Esta entrevista me la hizo el buen amigo Jorge Consuegra, en Colombia, para su portal de literatura Libros y Letras. Así que aquí está:
1. ¿A qué edad empezaste a tener relación con los libros?
Muy tarde. Ya en mi adolescencia, porque la educación de nuestros países no exige la lectura como algo imprescindible. Empecé a leer regularmente literatura a los 15 o 16 años, y me di cuenta de todo el tiempo que había perdido.
2. ¿Cuáles fueron los primeros libros que tuviste en tus manos?
Un libro de texto: “Nombre”, de Carmen Pleyán, que contenía pequeños trozos de obras literarias: un poema de Rafael Alberti, otro de Antonio Machado, un cuento de Ana María Matute, otro de Eduardo Mallea, un trozo de Kim, de Rudyard Kiplin… Entonces yo me dije: Bueno, esto era lo que me hacía falta descubrir, de esto me estaba perdiendo. Luego “Doña Bárbara”, de Rómulo Gallegos, una edición pirata de “Ojos de Perro Azul”, de García Márquez, que la titularon “Nabo, el negro que hizo esperar a los ángeles”, los cuentos de Juan Bosch… Luego todos los libros que encontraba, sin discriminar.
3. ¿Quiénes te sumergieron en ese maravilloso mundo de los libros?
Mi familia. Me obligaron a leer. Pero si no hubiese hallado a esos autores, que de alguna manera conectaron conmigo, y despertaron algo en mí, no creo que hubiese continuado. Y en esa época a mí no me pasaba por la cabeza empezar a escribir mis propias cosas.
4. ¿Cómo fue tu adolescencia y los libros?
Después de los 15 años, fue muy fructífera. En mi adolescencia empecé a leer. Descubrí a Cortázar, a Bioy, a García Márquez, a Onetti, a Carpentier, a un escritor dominicano llamado Pedro Péix, a Juan Bosch, a Milan Kundera, a Faulkner, que siempre fue un escritor que me gustó mucho, a Carson MacCullers, Clarice Lispector, Camus, Sartre, José Alcántara Almánzar, René del Risco Bermúdez, César Vallejo, Neruda, Franklin Mieses Burgos, Manuel del Cabral, Borges, Platón, Fuentes, Rulfo, Pedro Henríquez Ureña, Flaubert, Baudelaire, Sergio Pitol, Jaques Stéphen Alexis, descubrí una forma diferente del mundo, una burbuja, y estoy metido en ella desde ese tiempo.
5. ¿Ha habido en República Dominicana suficiente apoyo para que, especialmente, los jóvenes y adolescentes se interesen por los libros?
No. El hecho de que yo haya llegado tan tarde a la literatura lo demuestra. No existe apoyo para el escritor, no se fomenta la lectura. Como yo he dicho algunas veces, en mi país un escritor es un ilustre desconocido. Hacer cultura es un acto decorativo, un pasatiempo inútil. Yo hago mucha gestión cultural en mi país, dirijo un taller literario y he creado clubes de lectura en los barrios pobres de mi ciudad. Existe un ministerio de cultura, pero no sirve para mucho. Bueno, no sirve para nada. Después, cuando el escritor es reconocido, se le llama para que el político de turno le entregue una placa, le prometa un apartamento o una pensión. En el caso de la República Dominicana, es un país muy pequeño y pobre, cuyo mercado editorial también es muy reducido. Ninguna gran editorial desembarcará en este país, así como es muy difícil que un escritor dominicano acceda a las grandes editoriales, menos aún un escritor joven o desconocido, porque las editoriales buscan grandes mercados. Verdad de la época y del capitalismo, lo cual, si lo pensamos bien, limita el espacio de la literatura, reduce la cantidad de buenos escritores que podríamos encontrar.
6. ¿Cuál fue el tema del primer cuento que escribiste?
No recuerdo. Debió ser un cuento de adolescente, quizás algo romántico. Quizás no fue un cuento, sino un poema. Pero como siempre he escrito mucho, frenéticamente, aunque no publico mucho, no recuerdo bien qué fue exactamente lo primero que escribí.
7. ¿Cuáles, ya adulto, han sido tus lecturas preferidas?
Las mismas que en la adolescencia, no creo que haya evolucionado mucho en ese sentido. Ahora estoy leyendo a Le Clézio. Volví a leer a Camus, porque estoy dictando unas charlas en Santo Domingo sobre él. Me gustan mucho Coetzee y Philip Roth. El boom, y escritores de mi generación, por lo menos los que puedo encontrar, que son muy pocos; Bolaños, por ejemplo, que es un poco mayor, mucha literatura dominicana, he leído a Rocangoglio y a Xavier Velasco, pero no me gustaron mucho. Pero claro, eso es relativo, es una cuestión personal. Me gustó mucho, sí, la novela “Caracol Beach”, de Eliseo Alberto, que ganó el Premio Alfaguara, es una de las pocas novelas ganadoras de ese premio que de verdad me ha gustado.
8. ¿Cómo surgió la idea de tu primer libro?
Mi primer libro fue “Juguete de Madera”, una novela corta que tuvo mucho éxito aquí en el país. Se me ocurrió la idea repentinamente, recordando Caperucita Roja. Quien lea el cuento de Perrault y mi novelita, que es una especie de historia cruel sin contemplaciones sobre una niña que se escapa de su casa y se encuentra con un lobo en su camino, se dará cuenta de la influencia de uno en la otra.
9. ¿Cuánto tiempo te demoraste escribiendo "Cada demonio"?
Años. Como uno no tiene todavía la oportunidad de publicar con cierta facilidad, las cosas le duran a uno años guardadas, y cuando aparece la oportunidad se publica. Pero eso es beneficioso, porque significa que hay mucho tiempo para la maduración del texto y la corrección. Y puedo decir que todavía está en construcción.
10. ¿En qué género podemos incluir tu más reciente novela?
Es una novela negra. Una investigación sobre el secuestro de una adolescente, Isabelita, durante la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo. Su hermano, que se exilió en New York con su familia cuando su hermana desapareció, regresa al país quince años después para investigar qué sucedió con ella. Poco a poco, en medio de una atmósfera asfixiante y casi gótica, la pesquisa se va volviendo insoportable. Pero la novela es también el análisis de una época: él llega de nuevo a otra dictadura, la de Joaquín Balaguer, y encuentra nuevamente violencia, corrupción, depravación moral, oscuras tramas políticas. Las personas están detenidas, en espera de algo que parece nunca llegará. Pero él se da cuenta al volver (quizás porque se siente extranjero, un poco como el de Camus, porque ve las cosas desde fuera) que las dictaduras no podrían existir si una buena parte de la gente no se asociara con ellas, o por lo menos no fuese indiferente a ellas. Por lo que todos somos culpables, culpables todos de la desaparición de Isabelita, y de aquello terrible que le ocurrió, que el lector descubrirá al final de la novela.
11. ¿Qué opinión tienen en tu país de la literatura colombiana?
Bueno, que es una gran literatura. Que ha dado grandes escritores (un Premio Nobel, nada menos), y que, en mi caso particular, me ha proporcionado largas horas de felicidad. García Márquez, Alvaro Mutis, José Eustasio Rivera, Jorge Isaacs, nombres que se escuchan en toda América. Y bueno, ahora nos llegan William Ospina, Santiago Gamboa y sus novelas negras, aunque algunas no sean tan negras, Mario Mendoza que ganó un premio con su novela “Satanás”, o Fernando Vallejo, pero hay escritores como Milcíades Arévalo, que es mi amigo lejano, al que no conozco en persona pero nos escribimos por internet, o tú mismo, que eres escritor pero uno no tiene la posibilidad de leerlos porque no aparecen en el país, porque no nos leemos entre nosotros, aunque pude leer un libro tuyo que apareció en una librería de mi ciudad, un libro sobre periodismo. De poesía no llega nada, sólo narrativa o ensayo, eso es sumamente lamentable. Pero si nosotros, como lectores, decidiéramos: bueno, vamos a leer a mis colegas latinoamericanos, vamos a dejar un poco de lado toda esa literatura prefabricada que me venden las editoriales y los premios… otra cosa sería. Quizás seríamos otra clase de lectores, más responsables, porque a los lectores también hay que exigirles compromisos, no sólo a los escritores.
12. ¿Y tú que has leído de los escritores colombianos?
Más o menos te contesté en la respuesta anterior. Me gustaría leer más literatura colombiana, más literatura latinoamericana, más literatura caribeña. Porque es la que más se acerca a mi identidad, a lo que soy y a lo que pretendo decir como escritor.
http://www.amazon.com/dp/B00MWDR02O
El Arma Secreta-José M. Fernández Pequeño
José M. Fernández Pequeño es un escritor cubano-dominicano que actualmente reside en Miami, E.U., pero que duró algunos años viviendo en la República Dominicana, donde desarrolló una amplia labor de profesor, gestor cultural y, por supuesto, escritor. Su nuevo libro, "El Arma Secreta", contiene nueve cuentos que transcurren en la República Dominicana y en Cuba. Es nativo de Santiago de Cuba, y vivió algún tiempo en Santiago de los Caballeros en la Rep. Dom., pero la mayor parte de su estancia en el país transcurrió en Santo Domingo. Los cuentos del libro son: "Los Conquistadores", "El Arte de Roncar", "Un Cierto Olor a Escalofrío", "Rebeliones", "El Cíclope", "Imperfecciones", "Pongamos por Caso", "El Ombligo de María B" y "El Arma Secreta". "Los Conquistadores" es un cuento muy breve que abre el libro, de menos de una página, e "Imperfecciones" es un cuento corto de dos páginas y media, pero en sentido general los cuentos de Fernández Pequeño son largos, y transcurren en una realidad insólita (como él dice que es la vida cotidiana de la República Dominicana) y dura, difícil, aunque tratada con cierto humor propio de la personalidad del autor. La pintura de la portada es del maestro dominicano Mario Grullón: el cuadro "Hojas y Ojos". Solamente he leído el segundo cuento del libro, "El Arte de Roncar", así que aún no puedo dar una opinión crítica, sobre todo porque el autor confiesa que arma sus libros como un todo, es decir que cada cuento tiene una finalidad que completa el volumen, pero ya en ese cuento (como en los demás de sus libros anteriores, por ejemplo del volumen "Tres eran Tres") se nota el asombro ante una realidad absurda que a los dominicanos ya no nos asombra, la realidad del caos sin arrepentimiento. Enhorabuena a José M. Fernández Pequeño.
José M. Fernández Pequeño es un escritor y editor nacido en Cuba y naturalizado dominicano, país donde residió durante quince años. Ha publicado catorce títulos de crítica literaria, ensayo y narrativa. Durante cerca de treinta y cinco años se ha desempeñado como profesor universitario de Literatura, Cine y Comunicación. Gestor cultural, estuvo entre los fundadores del Festival de la Cultura Caribeña, la Casa del Caribe y la revista Del Caribe, en Santiago de Cuba. Fue Gerente de Programas Culturales del Centro León, en Santiago de los Caballeros.
(Tomado de la solapa de "El Arma Secreta")
http://www.amazon.com/dp/B00MWDR02O
José M. Fernández Pequeño es un escritor y editor nacido en Cuba y naturalizado dominicano, país donde residió durante quince años. Ha publicado catorce títulos de crítica literaria, ensayo y narrativa. Durante cerca de treinta y cinco años se ha desempeñado como profesor universitario de Literatura, Cine y Comunicación. Gestor cultural, estuvo entre los fundadores del Festival de la Cultura Caribeña, la Casa del Caribe y la revista Del Caribe, en Santiago de Cuba. Fue Gerente de Programas Culturales del Centro León, en Santiago de los Caballeros.
(Tomado de la solapa de "El Arma Secreta")
http://www.amazon.com/dp/B00MWDR02O
Publicando un libro en amazon.com
Me parece sumamente interesante, provechosa y reconfortante la publicación independiente a través amazon.com, y en otras plataformas como bubook.es, etc., de acuerdo a mi experiencia. Me parece interesante a pesar de los problemas que ha tenido amazon.com con escritores ya reconocidos, en Francia y en Estados Unidos, con respecto al pago de regalías. Pero para los escritores del tercer mundo, para los "indies" (así le dicen en gringolandia a los independientes), es una plataforma extraordinaria. ¿Por qué?, porque si envías tu libro a una editorial reconocida, y esa editorial te rechaza el libro, entonces puedes publicarlo en Amazon, gratuitamente, y el público decidirá si le gusta o no ese libro. Claro que es difícil que compren tu libro, porque hay millones de volúmenes en la plataforma, millones, y de entre esos millones tiene que haber gente que encuentre tu libro y lo lea; pero no necesitas a la editorial. Y si la editorial no te lo rechaza, sino que no te parece que debas enviárselo, sino simplemente publicarlo por tu cuenta, también.
Eso es lo que sucede con los buenos escritores del tercer mundo. Una editorial española, por ejemplo, no se arriesgará con un escritor desconocido (bueno, por lo menos es muy difícil que lo haga), de un mercado pequeño de un país pequeñito, aunque su obra tenga calidad, no; una gran editorial se arriesgará con un escritor desconocido de países grandes, en los cuales haya grandes mercados. Entonces tenemos, debido a la ley capitalista de la oferta y la demanda, y del mercado, que es la principal institución del capitalismo, que los escritores conocidos son los de los grandes mercados, pero un escritor de un país, diríamos, de diez millones de habitantes, que tenga un 20% de analfabetismo, y que además sea un país pobre, entonces ahí no hay nada que hacer. Independientemente de la calidad del libro. Lo mismo sucede con los concursos literarios, con los premios, etc.
Pero publicar de forma independiente puede resolver eso. Claro, no resolverá el problema de la crítica, es decir que en una plataforma como amazon.com tú puedes vender un millón de ejemplares de tu libro, pero eso no significa que vas a recibir el reconocimiento de la crítica y de la comunidad literaria, que van a comentar tu libro en periódicos los demás escritores, etc. Es posible incluso que tu nombre pase desapercibido, pero no importa: ya vendiste un millón de ejemplares (o mil, o dos mil, que también está muy bien).
Lo interesante de todo esto, me parece a mí, es que algunos géneros pueden encontrar en estos espacios formas de publicación. La poesía, por ejemplo, que hay editoriales, como Alfaguara, o Anagrama o Seix Barral, que no la publican. Puedes publicar tu libro de poesía, en papel o en e-book, y colocarlo en amazon.com. Y regalar tu libro, si quieres, ponerlo gratis y que la gente te lea aunque no ganes dinero. Pero que te lean, que es lo que quieren los escritores. Y es saludable que aparezcan estas plataformas porque los libros que publican las editoriales se vuelven cada vez más aburridos, así como los ganadores de concursos literarios, que siempre nos decepcionan, como si hubiese una fórmula mágica para escribir, un sistema único, lo presabido y preescrito que quieren venderle a uno como novedoso, cuando yo he dicho también más de una vez: lo que está de moda para que se venda, lo que parece original y no es más que paja, es, al final, también mercado. Todos esos libros formalmente aburridos y estéticamente nulos, pero que se venden mucho porque eso es lo que la gente está esperando. Es posible que también en Amazon esos sean los libros que más se vendan, pero no quire decir (ahí está lo interesante), que no tenga presencia también lo otro, lo raro, lo nuevo, lo rebelde, lo contestatario, estéticamente hablando, por supuesto. Y si publicas tu libro en esta plataforma, puede ser lo más original del mundo, y puede ser un gran libro, eso lo decidirá el lector.
Entonces, a pesar de todos los pleitos legales en países primermundistas, para los escritores del tercer mundo, para mi país, por ejemplo, la República Dominicana, donde no desembarcará ninguna editorial importante, es un éxito esta clase de plataformas. Tu libro está ahí, aunque no te lo compre nadie; regálalo, o envía el link a tus amigos, o pídelo tú mismo por correo para que te manden algunos ejemplares y se los enseñas a tu familia y a tus amigos, y tal vez puedas vender dos o tres cuando te los envían por correo. Por lo menos es un poco más de lo que hacen las grandes editoriales.
Para saber más acerca de cómo publicar en amazon.com, puedes escribirme a:
videomaximo@hotmail.com
Y si ya publicaste en Amazon, envíame tus links que te los publico gratuitamente en este blog.
Y que des click a los enlaces de amazon. Ya yo daré click a tus propios enlaces, cuando me los envíes o los publiques.
Si quieres el libro Cada Demonio mucho más barato que el enlace de arriba, click aquí:
Eso es lo que sucede con los buenos escritores del tercer mundo. Una editorial española, por ejemplo, no se arriesgará con un escritor desconocido (bueno, por lo menos es muy difícil que lo haga), de un mercado pequeño de un país pequeñito, aunque su obra tenga calidad, no; una gran editorial se arriesgará con un escritor desconocido de países grandes, en los cuales haya grandes mercados. Entonces tenemos, debido a la ley capitalista de la oferta y la demanda, y del mercado, que es la principal institución del capitalismo, que los escritores conocidos son los de los grandes mercados, pero un escritor de un país, diríamos, de diez millones de habitantes, que tenga un 20% de analfabetismo, y que además sea un país pobre, entonces ahí no hay nada que hacer. Independientemente de la calidad del libro. Lo mismo sucede con los concursos literarios, con los premios, etc.
Pero publicar de forma independiente puede resolver eso. Claro, no resolverá el problema de la crítica, es decir que en una plataforma como amazon.com tú puedes vender un millón de ejemplares de tu libro, pero eso no significa que vas a recibir el reconocimiento de la crítica y de la comunidad literaria, que van a comentar tu libro en periódicos los demás escritores, etc. Es posible incluso que tu nombre pase desapercibido, pero no importa: ya vendiste un millón de ejemplares (o mil, o dos mil, que también está muy bien).
Lo interesante de todo esto, me parece a mí, es que algunos géneros pueden encontrar en estos espacios formas de publicación. La poesía, por ejemplo, que hay editoriales, como Alfaguara, o Anagrama o Seix Barral, que no la publican. Puedes publicar tu libro de poesía, en papel o en e-book, y colocarlo en amazon.com. Y regalar tu libro, si quieres, ponerlo gratis y que la gente te lea aunque no ganes dinero. Pero que te lean, que es lo que quieren los escritores. Y es saludable que aparezcan estas plataformas porque los libros que publican las editoriales se vuelven cada vez más aburridos, así como los ganadores de concursos literarios, que siempre nos decepcionan, como si hubiese una fórmula mágica para escribir, un sistema único, lo presabido y preescrito que quieren venderle a uno como novedoso, cuando yo he dicho también más de una vez: lo que está de moda para que se venda, lo que parece original y no es más que paja, es, al final, también mercado. Todos esos libros formalmente aburridos y estéticamente nulos, pero que se venden mucho porque eso es lo que la gente está esperando. Es posible que también en Amazon esos sean los libros que más se vendan, pero no quire decir (ahí está lo interesante), que no tenga presencia también lo otro, lo raro, lo nuevo, lo rebelde, lo contestatario, estéticamente hablando, por supuesto. Y si publicas tu libro en esta plataforma, puede ser lo más original del mundo, y puede ser un gran libro, eso lo decidirá el lector.
Entonces, a pesar de todos los pleitos legales en países primermundistas, para los escritores del tercer mundo, para mi país, por ejemplo, la República Dominicana, donde no desembarcará ninguna editorial importante, es un éxito esta clase de plataformas. Tu libro está ahí, aunque no te lo compre nadie; regálalo, o envía el link a tus amigos, o pídelo tú mismo por correo para que te manden algunos ejemplares y se los enseñas a tu familia y a tus amigos, y tal vez puedas vender dos o tres cuando te los envían por correo. Por lo menos es un poco más de lo que hacen las grandes editoriales.
Para saber más acerca de cómo publicar en amazon.com, puedes escribirme a:
videomaximo@hotmail.com
Y si ya publicaste en Amazon, envíame tus links que te los publico gratuitamente en este blog.
Y que des click a los enlaces de amazon. Ya yo daré click a tus propios enlaces, cuando me los envíes o los publiques.
Si quieres el libro Cada Demonio mucho más barato que el enlace de arriba, click aquí:
Máximo Vega por Manuel Salvador Gautier
16 de agosto de 2014

Máximo Vega es narrador desde muy temprana edad. Nació en 1966 y ya para 1984, a los 18 años, tenía escritos varios cuentos y una primera novela. Los cuentos no sobrevivieron; la novela, sí. Hablo de Juguete de Madera, corta, que, con cuatro ediciones, se ha convertido quizás en la obra literaria más conocida del mundo literario del Cibao. Aunque también tiene adeptos en
Sobre Máximo Vega, la escritora también santiaguera Rosa Silverio, en la introducción a una entrevista que le hace a nuestro autor sobre Juguete de Madera, novela publicada en 1996, nos dice: “A través de su literatura nos remite a un universo en donde predomina lo oscuro, la derrota, la infamia y el abismo. Una literatura en donde se nos muestran las cicatrices del alma humana y sus más viles o secretas aficiones, en donde los sueños se vuelven una causa perdida y en donde apenas queda un resquicio para la luz. Esa literatura honda, cruda y pesimista que muchas veces se contrapone a cualquier esperanza, logra remover los cimientos del lector y lo lleva a cuestionarse sobre la realidad que le rodea y sobre su propia naturaleza”.
Es una percepción que comparte el reconocido escritor José Alcántara Almánzar, en la presentación del último libro de Vega, publicado por el Banco Central en el 2014, titulado Era Lunes Ayer, donde nos dice: “Los textos de Vega pueden interpretarse como transgresiones a la moral establecida, un frontal ataque a la doble moral que nos ahoga. Son intentos de penetrar en la sordidez y la desesperanza de unas vidas sin alicientes ni destino. Pero más allá del efecto perturbador de una escena o una frase implacable, lo que impresiona es la crudeza para contar los aspectos más venenosos de las relaciones entre hombres y mujeres. Algunos son cuentos desgarradores y crueles sobre una violación, un infanticidio, un incesto en primer grado, en todos late algo macabro que nos estremece”.
Es obvio que, en esta obra literaria, escrita en un período de treinta años, desde 1984 a 2014, Vega se mantiene fiel al tema que lo enardece: la denuncia de los abusos que cometen los hombres y las mujeres entre sí, y lo hace de manera descarnada, sin contemplaciones.
El libro Era Lunes Ayer, se inicia con dos obras maestras de la cuentística dominicana, los cuentos titulados “La Victoria ” y “Hansel y Gretel”, que ya habían sido publicados en otros de sus libros (puesto que esta obra es una recopilación de sus cuentos editados). En estas dos obras, la caracterización que hace de sus personajes es pormenorizada e impactante.
“La Victoria ” es un monólogo de pocos párrafos largos; manejado con un lenguaje sencillo
donde campean las palabras del mundo del boxeo, ya que el protagonista es un boxeador. Trata sobre las promesas que no pueden cumplirse, y es extraordinaria la manera en que Vega maneja el tema, con gran destreza y sutileza. El final toma desprevenido al lector. Es el momento en que aparece uno de esos “resquicios para la luz” que señala Rosa Silverio: Vega nos guía hacia la compasión. Compasión por estos seres vencidos, que no pudieron cumplir sus promesas ni alcanzar sus sueños, y que, sin embargo, encontraron una salida satisfactoria, aunque inconsecuente, a sus vidas.
donde campean las palabras del mundo del boxeo, ya que el protagonista es un boxeador. Trata sobre las promesas que no pueden cumplirse, y es extraordinaria la manera en que Vega maneja el tema, con gran destreza y sutileza. El final toma desprevenido al lector. Es el momento en que aparece uno de esos “resquicios para la luz” que señala Rosa Silverio: Vega nos guía hacia la compasión. Compasión por estos seres vencidos, que no pudieron cumplir sus promesas ni alcanzar sus sueños, y que, sin embargo, encontraron una salida satisfactoria, aunque inconsecuente, a sus vidas.
“Hansel y Gretel” es una interiorización de una mujer ordinaria, ejecutiva arribista, que trabaja en una oficina del Gobierno y aspira a seguir ascendiendo hasta sustituir a su jefa. Vega, también con gran destreza, nos inunda de detalles sobre la vida de esta mujer: cómo se viste, lo bien que cocina, cómo desprecia a los que no considera de su clase, cómo se hace acompañar de una amiga de mayor categoría para igualarse a ella. Hasta el final, no se entiende por qué el autor llama su cuento igual a la famosa historia de los hermanos Grimm que nos leyeron de niños para espantarnos y hacer que nos portáramos bien. Este cuento de Vega, sin embargo, es mordaz, muy cruel, sin la ternura del de los Grimm, donde los niños son los protagonistas y logran un final feliz. “Hansel y Gretel” de Vega ha tenido gran éxito internacional: fue incluido en un texto para estudiantes universitarios en México.
Además de las obras ya señaladas, Máximo Vega tiene las novelas “Ana y los Demás” (2001) y “El Mar” (2008), y los libros de cuentos “La Ciudad Perdida ” (2004), “El Final del Sueño” (2005) y “Cuentos para Niños y otras Historias Terribles” (2006). Ha editado las antologías de cuentos “Para Matar la Soledad ” (2002), del Taller de Narradores de Santiago, “El Cuento Contemporáneo de Santiago” (2005), y el libro de ensayos “El Libro de los Últimos Días” (2011). Ha sido premiado en varios de los concursos nacionales en los renglones de cuento y de ensayo, y ha sido antologado nacional e internacionalmente. En el año 2002, ganamos el Concurso de Ensayo con motivo del Bicentenario del Nacimiento de Víctor Hugo, Vega con el trabajo “Víctor Hugo en la Historia ”, sobre la vida del escritor, y yo con el trabajo “La fatalidad no está en un campanario de París”, sobre su narrativa, analizando la novela El Jorobado de Nuestra Señora de París.
Uno de los grandes méritos de Vega como difusor de la cultura es haber liderado el Taller de Narradores de Santiago, fundado hará unos quince años. En la actualidad es su coordinador. Desde esta actividad, ha estimulado la creatividad de nuevos escritores y ha difundido la obra literaria cibaeña.
A Mitad del Sendero (cuentos)
Este es el libro de Altagracia Pérez, que ahora vive en Europa, el cual edité y le escribí un breve prólogo, y que será puesto a circular en poco tiempo. Mientras tanto, aquí están las palabras que escribí para presentar su primer libro, que recuerdo que ganó el Premio de Cuento de la Sociedad Alianza Cibaeña:
Los cuentos de Altagracia Pérez abordan temas que son escasamente tratados por los escritores de nuestro país. Ella nació en Santiago Rodríguez, en la Línea Noroeste , y sus cuentos se encuentran ambientados en ese específico espacio, aunque ella no lo comente, o en los barrios urbanos marginados formados por emigrantes de las zonas rurales, con toda su carga de miseria, de desarraigo cultural, con toda su realidad caótica e interesante. Todos sus cuentos se encuentran enmarcados en un ambiente mezquino, desolador y desventurado.
Si algo define a estos cuentos de Altagracia, si algo los comunica, sería cierta cualidad poética parecida, pero de ningún modo extraída, a la de los dos libros de Juan Rulfo. El cuento “Bajo la Lluvia ”, por ejemplo, apenas cuenta una historia, puesto que es más bien la definición de un personaje, con un lenguaje que lo convierte en opaco y esquivo, casi intangible. Contado en segunda persona, se encuentra alevosamente escrito en clave poética, de manera que la historia cede a las palabras, y a veces es más importante cómo se encuentra escrito, que la historia en sí que se narra, a pesar de su final sorprendente.
Para los que han leído “La Pasión de Mallías González”, antologado en varias ocasiones, no será una sorpresa la historia desdichada de esa familia venida del campo, instalada en un barrio periférico de la ciudad de Santiago, la historia poderosa de ese retrasado mental que vive en su propio mundo, aunque ese mundo sea, por supuesto, terrible. Puesto que dos cuentos pueden ser descontextualizados de este pequeño libro, cuentos que a su vez presentan puntos en común: el ya mencionado “La Pasión de Mallías González”, y “Fin de Semana”: ambos suceden en barrios marginados, sus personajes han emigrado del campo a la ciudad, y ambos tienen un signo trágico que completa la historia.
Los demás transcurren en zonas rurales: están escritos de forma diferente, enfocados de forma diferente; a pesar de que sus personajes no son individuos felices, la poesía de su lenguaje es, a veces, más importante que la historia en sí. En los dos cuentos ya mencionados, se narra abiertamente, y el lector podrá encontrarse con varias imágenes muy bellas, pero la historia es tan vigorosa que olvidamos por completo su forma. En los cuatro restantes (debemos tener en cuenta que, quizás, estas historias le llegan difuminadas por el recuerdo) el lenguaje y la evocación, cierta melancolía y cierto candor, cierta ternura hacia los personajes en medio de tanta dureza, de tanta tristeza, reflejan la nostalgia de la autora por un tiempo y un espacio que ya ha abandonado, es posible que definitivamente.
Quiero también llamar la atención del lector en el hecho de que la mayoría de los personajes importantes de este libro son mujeres, y que esta preponderancia femenina presagia la inclusión de Altagracia en cierta literatura escrita por mujeres que responde a los intereses de su propio género, a su problemática y a su marginación, que despierta en toda América Latina, aunque no sé si, todavía, podríamos hablar de felices resultados. Futuros trabajos creativos demostrarán el compromiso de la autora con esta temática, con este “ojo femenino” con el que se ve la vida. A pesar de que sus cuentos pueden dar la impresión “de que los estamos leyendo como a través de un cristal”, como se le objetó en algún momento a Virginia Woolf, son completamente sinceros, auténticos, salidos de una experiencia o un dolor, y, más importante aún: son diferentes. En un tiempo literario en el cual todos escriben lo mismo y todas las historias se parecen, este logro, que se manifiesta de manera natural en ella, no es poca cosa.
En el segundo apartado del volumen, esto es, “Alfabeto para la Desolación ”, continúa con este estilo poético que envuelve las historias. Muchas de ellas transcurren ya en Europa, donde vive en estos momentos la autora, y algunos vuelven, a través del recuerdo, a su país de origen. Personajes tan reales que parecen sacados directamente de algunas de nuestras calles, aunque siempre están presentes en ellos un sentido humanístico que no los hace irreales, sino mucho más imperfectos, como somos todos. Estos cuentos están escritos posteriormente a la primera parte (“A Mitad del Sendero”), y puede notarse sin hacer mucho esfuerzo un mayor cuidado en el tratamiento del texto, un conjunto de historias con argumentos más complicados, personajes de muchas dimensiones, impuros o agradables, mejores y al mismo tiempo peores.
Siempre es agradable saludar un primer libro. Que ella me haya escogido a mí para representar este papel, me enorgullece profundamente. Al mismo tiempo, cuando varios escritores jóvenes le piden a uno que prologue sus libros –me ha ocurrido dos o tres veces ya –significa que, lamentablemente, uno empieza a madurar, empieza a envejecer. Pero está claro que éstas son sólo algunas escuetas palabras de apoyo y presentación. Espero que Altagracia, mi gran amiga, aprecie la Literatura con la seriedad y la entrega, con la pasión obsesiva que toda actividad que le da sentido a nuestra vida se merece.
¿Y Tu Abuela Dónde Está?, de Carlos Esteban Deive
Este es el libro ¿Y Tu Abuela Dónde Está?, de Carlos
Esteban Deive, Premio Nacional de Ensayo 2012. Es pertinente comentar este
libro en estos momentos debido a las tensiones entre Haití y la República Dominicana ,
que han aumentado desde hace algún tiempo. En este ensayo, Esteban Deive
analiza el nacimiento de ambas naciones desde la época colonial y su
separación histórica, la presencia del negro en ambos nacimientos, pero el libro nos habla de algo más, de un sentido
humanístico del problema: en su condición de dominicano nacido en España, más
dominicano que español, el autor trata de no recurrir a ninguna clase de
etnocentrismo para explicarnos las taras que nos ha legado el pasado colonial,
los choques armados con Haití, que en el siglo XIX ocupó este lado oriental de la
isla por 22 años, las masacres de Dessalines y Christophe, la matanza de los
haitianos por parte del dictador Trujillo, etc. Pero indirectamente, Esteban
Deive describe, a través de documentos escritos por intelectuales liberales
desde el siglo XVIII, la imposibilidad de los liberales de acceder al poder
real, y el éxito de los conservadores para detentar continuamente el poder
político. Hateros, esclavistas, amos, privilegiados, es decir, racistas,
antihaitianos, ricos, hispanófilos, se han cuidado de agruparse para permanecer
en el poder, examinando detenidamente a los gobernantes de turno para averiguar
si pueden afectar sus intereses. El continuo acceso al poder de la clase
privilegiada y conservadora, cuya única misión social es mantener los
privilegios basados en la tradición, ha provocado, auspiciado por los continuos
choques y problemas con Haití, que el dominicano sea racista, antihaitiano,
conservador y etnocéntrico. Pero que, en una suerte de racismo inverso, el
haitiano padezca el mismo problema con respecto al dominicano. Los
intelectuales liberales han sido incapaces de romper un cerco conservador que
es obvio en cada uno de los gobiernos dominicanos, sea quien sea el gobernante
de turno. Peña Batlle y Joaquín Balaguer, los dos apólogos principales del
conservadurismo político encarnado en la figura de Trujillo primero, y del
propio Balaguer luego, nunca ocultaron su racismo, contenido en su hispanofilia
y en la idea de que el blanco es superior al negro, biológicamente, aunque yo
pienso que no son apologistas ingenuos, sino que sus ideas están sustentadas en
pruebas falsas, o falsificadas, pero que ellos sabían que eran falsas; es
decir: mentían para propiciar un estado de cosas que conviene al
conservadurismo, que mantiene sus privilegios sociales pase lo que pase. Esa
diferencia, que cae ya en un antihaitianismo cada vez menos racial, debido a
los descubrimientos científicos y a que, incluso, el país más poderoso del
mundo tiene un presidente de color (el presidente de los Estados Unidos Barack
Obama es porcentualmente más popular en la República Dominicana
que en los demás países de América Latina), ha ido derivando a lo económico: el
pobre merece ser pobre, el rico merece ser rico. El dueño de una tienda por
departamentos es multimillonario, pero sus empleados tienen que trajinar mucho
para sobrevivir económicamente todos los días: él no trata de cambiar la
situación porque esa es la ley natural, la ley del capitalismo. Los
funcionarios políticos son incapaces de cambiar eso, o no les interesa. Las
personalidades liberales que han sido presidentes de la República (exceptuando a
Juan Bosch), al llegar al poder han dado un viraje ideológico que los coloca en
la acera de enfrente, tratando de mantener la gobernabilidad. El éxito tan
arrollador del conservadurismo político, que todavía hoy día pretende hacer
creer al país que los negros (haitianos), son inferiores a los blancos (según
ellos: dominicanos, lo más ridículo del mundo, puesto que los dominicanos somos
mestizos y mulatos en su gran mayoría), nos ha colocado siempre en una posición
de desventaja en el plano internacional, puesto que siempre estamos a la
defensiva debido a estas consideraciones reaccionarias. Como ha sucedido en
otros países caribeños, y como muy bien escribe Carlos Esteban Deive, aquí debería
crearse una Instituto de Estudios Africanos, o una Casa de Estudios Africanos o
un Centro de Estudios Africanos, auspiciado por el ministerio de cultura, que
nadie sabe bien para qué sirve, al mismo tiempo que una serie de proyectos y
actividades culturales conjuntas podrían acercar ambos pueblos, aunque, por
supuesto, no exactamente ahora, sino cuando las aguas se calmen debido a todo
lo que sucede en estos momentos. Pero el pensamiento liberal dominicano, las
personalidades, los intelectuales liberales dominicanos, deberían hacer una
profunda revisión de su incapacidad para acceder al poder, en contraposición
con el conservadurismo, que siempre está en el poder (aún cuando ganen las
elecciones presidentes supuestamente liberales) y que impone un modelo
ideológico obsoleto y reaccionario que mete en problemas continuamente a la República Dominicana.
Esta obra de Carlos Esteban Deive debería ser libro de texto obligatorio en el
bachillerato y en las universidades dominicanas, si queremos empezar a
reconocer de una vez por todas quiénes somos en realidad.
Tres novelas de J. M. G. Le Clézio: Onitsha, Desierto y La Cuarentena
Jean-Marie-Gustave Le Clézio es un gran
escritor. La mayoría de sus novelas y ensayos abordan el mestizaje y el
proceso de enriquecimiento del capitalismo a través del colonialismo. Sus
novelas son libros de viajes. Le atraen las culturas milenarias y originales,
poniendo de manifiesto el hecho de que esas culturas son mucho más ricas,
interesantes y profundas que la dominante hoy día, es decir, la civilización
europea. Pero al mismo tiempo, debido a que sus historias transcurren en el
tercer mundo, parece contarnos también que los reyes y los emperadores de hoy
pueden ser los mendigos del mañana. Sus novelas son, en realidad, fábulas. Algo
de irrealidad y de inverosimilitud transmiten, a pesar de las atrocidades que
suceden en ellas, y a pesar de que se encuentran sustentadas en hechos
históricos irrefutables. Sus personajes son demasiado místicos o demasiado
dignos. Quizás sucede así porque están enfocadas desde el punto de vista de un
europeo, es decir, no están contadas desde dentro. Las cuenta alguien que ve, y
que trata de entender. He leído sólo tres novelas suyas (es bueno consignarlo
antes de continuar), publicadas por la editorial Tusquets: Onitsha, Desierto y La
Cuarentena. En Onitsha, su personaje principal, un niño inglés que viaja al África, habla de su madre como si se tratara de su amante. Desprecia a los pedantes
colonizadores ingleses que maltratan a los verdaderos dueños de esa tierra,
empieza a entender la originalidad de las culturas yorubas que surgieron hace
miles de años a orillas del río Nilo. En Desierto aparece Lalla, una niña árabe, que se enamora de un niño mudo descendiente de los tuaregs
(al autor le atraen los personajes mudos o sordomudos, que son reiterativos en
su obra), que es despreciado por el pueblo de ella, que los ha adoptado a
ambos. Lalla viaja a Francia, y al crecer se convierte en una modelo famosa de
fotografías, pero es incapaz de permanecer en un país que no comprende.
Analfabeta, embarazada, Lalla parece pertenecer sin remedio a una civilización
sin la cual se siente desarraigada. Simultáneamente, se cuenta la historia de
los tuaregs, imperialistas, guerreros, derrotados por el “ejército cristiano”
francés que invadió Marruecos durante el siglo XIX para cobrarse una deuda bancaria
de su rey (como sucedió aquí en la República Dominicana a principios del siglo XX, invadida por los Estados Unidos por la misma razón). En La
Cuarentena, un niño que espera a su abuelo en un bar de París se encuentra de repente con Rimbaud y Verlaine (Rimbaud: rebelde, violento, joven,
depresivo; Verlaine: tranquilo, aburguesado, maduro), y empieza a recordar
entonces la historia de su abuela Suzanne, que citaba los versos de Rimbaud, la historia de su
abuelo Jacques, pero también la vida del hermano de su abuelo, Léon, el
Desaparecido, que abandonó a su familia por el amor de una mujer hindú después de un viaje infernal a las islas Mauricio. Es la más cruda de las tres novelas. Se
cuenta al mismo tiempo los avatares de los inmigrantes hindúes, engañados por
las empresas inglesas para irse a morir a las islas Mauricio (creyendo ellos,
claro está, que llegarían al paraíso). Pero lo que más nos sorprende de las
novelas de Le Clézio es el uso del lenguaje. Está compuesto por una sucesión de bellezas que a veces nos agota. Tiene un gusto casi romántico por las
culturas antiguas, exóticas, lo cual le confiere un tono épico. Sus
descripciones, sumamente poéticas, elevan estas fábulas atroces, puesto que
contadas de otra manera nos resultarían insoportables. Lo único que le
reprochamos es cierta tendencia a la cursilería, una mínima tendencia a lo
cursi, que le soportamos debido a la belleza que rodea tantos “sueños”,
“mares”, “estrellas”. En La Cuarentena, los
cipayos asesinan a bastonazos a los inmigrantes, pero sabemos que la vida sigue
siendo bella gracias al uso del lenguaje. A veces aparece La Fría, como un espectro, una mujer enferma que carga por los caminos cipayos a su hijo muerto. En Desierto,
los tuaregs son diezmados debido al dinero, la causa más pueril y banal del
mundo (pero la causa que mueve hoy todas las cosas). Sus descendientes están
condenados a vivir en los basureros del planeta. Como estamos condenados
nosotros, habitantes de un tercer mundo lleno de corrupción y violencia. “Pero
alguna vez fuimos reyes”, dirá alguno; alguna vez antes de los imperialismos y
las colonizaciones, antes de la esclavitud: debemos entender que los personajes
de sus novelas somos nosotros también. Vamos a leer estas tres novelas de Le
Clézio, Premio Nobel de Literatura del año 2008.José Alcántara Almánzar
El libro de
cuentos de Máximo Vega, cuyo título, Era
lunes ayer, podría sugerir al lector un conjunto de crónicas periodísticas,
semblanzas o ensayos, lo primero que debo aclarar es que se trata de una
colección de ficciones, es decir, invenciones, creaciones de la imaginación que
tienen su raíz, qué duda cabe, en la más elocuente realidad. Una realidad
social y cultural de evidencias irrefutables, a menudo atroces, pero sobre todo
la realidad íntima y personal del autor, que es siempre el punto de partida del
viaje a la ficción, porque nadie puede pergeñar auténticas obras sin ese empuje
avasallador e intransferible que solo emerge del corazón y la mente de un
artista que pone al rojo vivo lo que en ideólogos y políticos se convierte en
falacia y ocultamiento.
Máximo Vega
cuenta historias y sabe hacerlo con un estilo claro, ágil, en el que se
advierte de inmediato su dominio de la técnica de narrar cuentos, yendo directo
al grano, sin eufemismos ni edulcorantes, sin ridículas poses de salón ni
sentimentalismos fatuos. Aprendió bien sus lecciones con maestros de la
estatura de Juan Bosch, a quien tributa un homenaje en la última historia. El
libro contiene una veintena de relatos
de seres humanos comunes y corrientes, cuyas vidas son ejemplos del fracaso en
sus más variadas formas. Son individuos que sucumben a la rutina, el anonimato,
la precariedad, las amarguras de relaciones tortuosas de desamor, infidelidad y
traición.
Un rasgo
dominante en los cuentos de Vega es el flagrante erotismo que recorre muchos de
ellos, y la voz del narrador lo hace sin ambages. Abunda el sexo por dinero, el
sexo como válvula de escape, el sexo prostituido. Toda la sociedad, con sus
lacras y deformaciones, asoma el rostro en las páginas de este libro. En cada
historia asistimos a un capítulo de la corrupción, la desigualdad, la
discriminación, la opresión, la violencia, la inseguridad, el desamparo de los
marginados.
Los textos de
Vega pueden interpretarse como transgresiones a la moral establecida, un
frontal ataque a la doble moral que nos ahoga. Son intentos de penetrar en la
sordidez y la desesperanza de unas vidas sin alicientes ni destino. Pero más
allá del efecto perturbador de una escena o una frase implacable, lo que
impresiona es la crudeza para contar los aspectos más venenosos de las
relaciones entre hombres y mujeres. Algunos son cuentos desgarradores y crueles
sobre una violación, un infanticidio, un incesto en primer grado, en todos late
algo macabro que nos estremece.
El autor
revela en este libro que es uno de los cuentistas de mayor talento de nuestro país
y que conoce a fondo los secretos de un género que si bien ha evolucionado como
pocos, constituye un desafío para cuantos pretenden cultivarlo. Sus cuentos, en
los que muestra un diestro manejo de las estructuras y técnicas de la narrativa
breve, son nuevas formulaciones, miradas novedosas de unas realidades ya
conocidas que él transforma en cada página, con un lenguaje que corta con la
precisión de un bisturí.
La
irreverencia se expresa no solo en la procacidad lúbrica y la expresión salaz,
sino en el hastío de lo familiar, convertido en prisión o infierno, lejos de
ser habitual remanso; en la crítica mordaz a las iniquidades sociales; en la
ironía, el sarcasmo, la implacable visión del entorno, el voyerismo, la
autocomplacencia, el odio al trabajo y a las buenas costumbres.
Muchas de las
historias de Era lunes ayer, un
título engañoso que no nos dice mucho de lo que vamos a presenciar, ocurren en
Santiago de los Caballeros, la patria chica del autor, una ciudad que se ha
vuelto insegura y caótica, como casi todas, con sus basurales y el humo
asfixiante del famoso vertedero, sus endrogados, sus rateros, sus boxeadores,
pintores y músicos fracasados, sus brujos de ocasión, sus travestis, fisgones y
mujeres de arrabal que a veces exhiben más compostura que las grandes damas de
sociedad.
En
conclusión, Era lunes ayer nos
sumerge en los laberintos que se encuentran bajo las felices mendacidades de la
publicidad, con su desfile de figuras impolutas, vestidas con atuendos
deslumbrantes y perfectos. Son cuentos que nos estremecerán y nos harán
reflexionar sobre este ominoso presente en que vivimos.
Muere Ana María Matute
Ana María Matute (1925-2014) ha fallecido a los 88 años en Barcelona, según ha confirmado la Real Academia Española (RAE), donde ocupaba la silla K. La autora de «Olvidado rey Gudú», que recibió el Premio Cervantes hace tres años, trabajaba actualmente en otra novela que verá la luz en septiembre. La escritora ha muerto en el Hospital de Barcelona un mes antes de cumplir los 89 años, tras haber sufrido hace unos días una crisis cardiorrespiratoria.
Cuando la escritora hablaba de sí misma, lo hacía en tercera persona, como si apelara a esa niña traviesa que siempre fue:
«¡Cosas de la Matute!», exclamaba. Hija de familia burguesa, el 26 de
julio del 36, Matute cumplía 11 años: mientras ardían las iglesias, los
anarquistas colectivizaban la fábrica de paraguas del padre, y la
familia escondía un fraile y una monja con una cheka muy cerca de
casa... «Intuíamos aquella guerra, pero no podíamos denominarla. Éramos
la Generación de los Niños Asombrados».
En aquellos años, se deleitaba con «La recherche» de Proust y las «Cumbres borrascosas» de Bronte,
que leyó a los 17 años. Todavía conservaba el libro en su biblioteca.
Colección La Nave: «Se cae a trozos, no se puede ni tocar… A veces
pienso: ‘¿Para qué escribir? ¡Que escriban otros! ¡A mí lo que me gusta
es leer!» Y luego, añadía con una voz tristona, «resulta que no puedes vivir sin escribir...». El 6 de enero del 59, cuando ganó el premio Nadal con «Primera memoria»,
la Matute lo estaba pasando mal. Ya había publicado «Los Abel», «Fiesta
al Nordeste», «Pequeño teatro», «En esta tierra» y «Los hijos muertos»…
pero escribía cuentos semanales para la revista Garbo con su hijo Juan
Pablo de pocos años en las rodillas y las manitas en el teclado de la
máquina. Una foto de aquellos tiempos difíciles le acompañó siempre en
su velador de escritora. Su matrimonio con el fantasmalRamón Eugenio Goicoechea
había naufragado; en las «historias de niños», con las que algún
crítico patoso le tejió un sambenito, la escritora se identificaba con
esos pequeños náufragos que expresan la verdad que más duele; esa verdad
que la edad adulta, haciendo honor a su nombre, adultera.
Empezamos a leer a la Matute en los años de Bachillerato –plan del 66- con «El Jarama» de Rafael Sánchez Ferlosio.
Era la generación de las postrimerías de los manuales. Dos libros,
«Pequeño teatro» y «Los niños tontos,» se asociaban a aquellos días de
antologías escolares. Cuando se lo mencionábamos, la Matute exclamaba:
«¡Oh! El “Pequeño teatro”… ¡Si es el peor libro que he escrito en mi
vida! Lo escribí a los 17 años y se nota». Pero luego matizaba con
picardía: «¡Hombre! Para haberlo escrito a esa temprana edad… Chapeau.
Yo misma lo digo, ya ves que no soy nada hipócrita...».
La capilla ardiente con los restos de Ana María Matute se abrirá mañana, jueves 26 de julio, a las 15.00 horas en el Tanatorio Les Corts de Barcelona y el funeral se celebrará al día siguiente, desde las 13.00 horas, en el mismo tanatorio, según han informado fuentes de la editorial Destino.
Escritora... por muchos años proclamábamos en cada primavera, por cada novela. En la avenida Virgen de Montserrat, donde vivía Ana María Matute,
ha quedado un sillón vacío donde ella cartografió universos remotos.
Las jornadas de la escritora comenzaban con un café y el crucigrama que
culminaba en ese sillón. Luego se metía en su cuarto para amasar sus
harinas novelescas. Conversar con ella era un goce de humor inteligente.
Recordamos una de aquellas mañanas. Desde la terraza de su sobreático
identificamos el territorio Marsé: la Ronda del Guinardó y el Carmelo.
En la sala de estar, un hogar de hierro forjado.
En la mesa de centro, el «Viaje en autobús» de Josep Pla.
Una lámpara con una pantalla salpicada de nombres de escritores:
Torrente Ballester, Camilo José Cela, Ramón J. Sender… Videos, libros de
historia y abundante literatura anglosajona en las estanterías. Cuadros: uno con grabados de «Alicia en el país de las maravillas» de Lewis Carroll; otro, con un mapa de Madrid en 1635. Las gafas de la escritora reposando sobre el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, su otro sillón de las palabras.
Cuando hablaba de sí misma, lo hacía en tercera persona
Matute escribió su primera novela
aquel verano del 36 en Barcelona y la tituló «Juanito». Por las noches
iba con una linterna a la habitación de mis hermanos para leerles un
capítulo, que acababa con un Continuará… Su obra estaba impregnada del
espíritu de una infancia con más sombras que luces que abominaba de la ñoñería. La escritora era crítica con los niños de hoy. Harry Potter
le parecía bien como estímulo de la imaginación. Le fastidiaban los
cuentos políticamente correctos «porque no hay ángeles y las hadas están
adulteradas» y denunciaba las carencias de esos chavales abducidos por las nuevas tecnologías:
«Manejan el ordenador mejor que nadie, pero no saben quiénes eran Caín y
Abel. Y no en el aspecto religioso, sino como expresión cotidiana. A
los 15 años es peor, porque entonces se creen que saben. Y más grave
todavía: personas que tienen una responsabilidad social y que cometen
faltas de ortografía. De jovencita, si algún pretendiente me escribía
con faltas de ortografía,
aunque fuera el chico más guapo del mundo yo lo descartaba rápidamente.
Me parecía horrible que un joven de 15 años cometiera faltas de
ortografía. Fíjese… ¡Ahora me quedaría sin novio!».
«A veces pienso: ‘¿Para qué escribir? ¡Que escriban otros! ¡A mí lo que me gusta es leer!»
Estaba en todas sus novelas
Sus novelas no eran autobiográficas… pero ella estaba en todas ellas. Sucede con «Luciérnagas»,
censurada en su integridad y no publicada hasta 1993. Los niños, como
lucecitas en el tenebroso apagón de la guerra civil. Luego, en la
humillada Barcelona de la posguerra, la Matute veinteañera se sentía
libre por la escritura. Y es que esa niña a la que cohibieron las monjas
por su tartamudez nunca sintió la angustia de la página en blanco.
Recordaba a su madre como una mujer buena pero muy severa que le
sorprendió el día de su matrimonio… Le trajo una caja con todos los
cuentos que Ana María escribió de niña: «Yo nunca sospeché que ella
guardaba eso, jamás, pensé que aquellos cuentos se había perdido, o
roto…».
Ignacio Agustí
la contrató para escribir cuentos en el semanario Destino. En su
juventud cultivó la bohemia en una ciudad de gabardinas y contactos
furtivos. De los barrios altos se bajaba con sus hermanos al Barrio
Chino: era la única chica del grupo. Al final de la Rambla entraban en
un bar repleto de discos de la Piaf, el Pastís. En honor a la Matute ponían en el tocadiscos una canción que le emocionaba: «Petit garçon perdu».
La inocencia florece también en los barrios bajos. En aquella Barcelona
triste, recordaba, fue «donde yo conocí el amor y conocí la esperanza y
donde lo creí todo. No sabía nada pero lo creí todo».
«Escribo en castellano porque es el idioma que pienso»
La lengua de Cervantes
Escritora catalana en castellano,
siempre reivindicó la lengua de Cervantes. De padre y abuelo catalán,
su madre provenía de la Rioja: «Escribo en castellano porque mi madre
nos hablaba en castellano y la madre siempre influye más en la
educación. Es el idioma que pienso», proclamaba. Académica y premio Cervantes de las Letras, la Matute nunca militó en el feminismo literario.
Creía en las mujeres escritoras, pero no en la literatura femenina como
género diferenciado, porque tampoco creía en la literatura masculina. A
los dictados del márketing editorial oponía una palabra galega
«¡Judiose!». La Matute. Siempre la Matute.
(Tomado del periódico ABC.es)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Publicaciones destacadas:
Julio Cortázar en la literatura dominicana
El primer libro que compré y leí de Julio Cortázar fue “ Las armas secretas”, que contiene los cuentos “Las babas del diablo”, que no gu...
Máximo Vega
Publicaciones populares:
-
Debido a la cantidad de personas que entran a este blog buscando nombres de cuentistas dominicanos, aquí les doy una lista muy injusta de ...
-
LOS BENJAMINITAS: Aquí se cuenta la historia de la guerra contra una de las tribus de Israel (ese pueblo viejo con una voluntad inexpli...
-
(también visitar: lista de cuentistas dominicanos ) Para empezar, vamos a compartir con ustedes uno de los conceptos, uno de t...
-
LOS CARIBES: Los indios Caribes –aunque, por supuesto, ellos mismos no estaban conscientes de su condición de “indios” –habitaban las islas...
-
Vivir sin Patria, es lo mismo que vivir sin Honor. Nunca me fue tan necesario como hoy el tener salud, corazón y juicio; hoy que hombr...
-
Yunier Riquenes García. E ra un viejo que pescaba solo en las aguas tranquilas de la presa. No tenía bote ni tampoco el mar azul in...
-
Es sumamente difícil, prácticamente imposible, entregar un listado de las diez mejores novelas latinoamericanas de todos los tiempos. Es má...
-
En el libro “Cuentos Inolvidables Según Julio Cortázar¨ , una recopilación de algunos de los cuentos que influenciaron la obra del escritor ...
-
Amazon.com Widgets Pueblo guerrero que en el siglo XIII se estableció en la meseta del Anáhuac. Fundaron una ciudad enorme a la cual llam...
-
Palabras leídas en la puesta en circulación en Santiago del libro "El Violín de la Adúltera" , de Andrés L. Mateo. El Violín d...











