que es una gran literatura. Que ha dado grandes escritores (un Premio Nobel, nada menos), y que, en mi caso particular, me ha proporcionado largas horas de felicidad. García Márquez, Alvaro Mutis, José Eustasio Rivera, Jorge Isaacs, nombres que se escuchan en toda América. Y bueno, ahora nos llegan William Ospina, Santiago Gamboa y sus novelas negras, aunque algunas no sean tan negras, Mario Mendoza que ganó un premio con su novela “Satanás”, o Fernando Vallejo, pero hay escritores como Milcíades Arévalo, que es mi amigo lejano, al que no conozco en persona pero nos escribimos por internet, o tú mismo, que eres escritor pero uno no tiene la posibilidad de leerlos porque no aparecen en el país, porque no nos leemos entre nosotros, aunque pude leer un libro tuyo que apareció en una librería de mi ciudad, un libro sobre periodismo. De poesía no llega nada, sólo narrativa o ensayo, eso es sumamente lamentable. Pero si nosotros, como lectores, decidiéramos: bueno, vamos a leer a mis colegas latinoamericanos, vamos a dejar un poco de lado toda esa literatura prefabricada que me venden las editoriales y los premios… otra cosa sería. Quizás seríamos otra clase de lectores, más responsables, porque a los lectores también hay que exigirles compromisos, no sólo a los escritores.
12. ¿Y tú que has leído de los escritores colombianos?
Más o menos te contesté en la respuesta anterior. Me gustaría leer más literatura colombiana, más literatura latinoamericana, más literatura caribeña. Porque es la que más se acerca a mi identidad, a lo que soy y a lo que pretendo decir como escritor.
http://www.amazon.com/dp/B00MWDR02O
1. ¿A qué edad empezaste a tener relación con los libros?
Muy tarde. Ya en mi adolescencia, porque la educación de nuestros países no exige la lectura como algo imprescindible. Empecé a leer regularmente literatura a los 15 o 16 años, y me di cuenta de todo el tiempo que había perdido.
2. ¿Cuáles fueron los primeros libros que tuviste en tus manos?
Un libro de texto: “Nombre”, de Carmen Pleyán, que contenía pequeños trozos de obras literarias: un poema de Rafael Alberti, otro de Antonio Machado, un cuento de Ana María Matute, otro de Eduardo Mallea, un trozo de Kim, de Rudyard Kiplin… Entonces yo me dije: Bueno, esto era lo que me hacía falta descubrir, de esto me estaba perdiendo. Luego “Doña Bárbara”, de Rómulo Gallegos, una edición pirata de “Ojos de Perro Azul”, de García Márquez, que la titularon “Nabo, el negro que hizo esperar a los ángeles”, los cuentos de Juan Bosch… Luego todos los libros que encontraba, sin discriminar.
3. ¿Quiénes te sumergieron en ese maravilloso mundo de los libros?
Mi familia. Me obligaron a leer. Pero si no hubiese hallado a esos autores, que de alguna manera conectaron conmigo, y despertaron algo en mí, no creo que hubiese continuado. Y en esa época a mí no me pasaba por la cabeza empezar a escribir mis propias cosas.
4. ¿Cómo fue tu adolescencia y los libros?
Después de los 15 años, fue muy fructífera. En mi adolescencia empecé a leer. Descubrí a Cortázar, a Bioy, a García Márquez, a Onetti, a Carpentier, a un escritor dominicano llamado Pedro Péix, a Juan Bosch, a Milan Kundera, a Faulkner, que siempre fue un escritor que me gustó mucho, a Carson MacCullers, Clarice Lispector, Camus, Sartre, José Alcántara Almánzar, René del Risco Bermúdez, César Vallejo, Neruda, Franklin Mieses Burgos, Manuel del Cabral, Borges, Platón, Fuentes, Rulfo, Pedro Henríquez Ureña, Flaubert, Baudelaire, Sergio Pitol, Jaques Stéphen Alexis, descubrí una forma diferente del mundo, una burbuja, y estoy metido en ella desde ese tiempo.
5. ¿Ha habido en República Dominicana suficiente apoyo para que, especialmente, los jóvenes y adolescentes se interesen por los libros?
No. El hecho de que yo haya llegado tan tarde a la literatura lo demuestra. No existe apoyo para el escritor, no se fomenta la lectura. Como yo he dicho algunas veces, en mi país un escritor es un ilustre desconocido. Hacer cultura es un acto decorativo, un pasatiempo inútil. Yo hago mucha gestión cultural en mi país, dirijo un taller literario y he creado clubes de lectura en los barrios pobres de mi ciudad. Existe un ministerio de cultura, pero no sirve para mucho. Bueno, no sirve para nada. Después, cuando el escritor es reconocido, se le llama para que el político de turno le entregue una placa, le prometa un apartamento o una pensión. En el caso de la República Dominicana, es un país muy pequeño y pobre, cuyo mercado editorial también es muy reducido. Ninguna gran editorial desembarcará en este país, así como es muy difícil que un escritor dominicano acceda a las grandes editoriales, menos aún un escritor joven o desconocido, porque las editoriales buscan grandes mercados. Verdad de la época y del capitalismo, lo cual, si lo pensamos bien, limita el espacio de la literatura, reduce la cantidad de buenos escritores que podríamos encontrar.
6. ¿Cuál fue el tema del primer cuento que escribiste?
No recuerdo. Debió ser un cuento de adolescente, quizás algo romántico. Quizás no fue un cuento, sino un poema. Pero como siempre he escrito mucho, frenéticamente, aunque no publico mucho, no recuerdo bien qué fue exactamente lo primero que escribí.
7. ¿Cuáles, ya adulto, han sido tus lecturas preferidas?
Las mismas que en la adolescencia, no creo que haya evolucionado mucho en ese sentido. Ahora estoy leyendo a Le Clézio. Volví a leer a Camus, porque estoy dictando unas charlas en Santo Domingo sobre él. Me gustan mucho Coetzee y Philip Roth. El boom, y escritores de mi generación, por lo menos los que puedo encontrar, que son muy pocos; Bolaños, por ejemplo, que es un poco mayor, mucha literatura dominicana, he leído a Rocangoglio y a Xavier Velasco, pero no me gustaron mucho. Pero claro, eso es relativo, es una cuestión personal. Me gustó mucho, sí, la novela “Caracol Beach”, de Eliseo Alberto, que ganó el Premio Alfaguara, es una de las pocas novelas ganadoras de ese premio que de verdad me ha gustado.
8. ¿Cómo surgió la idea de tu primer libro?
Mi primer libro fue “Juguete de Madera”, una novela corta que tuvo mucho éxito aquí en el país. Se me ocurrió la idea repentinamente, recordando Caperucita Roja. Quien lea el cuento de Perrault y mi novelita, que es una especie de historia cruel sin contemplaciones sobre una niña que se escapa de su casa y se encuentra con un lobo en su camino, se dará cuenta de la influencia de uno en la otra.
9. ¿Cuánto tiempo te demoraste escribiendo "Cada demonio"?
Años. Como uno no tiene todavía la oportunidad de publicar con cierta facilidad, las cosas le duran a uno años guardadas, y cuando aparece la oportunidad se publica. Pero eso es beneficioso, porque significa que hay mucho tiempo para la maduración del texto y la corrección. Y puedo decir que todavía está en construcción.
10. ¿En qué género podemos incluir tu más reciente novela?
Es una novela negra. Una investigación sobre el secuestro de una adolescente, Isabelita, durante la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo. Su hermano, que se exilió en New York con su familia cuando su hermana desapareció, regresa al país quince años después para investigar qué sucedió con ella. Poco a poco, en medio de una atmósfera asfixiante y casi gótica, la pesquisa se va volviendo insoportable. Pero la novela es también el análisis de una época: él llega de nuevo a otra dictadura, la de Joaquín Balaguer, y encuentra nuevamente violencia, corrupción, depravación moral, oscuras tramas políticas. Las personas están detenidas, en espera de algo que parece nunca llegará. Pero él se da cuenta al volver (quizás porque se siente extranjero, un poco como el de Camus, porque ve las cosas desde fuera) que las dictaduras no podrían existir si una buena parte de la gente no se asociara con ellas, o por lo menos no fuese indiferente a ellas. Por lo que todos somos culpables, culpables todos de la desaparición de Isabelita, y de aquello terrible que le ocurrió, que el lector descubrirá al final de la novela.
11. ¿Qué opinión tienen en tu país de la literatura colombiana?
Bueno, que es una gran literatura. Que ha dado grandes escritores (un Premio Nobel, nada menos), y que, en mi caso particular, me ha proporcionado largas horas de felicidad. García Márquez, Alvaro Mutis, José Eustasio Rivera, Jorge Isaacs, nombres que se escuchan en toda América. Y bueno, ahora nos llegan William Ospina, Santiago Gamboa y sus novelas negras, aunque algunas no sean tan negras, Mario Mendoza que ganó un premio con su novela “Satanás”, o Fernando Vallejo, pero hay escritores como Milcíades Arévalo, que es mi amigo lejano, al que no conozco en persona pero nos escribimos por internet, o tú mismo, que eres escritor pero uno no tiene la posibilidad de leerlos porque no aparecen en el país, porque no nos leemos entre nosotros, aunque pude leer un libro tuyo que apareció en una librería de mi ciudad, un libro sobre periodismo. De poesía no llega nada, sólo narrativa o ensayo, eso es sumamente lamentable. Pero si nosotros, como lectores, decidiéramos: bueno, vamos a leer a mis colegas latinoamericanos, vamos a dejar un poco de lado toda esa literatura prefabricada que me venden las editoriales y los premios… otra cosa sería. Quizás seríamos otra clase de lectores, más responsables, porque a los lectores también hay que exigirles compromisos, no sólo a los escritores.
12. ¿Y tú que has leído de los escritores colombianos?
Más o menos te contesté en la respuesta anterior. Me gustaría leer más literatura colombiana, más literatura latinoamericana, más literatura caribeña. Porque es la que más se acerca a mi identidad, a lo que soy y a lo que pretendo decir como escritor.
http://www.amazon.com/dp/B00MWDR02O
El Arma Secreta-José M. Fernández Pequeño
José M. Fernández Pequeño es un escritor cubano-dominicano que actualmente reside en Miami, E.U., pero que duró algunos años viviendo en la República Dominicana, donde desarrolló una amplia labor de profesor, gestor cultural y, por supuesto, escritor. Su nuevo libro, "El Arma Secreta", contiene nueve cuentos que transcurren en la República Dominicana y en Cuba. Es nativo de Santiago de Cuba, y vivió algún tiempo en Santiago de los Caballeros en la Rep. Dom., pero la mayor parte de su estancia en el país transcurrió en Santo Domingo. Los cuentos del libro son: "Los Conquistadores", "El Arte de Roncar", "Un Cierto Olor a Escalofrío", "Rebeliones", "El Cíclope", "Imperfecciones", "Pongamos por Caso", "El Ombligo de María B" y "El Arma Secreta". "Los Conquistadores" es un cuento muy breve que abre el libro, de menos de una página, e "Imperfecciones" es un cuento corto de dos páginas y media, pero en sentido general los cuentos de Fernández Pequeño son largos, y transcurren en una realidad insólita (como él dice que es la vida cotidiana de la República Dominicana) y dura, difícil, aunque tratada con cierto humor propio de la personalidad del autor. La pintura de la portada es del maestro dominicano Mario Grullón: el cuadro "Hojas y Ojos". Solamente he leído el segundo cuento del libro, "El Arte de Roncar", así que aún no puedo dar una opinión crítica, sobre todo porque el autor confiesa que arma sus libros como un todo, es decir que cada cuento tiene una finalidad que completa el volumen, pero ya en ese cuento (como en los demás de sus libros anteriores, por ejemplo del volumen "Tres eran Tres") se nota el asombro ante una realidad absurda que a los dominicanos ya no nos asombra, la realidad del caos sin arrepentimiento. Enhorabuena a José M. Fernández Pequeño.
José M. Fernández Pequeño es un escritor y editor nacido en Cuba y naturalizado dominicano, país donde residió durante quince años. Ha publicado catorce títulos de crítica literaria, ensayo y narrativa. Durante cerca de treinta y cinco años se ha desempeñado como profesor universitario de Literatura, Cine y Comunicación. Gestor cultural, estuvo entre los fundadores del Festival de la Cultura Caribeña, la Casa del Caribe y la revista Del Caribe, en Santiago de Cuba. Fue Gerente de Programas Culturales del Centro León, en Santiago de los Caballeros.
(Tomado de la solapa de "El Arma Secreta")
http://www.amazon.com/dp/B00MWDR02O
José M. Fernández Pequeño es un escritor y editor nacido en Cuba y naturalizado dominicano, país donde residió durante quince años. Ha publicado catorce títulos de crítica literaria, ensayo y narrativa. Durante cerca de treinta y cinco años se ha desempeñado como profesor universitario de Literatura, Cine y Comunicación. Gestor cultural, estuvo entre los fundadores del Festival de la Cultura Caribeña, la Casa del Caribe y la revista Del Caribe, en Santiago de Cuba. Fue Gerente de Programas Culturales del Centro León, en Santiago de los Caballeros.
(Tomado de la solapa de "El Arma Secreta")
http://www.amazon.com/dp/B00MWDR02O
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Publicaciones destacadas:
Julio Cortázar en la literatura dominicana
El primer libro que compré y leí de Julio Cortázar fue “ Las armas secretas”, que contiene los cuentos “Las babas del diablo”, que no gu...
Máximo Vega
Publicaciones populares:
-
Debido a la cantidad de personas que entran a este blog buscando nombres de cuentistas dominicanos, aquí les doy una lista muy injusta de ...
-
LOS BENJAMINITAS: Aquí se cuenta la historia de la guerra contra una de las tribus de Israel (ese pueblo viejo con una voluntad inexpli...
-
(también visitar: lista de cuentistas dominicanos ) Para empezar, vamos a compartir con ustedes uno de los conceptos, uno de t...
-
LOS CARIBES: Los indios Caribes –aunque, por supuesto, ellos mismos no estaban conscientes de su condición de “indios” –habitaban las islas...
-
Vivir sin Patria, es lo mismo que vivir sin Honor. Nunca me fue tan necesario como hoy el tener salud, corazón y juicio; hoy que hombr...
-
Yunier Riquenes García. E ra un viejo que pescaba solo en las aguas tranquilas de la presa. No tenía bote ni tampoco el mar azul in...
-
Es sumamente difícil, prácticamente imposible, entregar un listado de las diez mejores novelas latinoamericanas de todos los tiempos. Es má...
-
En el libro “Cuentos Inolvidables Según Julio Cortázar¨ , una recopilación de algunos de los cuentos que influenciaron la obra del escritor ...
-
Amazon.com Widgets Pueblo guerrero que en el siglo XIII se estableció en la meseta del Anáhuac. Fundaron una ciudad enorme a la cual llam...
-
Palabras leídas en la puesta en circulación en Santiago del libro "El Violín de la Adúltera" , de Andrés L. Mateo. El Violín d...





