Hugo Chávez
Tenemos que darnos cuenta de que Latinoamérica ha cambiado. Que precisamente cuando han llegado tantos gobiernos progresistas a Latinoamérica es cuando se ha disminuido la pobreza, la región se encuentra más estable económicamente, la gente se encuentra más feliz con los gobiernos que tiene, que siente que por lo menos representan al pueblo. En Europa encuentran desfasado, antiguo, el término "imperialismo", pero en Latinoamérica es una palabra imprescindible, porque después de haber sido colonizados por 400 años por España, Portugal, Inglaterra, Holanda, etc., nos vimos sometidos al poderío de los Estados Unidos. La República Dominicana fue invadida dos veces por los Estados Unidos en el s. XX. Las dos veces que los norteamericanos invadieron el país, al partir dejaron en el poder, o dejaron las condiciones necesarias para que se instalara en el poder, un dictador. Entonces, precisamente ahora que Estados Unidos ha dejado a su suerte la región porque tiene sus propios problemas con el petróleo y con el Medio Oriente, Latinoamérica progresa, disminuye la pobreza. A través de todos estos gobiernos que en otros lugares llaman "autoritarios", pero que realmente son enérgicos en una región en la que hay que ser enérgico para acabar con una serie de problemas que tienen siglos. Lula, Evo Morales, Correa, Nicaragua, El Salvador, Uruguay, Paraguay, Argentina, Perú, etc., etc., pero sobre todo Venezuela. No se puede entender el cambio latinoamericano hacia la izquierda sin la presencia de Chávez. La confrontación con los Estados Unidos, sobre todo con el presidente Busch hijo, y la erradicación de la pobreza. Chávez murió a destiempo, no debió morir ahora. Trataron de derrocarlo, de asesinarlo, de desacreditarlo, y no fue posible. En Venezuela había una fila de seis kilómetros de distancia para ver su cuerpo en el ataúd. Algún tipo de bien debió haber hecho un presidente al cual su pueblo le tributa un homenaje de esa magnitud.
CLAUDIO PACHECO-LAS LILAS PARIDAS DEL DESEO
La
exposición pictórica de Claudio Pacheco se encuentra basada en los poemas del
libro “Canto del Aeropuerto”, de Luis José Rodríguez. Los cuadros,
deconstructores de la figura femenina, al
mismo tiempo (y quizás, por supuesto, debido a esto) son sumamente
eróticos, advirtiéndose en ellos imágenes de intensa femineidad, como los
senos, por ejemplo, símbolos también de
fertilidad; algunos labios como
flores (las lilas del libro, o jacintos de agua…), etc. “Las Lilas paridas del Deseo” se refieren,
precisamente, a esa fertilidad de la que se nos habla en el poema “Canto del
Aeropuerto”, o a los jacintos del “postránsito” del libro, que contiene tres
poemas finales, transformados en eroticidad por la mirada masculina de un
artista plástico que al mismo tiempo es un gran trabajador del arte, como lo es
Claudio Pacheco. El Centro de la Cultura de Santiago se siente altamente
complacido de acoger en la Sala Yoryi Morel esta doble exposición,
correspondiente a las pinturas del artista plástica, y a las palabras del
poeta.
Juan
Pablo Duarte
Nace el 26 de enero de 1813, en el seno de una familia humilde. Su padre un comerciante español, su madre una mujer amorosa de carácter
apacible nacida en Villa de Santa Cruz, El Seibo. Hoy, a doscientos años de su nacimiento notamos que el
pensamiento Duartiano se ha diluido, esta negación que empezó desde el
nacimiento de la llamada República Dominicana, porque nosotros, dominicanos, desterramos de esta tierra en
más de una ocasión a quien ideara nuestro concepto de independencia.
Duarte fue un visionario, gestó nuestra nación bajo el lema de: Dios, Patria y
Libertad, afirmando con esto
nuestra fe cristiana, nuestro amor a la tierra que nos vio nacer y nuestro
derecho a ser libres.
Al momento de acontecer lo que los historiadores han
llamado la Independencia Efímera, de José Núñez de Cáceres, Duarte sólo contaba
con ocho años de edad, de algún
modo este deseo de emancipación echó raíces en su mente y en su corazón.
A la edad de quince años, fue enviado a Inglaterra
para completar sus estudios, luego fue a Francia y más tarde a España. Los cambios que en aquella época
se produjeron en Alemania y Francia, y los grandes acontecimientos acaecidos en España, contribuyeron a crear el ideario político
de Duarte, el derecho a su pueblo
de ser libre e independiente.
El escritor Máximo Vega, en El libro de los últimos días, sostiene que Duarte fue un hombre de una sola idea: La
Patria. Duarte en septiembre
de 1843 en su primer exilio dice: “Mi
pensamiento, mi alma, yo todo, no
me pertenecía: mi carísima Patria absorbía mi mente, llenaba mi corazón y sólo viviría por ella”.
En el libro Vicisitudes de Juan Pablo Duarte el escritor Juan Daniel Balcácer señala
que Duarte “Profesó una doctrina política fundamentada en el sistema democrático…” Parafraseando aquel poema de Jorge Luis
Borges que dice: “¿De qué puede servirme que aquel hombre / sufriera, si yo
sufro ahora?, el historiador, Balcácer escribe: ¿De qué ha servido que Duarte
sufriera por nosotros, / si los dominicanos también sufrimos ahora?
Aunque Juan Pablo Duarte fue proclamado Presidente de
la República por el Cibao, no aceptó tal distinción porque entendía que quien
gobernara la nóvel Nación debía ser escogido por medio de elecciones
libres.
Qué tanto sabemos de la vida y obra del prócer que ideó
nuestra independencia. En el año
1981, el presidente Antonio Guzmán
Fernández, promulgó la ley
370-81, la cual en su artículo
primero estipula que es “obligatoria la enseñanza y divulgación de la vida y
obra del Patriota Juan Pablo Duarte,
tanto en las escuelas públicas como colegios y escuelas privadas, a fin
de que sea medular el conocimiento de nuestro gran valor histórico político”. Esta ley, me imagino, va más allá de que nuestros estudiantes lean en voz alta una
biografía resumida, en los días próximos
a celebrar su natalicio. El
escritor Máximo Vega considera inapropiado que el estudio de la vida y obra del
arquitecto de nuestra independencia se haga de manera obligatoria. Piensa, que esto debe ser un acto voluntario,
natural. Aún estando de
acuerdo con lo que él plantea lo cierto es que la realidad dominicana es otra.
La mayoría de los dominicanos no
están interesados en conocer sus raíces.
Una encuesta realizada en el 1994,
sobre “Quién es la persona más admirada en el país” arrojó
el siguiente resultado: un 36% dijo admirar a un familiar (especialmente la
madre), un 22% al Dr. Joaquín Balaguer,
sólo un 5% dijo admirar a Juan Pablo Duarte.
Aunque su vida está revestida de una ligera niebla es
nuestro deber, como dominicanos, sacar a la luz todo aquello que él representa. Juan Pablo Duarte era Poeta, aunque su producción
literaria no es muy amplia su poesía nos deja impregnados de nostalgia,
sufrimiento, anhelos y desafíos.
“Pasaron
los días
de
paz y amistad
de
amor y esperanza,
de
fina lealtad.
Las
glorias pasaron,
la
gala y primor…
Quedaron
recuerdos
de
amargo sabor.
Algunos de los fragmentos de sus cartas se han
convertido en verdaderas piezas de divulgación de su pensamiento: “…sed justos
lo primero, si queréis ser felices”.
Era políglota,
hablaba inglés, francés, alemán y portugués, además de enseñar estos
idiomas tradujo algunas obras al español.
Perteneció a la Logia masónica Constante Unión donde
se presume que alcanzó el grado 30 o consejo Kadosh. En la minuta del 24 de junio de 1843 Duarte aparece con el
cargo de “Arquitecto”.
Se entiende que sus principios masónicos fueron determinantes para la
creación de la sociedad secreta La Trinitaria. Esta, constituida originalmente por nueve miembros divididos
en tres grupos iguales tenían un
sistema de comunicación por medio de toques, que significaban: confianza,
sospecha, afirmación, negación.
Además guardaban por medio de un alfabeto criptológico todo lo que
convenía mantener en secreto.
Los nueve miembros firmaron con sangre de sus venas el Juramento
Trinitario.
Sin embargo, los sacrificios hechos por este gran
hombre, luego de consumada la
separación definitiva de Haití tuvieron como premio el exilio. Al parecer
nuestros próceres están condenados al ostracismo o la muerte. Aún así cuando Duarte entendió
que se había socavado la soberanía nacional, volvió a su patria poniendo al orden, en contra de la anexión
a España, su pensamiento y su espada.
Dispuesto a luchar y morir si fuera necesario.
A doscientos años del natalicio del arquitecto de
nuestra independencia, debemos
reflexionar sobre su legado.
El ideal de una Patria libre y soberana. Recordemos sus palabras: “Aprovechemos el tiempo”, “Trabajemos por y para la patria...”
Si nos olvidamos de su ideal, entonces sí podemos
decir que su sacrificio fue en vano. De nada valió su lucha, ni su exilio, ni su muerte…
Hagamos el compromiso de que las nuevas generaciones
conozcan y valoren la vida y obra de ese gran hombre a quien con orgullo, todos
y cada uno de los dominicanos debemos llamar: JUAN PABLO DUARTE, PADRE DE LA PATRIA.
Muchas gracias!
Sandra Tavárez
21 de enero, 2013
PENSAMIENTOS DUARTIANOS
Nunca me fue tan necesario como
hoy el tener salud, corazón y juicio; hoy que hombres sin juicio y sin corazón
conspiran contra la salud de la Patria.
Por la Cruz, por la Patria y su
gloria denodados al campo marchemos: si nos niega el laurel la victoria, del
martirio la palma alcancemos.
Trabajemos por y para la patria,
que es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos.
Hay palabras que por las ideas
que revelan llaman nuestra atención y atraen nuestras simpatías hacia los seres
que las pronuncian.
Dios ha de concederme bastante
fortaleza para no descender a la tumba sin dejar a mi Patria libre,
independiente y triunfante.
Toda ley supone una autoridad de
donde emana, y la causa eficiente y radical de ésta es, por derecho inherente,
esencial al pueblo e imprescriptible de su soberanía.
La Nación está obligada a
conservar y proteger por medio de leyes sabias y justas la libertad personal,
civil e individual así como la propiedad y demás derechos legítimos de todos
los individuos que la componen.
Toda autoridad no constituida
con arreglo a la ley es ilegítima, y por tanto, no tiene derecho alguno a
gobernar ni se está en la obligación de obedecerla.
El Gobierno debe mostrarse justo y enérgico...O no tendremos Patria y por consiguiente ni libertad ni
independencia nacional.
Nuestra Patria ha de ser libre e
independiente de toda Potencia extranjera o se hunde la isla.
La política no es una
especulación; es la Ciencia más pura y la más digna, después de la Filosofía,
de ocupar las inteligencias nobles.
JUAN PABLO DUARTE (a propósito deL Bicentenario de su Nacimiento)
Juan Pablo Duarte nació el 26 de enero de 1813. Lo que signi-
fica que en la fecha de la independencia de la República Dominica-
na, el 27 de febrero de 1844, tenía sólo 31 años. Y que era más
joven al fundar, en 1838, la sociedad secreta La Trinitaria, y mucho
más joven al planear la liberación de la patria. En las pinturas, en las
litografías, en las reproducciones de su figura, vemos a un hombre
maduro, casi anciano. Como debería ser un Padre, pero no se co-
rresponde de ninguna manera con el joven enérgico que liberó nues-
tra nación.
Duarte era, en esencia, un santo, en el sentido cristiano de la
palabra. Su figura idealista solamente puede ser comparada con la
de José Martí. Pero Martí fue un gran escritor y amaba a toda la
humanidad, mientras que Duarte fue un hombre de una sola idea,
su pensamiento es monótono. Sólo le interesaba una cosa: la patria.
Cuando manos oscuras se apoderaron de la independencia, y el pa-
tricio fue exiliado, empezó a morir lentamente. La muerte de Martí
fue rápida e ilógica, heroica e inútil; como a Moisés, que es una
figura histórica y un símbolo, a Duarte no le fue dado el presenciar
la tierra prometida. Desde Venezuela, nuestro arquitecto agonizaba
al saber en lo que se convertía poco a poco su legado.
Como nos dice Sergio Ramírez, quizás pensando en su Nicara-
gua y en su Centroamérica: “El héroe libertador que atraviesa las
cordilleras cumple las hazañas más intrépidas y traspasa los límites
de la historia real para entrar en el territorio de la ficción. Su pasión
es crear un Nuevo Mundo, la utopía (...) son héroes de novela y
terminan generalmente derrotados, olvidados, en el exilio, en gale-
ras o frente al paredón de fusilamiento”, aunque en la historia de
Latinoamérica nunca ha habido cabida para Duarte, un héroe idea-
lista que buscó la independencia frente a un pueblo vecino, un pue-
blo sometido que de pronto tuvo ínfulas imperiales (empezando con
toda la parafernalia ridícula de Christophe, con su corte de negros
con levitas y pelucas, imitadores desastrados de los reyes y empera-
dores europeos), lo que convierte nuestra historia en única, desmiti-
ficada y desangelada.
Duarte fue vencido por la guerra y los generales, por los pragmá-
ticos y los traidores. Se apoderaron de inmediato de la República, ni
siquiera intentaron construir un remedo del ideal del arquitecto. La
abstracción duartiana de una patria libre, justa, protectora y orde-
nada es sólo un ideal, por supuesto, que se dice fácil, que se ha con-
vertido incluso en un cliché político. Pero todo intento redentor,
revolucionario o democrático, de alcanzar esa perfección, ha fraca-
sado. La derrota de Luperón por Lilís, Trujillo y sus 30 años de dic-
tadura, Juan Bosch y el golpe de estado, la revolución del 65, la
invasión norteamericana y el posterior ascenso al poder de Joaquín
Balaguer, Salvador Jorge Blanco que nunca entendió que le corres-
pondía realizar el tránsito definitivo del país al orden y la moderni-
dad. La patria posible prefigurada por el patricio ha fracasado. Juan
Pablo Duarte, discreto y humilde, alejado, debido a su personali-
dad, de los egos desmedidos del poder, no pudo convencer a su
pueblo de que lo necesitaba a él.
Pero es que el pueblo no quiere a alguien así. Bosch no conven-
ció a nadie de su necesidad luego del golpe de estado, ni siquiera
José Francisco Peña Gómez, quien no dejó un pensamiento, aunque
sí, por lo menos, una vida decorosa y una praxis limpia.
No somos herederos de Duarte, ni de Bosch, ni
No somos herederos de Duarte, ni de Bosch, ni
siquiera de Peña Gómez. Somos herederos de la otra cara del poder,
de Santana, de Báez y de Lilís. Todas nuestras autopistas, todos nues-
tros aeropuertos, todas nuestras calles y nuestras monedas tendrán
un solo nombre: Joaquín Balaguer. No hay nada más triste que no
saber hacia dónde se va. Pero aún la esperanza es posible: cuando lo
que quiere el pueblo se corresponda con lo que quieren los gober-
nantes, habremos alcanzado un proyecto de nación.
¿Qué hubiese pasado si Duarte hubiese sido presidente de la
República? Tal vez hubiera hecho el peor gobierno de toda la histo-
ria del país, pero yo, un pobre escritor, un pobre dominicano (o un
dominicano pobre), hubiese aceptado su presidencia con una gran
alegría. La hubiese defendido con uñas y dientes, 163 años después.
Pero claro, vivo siempre como en medio de un sueño. Vivo en la
Ciudad del Aire, como Franklin Mieses Burgos. Soy un idealista, no
un pragmático, y los ideales insensatos han muerto. Juan Pablo Duar-
te, la independencia nacional de 1844, no son más que la represen-
tación de aquello que pudimos ser, pero que jamás seremos.
(tomado de El Libro de los Ultimos Días, de Máximo Vega)
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